Anita lava la tina

Salvador Montediablo 

La frase «Anita lava la tina» se puede decir al derecho y al revés, al revés y al derecho. La historia también puede ser contada al revés y al derecho, al derecho y al revés. 

Anita lava la tina con empeño y devoción, pero la tina en sí no quería ser lavada por Anita; Anita al ver la negación y el repudio de la tina hacia ella, la lavó con más coraje, pero la tina se negaba rotundamente. 

 Anita lavaba la tina, empeñadamente, con agua y jabón, raspando con fibra de metal el picado peltre de la tina, que lloraba ahora resignada al ser lavada cruelmente por la sádica Anita, quien cada vez con más furia la tallaba. 

 Anita satisfecha de su trabajo dejó secando a la brillante y maltrecha de la tina junto con los demás trastes tan martirizados por el uso diario. Anita inconsciente de la hora se fue a la cama, pues la hora de dormir había llegado. 

 Al despertar, Anita fue por la tina para hervir la comida del día. Qué sorpresa se llevó Anita al no encontrar la tina por ninguna parte de la casa. La buscó y la buscó durante horas sin éxito alguno. Después de una enfatizada exploración, se cansó y se fue a dormir. 

 Anita, al no lavar la tina ni poder usarla, despertó triste y acongojada; al espabilarse, se encontró a sí misma atada por cuerdas sobre una silla de madera: Anita ahora veía a la tina de lejos. 

 La tina se postraba en una ventana abierta a la luz del amanecer. En ese momento, Anita vio acercarse a un hombre con vestiduras negras y sucias, con la cara llena de mugre y un bigote blanco. Él mostraba un desorden similar al de las hormonas de un púber descubriendo la adolescencia. Él se acercaba lentamente a Anita con una esponja de púas bañada en jabón. Con cariño y dureza, Anita fue tallada y rasgada por las callosas manos del hombre que disfrutaba lavarla. Los rasguños ahora ponían la situación en un rojo vivo: rasgaba sus ropas, empezaba a escurrirle una rojiza agua con jabón por la punta de los pies de Anita. Al ver que Anita en vez de brillar de limpia se ensuciaba más por aquella sangre, el hombre sacó una esponja con vinagre y se puso a terminar su obra de limpieza. Anita lloraba y gritaba a cielo abierto, pero el hombre parecía no tener orejas, pues nunca escuchó a la pobre de Anita que era lavada. 

Anita se desmayó. Su cabeza inerte y su cuerpo dócil y desguanzado cayeron al ser desamarrada. El hombre puso a la inerte y desangrada Anita a secar junto con sus familiares. 

La tina, al haber sido parte de la frase y de la historia, comprende ahora que «Anita lava la tina» se puede decir al derecho y al revés, al revés y al derecho; y la historia también puede ser contada al revés y al derecho, al derecho y al revés. 

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