Gran caos

Rusvelt Nivia Castellanos 

El barrio se halla grisáceo. Los moradores allá habitan como sonámbulos; juntos suelen inclinarse mucho hacia la decrepitud. Erran ellos en medio de bloques de cemento. La quietud del día los envuelve en sopor, así que se entregan a la inanición descarada y pasa una brisa de hojas secas como si nada. 

Las casas iguales perduran desvencijadas casi en su totalidad con las ventanas rotas. En sus adentros los jóvenes existen mareados. 

Para decepción las familias son dispares: los introvertidos cogen hacia el encierro, las madres eligen la sala para ver repeticiones. 

Esta comunidad cada tanto tropieza, desviada se enreda en sus propias telarañas quedando varada por lo mucho que ignora. Disminuida, a rastras lleva virus a su gente. Es el querer estar siempre anémicos y lo peor viene a ser que esto corrompe hasta el pánico, tanto que llegamos a reproducirnos con liviandad para caer después en la muerte. 

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