Venía del polvo

Antonio Ramírez Córdova 

Sentía muy bien que la muerte rondaba sus espaldas y no sabía nada de lo que sucedería en la próxima hora. Entonces decidió salir a la calle y abrazar como a nadie al primer transeúnte que se topase, aunque lo tomara por loco. 

Sabía que venía del polvo y que se convertiría en polvo con el paso del tiempo. Que bien valía la pena apurar un trago de buen vino, oyendo música en el cafetín de la esquina antes de que se disipara el deseo de brindar por la vida, que se le había escapado en sueños la noche anterior. 

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