Pánico por Chiclayo

Gonzalo del Rosario 

Transparente entre las aguas que discurren por las cañerías de tu casa, se esparce en la piel al abrir la ducha, y lo sientes viscoso, como si fuera el champú sobre tus cabellos o el bálsamo con el que lavas tu cuerpo. Quienes se dieron cuenta (a tiempo) sintieron despellejarse y notaron la rapidez con que la rejilla de sus bañeras era taponeada por los restos de su carne viva confundiéndose entre la sangre y el jabón.  

Solo ahí reparaban en el ardor que les corroía la piel, como un aceite ácido que el agua no conseguía liberar; más bien acrecentaba su dolor entre gritos de alerta a los familiares. La mayoría de las víctimas, encerradas con el seguro de la puerta de baño, a duras penas consiguieron escuchar los golpes exigiéndoles que abrieran, preguntando qué sucedía, por qué tantos gritos. No respondían. Al quedar paralizados con esa quemazón que, o los mató del golpe al resbalarse en su desesperación o cuando intentaban secarse con la toalla, desgarraba más la piel hasta dejarla en carne viva —como una serpiente que muestra el verdadero color rojo sabor a muerte de sus músculos infectados—.  

Los casos reportados en las últimas dos semanas sobrepasan los trescientos. De esas víctimas, solo alrededor de treinta se han «salvado». Se escribe entre comillas porque ellas han perdido toda la piel y su cabello; además, se han presentado casos de ceguera, producto del ardor que invadía sus ojos y que debido a la frotación exagerada solo consiguieron empeorar. 

Tras lo ocurrido, el presidente de la república ha declarado cuarentena en Chiclayo y en toda la provincia de Lambayeque. Sin embargo, ciudades cercanas como Trujillo, Piura y Cajamarca, también han sido consideradas en estado de alerta y sus pobladores están huyendo en masa hacia la capital. Obviamente, a estas alturas son pocas las personas en todo el país, pero en especial en la costa norte, quienes no se han vuelto a bañar; mucho menos se han atrevido a abrir grifo alguno. Tampoco se sientan en los váteres para sus deposiciones, ya que se reportaron casos mucho más extremos de estas «medusas o amebas de desagüe», las cuales se introducen vía rectal o vaginal mientras las víctimas se ocupan.  

«Sentí como que un gusano pegajoso, largo, se metía muy rápido en mi vagina y cuando me levanté, empezó a arderme fuerte, pero yo no veía nada más que humedad alrededor de mi vulva… en mi desesperación, introduje mis dedos para intentar sacarlo porque lo sentía penetrar cada vez más profundo y no había nada, solo sentía el ardor, mucho ardor, como si me encendieran fósforos por dentro, o me cortaran con navajas, y no paré de gritar. Allí ingresó mi padre al baño y me vio con la regadera de la ducha con la que intentaba aliviarme. Le grité llorando que por favor llamara a una ambulancia, que no podía más con la quemazón, me estaba muriendo por dentro. «¡Ayúdame papá!», le gritaba, entonces me desmayé y no recuerdo nada más». Informó una de las pocas víctimas que accedió a contarnos su caso, la adolescente de iniciales Y.I.S.P.P., quien esta mañana falleció de la manera más dolorosa, tras habérsele propagado por la sangre «la ameba maldita», como han comenzado a llamar vulgarmente a esta ácida viscosidad de las cañerías. 

Quizá la evidencia más triste y difundida, la misma que ha despertado indignación y solidaridad a nivel mundial sea el video viral (ahora vetado) donde aparece una docena de niños de entre ocho y diez años convulsionando, tosiendo y escupiendo sangre y asfixiándose en una losa deportiva del distrito de José Leonardo Ortiz. Estaban asustados y clamando por sus padres tras diez minutos de haber ingerido agua de una manguera que regaba la grama en aquel parque. 

Hasta el momento se desconoce el nombre de la extraña bacteria que está atacando el agua de estas ciudades. Científicos norteamericanos, cubanos y de la OMS llegarán esta noche para estudiar el fenómeno. Por lo pronto, solo nos queda aconsejarle: no bañarse, ni sentarse en inodoros, mucho menos abrir los caños para no contaminarse; al limpiar el inodoro con ácido muriático, poco se puede hacer, como ya comprobaron nuevas víctimas. 

La ayuda en botellas de agua envasada y medicinas está llegando desde el extranjero debido a la desconfianza hasta en nuestros propios productos. No obstante, recomendamos que revise a contraluz cualquier tipo de agua antes de ingerirla: si observa un exceso de brillo, deberá «tomar» sus precauciones. El verbo empleado nunca había sido más paradójico como ahora. 

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