Otra vez el racconto

Edward Álvarez Yucra

Poetas de hoy, poetas de ayer; si buscamos razones para escribir, podríamos toparnos con un verso de J. M. Pacheco: «Escribo y eso es todo». Los poemas no se resignan a ver la luz, mas ponen en duda al poeta de mañana. Presenciar tanto madurez como memoria de una obra en un tiempo insoluble, parecería un acto de fe, por no decir un riesgo anecdótico. Sin embargo, el lenguaje nunca alcanza en toda era, en toda latitud. Bécquer lo sabía, no habrá poesía sin humanidad; quiero decir, finitud. Recurrir a las letras se convierte en un combate con lo efímero, la acción inconforme de un alma inquieta y poetizar, hoy en día, lo es más aún.

La ópera prima de Valeria Román Marroquín, Feelback (2016), regresa a escena con nuevos poemas, pero esta vez en el sello de Paracaídas Editores. El desasosiego de crecer, la imprecación de los recuerdos y las sensaciones familiares son parte de un recuento insondable, una intimidad que va de desdoblamiento a desdoblamiento. Advierto la carencia del matiz confesional, al menos explícito, como demostró Anne Sexton. Prefiero usar el rótulo de la poesía conversacional en su veta norteamericana, así como el de poesía ensayística, sugerido por Mario Montalbetti. De cualquier forma, el libro penetra con delicadeza en los trances de la adolescencia, su linealidad léxica no es más que una puerta al dramatismo.

«Como si fuera tierra / devoro primero / todos los animales que he sido / para comenzar a ver mi cara / limpia» (p. 8). Principia el entramado, casi in memoriam de Blanca Varela tras remitirse a la faceta animal del ser, pero sumido en la confusión avasallante de querer salir de uno mismo, sin plena confianza en las versiones del reflejo. La desnudez ontológica —si vale el término— se escabulle asustada, no sin antes apartar uno de los descontentos del presente, la reacción mecánica de los demás: «…así buscan en google: / cómo ser feliz en diez pasos… cómo bajar de peso en tres segundos / cómo bajar de peso llorando / cómo bajar de peso sin moverme / cómo no moverme» (p. 12). Banalizar lo indescriptible es causa de una consciencia utilitaria; la inmediatez, lo artificial responden a necesidades complejas. Hastiados de facilidad, vivimos un sonambulismo de monotonía.

Irrumpir en estos excesos despierta el desencanto: «por qué no escribes otra cosa que no sean canciones de amor… por qué no escribes sobre la sal sobre la herida / sobre la herida que tengo, la herida que me hiciste / sobre algo que no duela» (p. 16). Sanar no significa escapar a un idilio, sino admitir que hasta las cosas pequeñas están hechas de amor. La conmoción agridulce de cada nimiedad sólo nos acerca a lo real; tal vez nuestra propia versión de lo real: «por qué no escribes sobre mí» (p. 16).

Cabe añadir, sin usar acepciones psicoanalíticas, el papel indispensable de la compañía materna, germen del segundo libro de Valeria Román Marroquín, Matrioska (2018). La herencia familiar no pretende clonar la madre en la hija ni mucho menos librarla de desperfectos, sino orientarla sin negarle su origen ni su propia autenticidad. Así es como ambas actúan en la cocina: «me dice que los miedos no se crean ni se destruyen / se transforman / se heredan / hierven a fuego lento / y sabe que me ha enseñado bien / aunque yo no lo sienta así…» (p. 20). Los legados no se siguen sensu stricto, únicamente forman parte de cada individuo.

«Bonus track», la nueva sección del libro, suma cuatro poemas al conjunto. No obstante, considero resaltable la definición de lo indefinible en la fémina, por sobre los demás temas: «… la peor desgracia cuando se es mujer / une femme / a woman / a wound-man / es, en el fondo, no comprender que lo es» (p. 43). Las palabras se desfiguran, el idioma se desfigura, pero no más que la misma hembra. Ella es dicha por el lenguaje. Distorsiones posadolescencia, poscoito, poslecturas, plasman lo inconmensurable; ni Freud ni Kierkegaard pueden aliviar la confusión. Esto no debe sorprendernos: cuando la filosofía no puede interpretar la realidad, se hace poesía. De ahí mana la tendencia ensayística a lo largo del prosaico poemario.

La autora cuenta con más detalles los desequilibrios del pasado. Feelback, sutil y tenue, transcurre en una intimidad frágil, no muy diferente al sujeto que ubicó Gilles Lipovetsky en la sociedad hipermoderna. Valeria Román, no indiferente a este hábitat, recoge tanto sentidos como sinsentidos para otorgarnos unas líneas agramaticales, cristalinas, un tanto discordes al estilo rebelde e iconoclasta de las poetas peruanas surgidas en el 70 a partir de María Emilia Cornejo.

No es descabellado rescatar sus versos en la poesía contemporánea y, muy probablemente, en la posterior época. El tiempo lo dirá, después de todo, ella lo dijo: «he dejado de hablar sobre las cosas que perdemos / ahora solamente escribo» (p. 33).

Edward Álvarez Yucra es bachiller en Literatura y lingüística por la Universidad Nacional de San Agustín. Obtuvo el primer lugar en los Juegos Florales de la misma universidad en la categoría de ensayo (2018). Ha participado como ponente en diversos eventos académicos tanto a nivel nacional como internacional.

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