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Dibujo: Israel Echeverría López

Editorial

Una obra artística publicada es multidimensional, puesto que se inserta en un espacio-tiempo e involucra memoria, tanto del artista como del espectador. La obra escultórica Sincretismo de Ismael Vargas, instalada en Guadalajara, no puede, por tanto, valorarse desde una sola postura, mucho menos desde alguna tan particular como la fe o alguna tan ajena como los cánones religiosos.

Dicha escultura, síntesis de lo indígena (Tonantzin) y lo español (virgen María de Guadalupe) trae a la memoria del presente una tradición de casi medio siglo de vigencia, según los datos hispánicos.

Hay que recordar que gracias a los cuatro «evangelistas marianos»: Miguel Sánchez (1648), Lasso de la Vega (Nican mopohua…, 1649), Becerra Tanco (1675) y Francisco de Florencia (1688), la imagen de la virgen María de Guadalupe adquirió de a poco una carga simbólica para los mexicanos: una identidad propia, que culminó en aquella frase mal atribuida al papa Benedicto XIV: non fecit taliter omni nationi (no hizo tal cosa con ninguna otra nación).

Por supuesto, la obra de Vargas va mucho más allá de la historia y de la tradición, más allá de la estética y el arte per se: dialoga con el medio. No deberíamos, no obstante, atascarnos en conflictos vanos, sino dialogar, sintetizar, crear algo nuevo mediante mezclas: sincretismo.

Contenido

Fotografía

Guachinango, Jalisco, de Jesús Palomera Ángel

Pintura

Israel Echeverría López

Política

«Biopolítica y subjetividad como categorías analíticas en las sociedades contemporáneas» de Juan Alfonso Cruz Vázquez

Literatura

«Borrador de un poema personal» de Erik Borruel Rodríguez

«La transformación de la tía María Luisa y otros hechos asombrosos» de Guadalupe Meza Servín

Poemas de Cristina Meza

«Los hermosos ausentes» de Aleqs Garrigóz

Reseña

«Que ruede la bola» de María de Jesús Mora Delgado