Cosa pública

Vejez cuir: intergeneracionalidad y familia escogida

Georgina Montserrat Correa de la Cerda

Si hablamos de disidencia sexo-genérica, la noción de clóset siempre ha estado asociada con la familia. Cuando nuestros ancestros LGBTQ+ estuvieron «en el clóset», este solía ser el de sus parientes y en él convivían con esqueletos o trapos sucios. A medida que hemos salido de ahí para habitar la vida pública, que hemos reclamado nuestra identidad y nuestras necesidades específicas, hemos incentivado un necesario cambio de paradigma que, a la par con críticas feministas alrededor de los roles de cuidado y las relaciones de poder dentro del matrimonio, enfatiza la urgencia de cuestionar nociones normativas de parentesco. Se ha vuelto necesario, de manera general, inventar nuevas maneras de organizar nuestras relaciones afectivas y sexuales, así como nuestras redes de apoyo y de crianza. Debido a que muchas personas de la disidencia han sido expulsadas de sus familias de nacimiento, ha surgido entre nosotros la noción de la familia cuir o la familia escogida: esta ha servido, a lo largo de los años, como salvaguarda ante las violencias que nos atraviesan de diferentes maneras y en diferentes magnitudes. Sin embargo, el enorme beneficio que hemos obtenido de esta estructura no contrarresta la necesidad de, ocasionalmente, revisar sus mecanismos para ajustarlos y asegurarnos que no deje a nadie atrás. En realidad, la manera en que organizamos nuestras relaciones disidentes no cubre una necesidad que las familias normativas, aunque de una manera impositiva y poco ética, sí: la formación de una red de cuidados intergeneracional que pueda activarse cuando sus miembros lleguen a la tercera edad. Esta necesidad plantea una serie de complejidades que será difícil abordar; por eso, debemos afianzarnos de la capacidad creativa que nos ha traído a donde estamos ahora y a partir de ahí encontrar estrategias locales o particulares que puedan aglomerarse, como han hecho antes, en prácticas sociales cada vez menos discriminatorias.

¿Cómo se conforman hoy en día las familias escogidas? Respondo esta pregunta, debo admitir, con miedo a generalizar ante un grupo de esquemas no normativos que son variadísimos y difíciles de delimitar. Se puede decir que las familias escogidas consisten en grupos de personas que, sin importar que haya o no un vínculo de crianza o matrimonio, se reúnen para acompañarse, apoyarse, cohabitar o compartir determinadas responsabilidades afectivas.

De acuerdo con Brittany Harder, profesora de sociología de la Universidad de Tampa, las familias cuir se constituyen a partir de un «parentesco fictivo» que no es impuesto por las circunstancias,  sino reconocido y cultivado de manera libre, además conlleva un cuestionamiento de los esquemas heteronormados que asignan determinados roles a personas dentro de la familia (2016). Solemos pensar que estos grupos están compuestos por personas de edades similares; si introducimos el componente intergeneracional, suele ser para hablar de la crianza —por ejemplo, cuando buscamos la legalización de la adopción homoparental—.

Un ejemplo de lo anterior es que, en especial para los grupos más vulnerables como las personas trans, las expectativas de vida corta hacen poco probable que lleguemos a mayores. Sin embargo, a medida que se van haciendo logros respecto a nuestra calidad de vida, resulta cada vez más importante preguntarnos cómo se vive una vejez cuir.

La situación actual en México resulta descorazonadora. Se calcula que, de toda la población adulta mayor, 10% pertenece a la comunidad LGBTQ+ y atraviesa situaciones como el abandono social, la falta de atención médica y la carencia afectiva (Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores, 2019). La discriminación que han vivido a lo largo de su vida se cataliza en la vejez: la inestabilidad laboral les deja con menores ingresos en el retiro, el rechazo de sus familias normativas y el hecho de que no tengan descendencia les deja con redes de apoyo reducidas o inexistentes y el estrés de minoría les deja la salud más deteriorada (Suárez Rehaag & Bolaños Torres, 2019). Incluso quienes tuvieron una red de apoyo a lo largo de su vida pueden descubrir que sus vínculos envejecen a la par; de manera que su pequeña comunidad tiene cada vez más necesidades y menos personas que puedan cumplirlas.

Ante estas dificultades han surgido activismos como el de Samantha Flores, mujer trans de 88 años quien, a través de su asociación Laetus Vitae, fundó la Casa Vida Alegre para reunir y dar apoyo a personas adultas mayores.1 Este proyecto, localizado en la Ciudad de México, traza un modelo de acción ejemplar para afrontar necesidades inmediatas que haríamos bien en apoyar e imitar. Otra manera de afrontar la dificultad, que tendrá efecto sólo a largo plazo debido a que opera dentro de nuestras propias nociones interiorizadas de familia y parentesco, lo podemos encontrar en el cortometraje ficcional Encuentro, dirigido por Iván Löwenberg (2019).

La trama de esta película se urde en dos espacios domésticos diferentes: el de Lulú y Araceli, quienes han sido pareja por más de cuarenta años; y el de Julián, un joven que explora su propia identidad disidente en un entorno familiar opresivo. La muerte de Lulú pone a Araceli en una situación de vulnerabilidad terrible, ya que no hay reconocimiento legal a su parentesco: busca a la familia distanciada de la difunta, que resulta ser la de Julián, para poder concretar los trámites necesarios. La madre de Julián se interesa, pero para poder quedarse con las pertenencias de Lulú; al final, en un giro profundamente emotivo, Julián traiciona a su familia normativa para llevarle los papeles a Araceli y acompañarla en el funeral vacío de su pareja.

Las acciones de Julián, en este caso, nos ilustran la manera en que se pueden ir trazado familias cuir intergeneracionales: reconociendo y cultivando vínculos existentes, por más tenues que sean, en resistencia ante las barreras de prejuicio y conflicto que nos preceden. Estos vínculos deben ser forjados con cuidado, sin caer en actitudes asistencialistas y con respeto a la autonomía de las personas mayores. Como en todas las relaciones, habrá que partir de un respeto mutuo a los límites tanto ajenos como propios. El hecho de que el parentesco fictivo sea una respuesta ante esquemas opresivos no significa que deje de ser complicado, ya que están involucradas en él personas que, además, suelen cargar con traumas profundos. Podremos encontrar orientación en la ética del cuidado, 2 así como un modelo que no siempre es reconocido: los esquemas de parentesco en comunidades travesti. Estos grupos se suelen congregar alrededor de una «madre» que, a su vez, presta y recibe cuidado de sus «hijas» quienes, además, se cuidan entre sí.3 Ante la dificultad de crear espacios sin conflicto, estas familias optan por enfrentar los desacuerdos a través del reconocimiento del amor y otros sentires tanto propios como ajenos.

El planteamiento de esta columna no pasa de ser la aseveración de un problema y la propuesta, apenas bocetada, de una estrategia que aportaría a su solución. Las maneras en que construimos nuestras redes de apoyo desde la disidencia corren el riesgo de dejar detrás a las personas adultas mayores; por eso, es importante que expandamos nuestra concepción de parentesco fictivo hacia la intergeneracionalidad.  Una manera de empezar con esto es honrar los vínculos que ya tenemos, a pesar de una serie de dolores que, aun así, debemos respetar y reconocer. Para ello, es importante que miremos los ejemplos que ya tenemos, ya sea de activismo directo como el de Samantha Flores o de dinámicas éticas no normativas.

Referencias

Gilligan, C. (2011). Joining the resistance. Polity.

Harder, B. M. (2016). «Queer Families». En C. L. Shehan (Ed.), Encyclopedia of Family Studies (pp. 1-4). John Wiley & Sons, Inc. https://doi.org/10.1002/9781119085621.wbefs280

Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores. (2019). Diversidad sexual en personas adultas mayores. https://www.gob.mx/inapam/es/articulos/diversidad-sexual-en-personas-adultas-mayores?idiom=es

Löwenberg, I. (2019). Encuentro [Cortometraje]. Diáspora.

Morales, C. (2020). La felicidad en la que vivo [Cortometraje].

Sosa Villada, C. (2019). Las malas. Tusquets.

Suárez Rehaag, D., & Bolaños Torres, D. (2019). Personas mayores lesbianas, gais, bisexuales y transgénero (LGBT): Derechos humanos y bienestar socioeconómico olvidados. Boletín Envejecimiento y Desarrollo, 17. https://www.cepal.org/es/notas/personas-mayores-lesbianas-gais-bisexuales-transgenero-lgbt-derechos-humanos-bienestar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s