Kilómetro 88

Vuelco la llaga en el verso: reseña del poemario Elemental en la praxis de Diego Abreu

Verónica Vidal

La editorial independiente La Casa Andrógina ha publicado el poemario Elemental en la praxis, del poeta, músico y artista venezolano Diego Abreu, quien ha construido con su discurso una atmósfera de símbolos sombríos y recovecos del pasado, desprendidos como apéndices a partir de los rostros de la familia, de la muerte y el implacable ciclo creación-silencio-creación que flagela al poeta, lo deforma y, al final, lo convierte en alma.

La poesía de Abreu ha encontrado sustrato y sustento en la expresión plástica, a través de la técnica del collage; su indiscutible capacidad para visualizar estados de la conciencia y sensaciones implícitas en las obras literarias que ilustra, le ha permitido colaborar con la revista Poesía de la Universidad de Carabobo (Venezuela) y el sello editorial Awen, de Ediciones Palíndromus. Además de ello, su poemario Con todos los espejos batiéndose se encuentra en proceso de publicación por el mencionado sello editorial.

En medio de un difícil tránsito de acontecimientos personales, Elemental en la praxis surge para cambiar el rumbo de los pensamientos, depurarse y redimensionar la semiótica que había acompañado su poesía hasta entonces. Las imágenes evocadoras del caos primigenio nos conmueven y alertan desde las primeras páginas: «ecuestre en llamas / todo fósil expulso bocanadas / de quien anhela ser pájaro / siendo potro» (p.7).

Encontramos un discurso exhausto de realidad, donde hace su aparición el símbolo central del poemario: el caballo, que se idealiza a sí mismo de pie frente a los estragos de la guerra, que conoce su núcleo en la antítesis del intimismo, que debería ser cómodo y sin fuego: «Al hombre de paja más grande jamás creado / —fui yo mismo el heno—»(p.12), y que es proyección del contexto: «Mármol caballo humeante / sorbo tristeza en mi linaje combustible» (p.8).

El trabajo literario de Abreu nos recuerda que el poeta es héroe y sombra de su propio viaje, y sólo la palabra puede calmar las aguas; o bien, mantener la tempestad para que el poema se manifieste, porque esa ha sido la voluntad de éste y es ajena a cualquier deseo del autor: «busco la fibra más ambigua en mi luto / y socavo su nombre como si no importara / mi instinto me dice que debo callarme / olvidar la pena / resistir» (p.27).

En diálogos con Abreu, él admite haber sobrevivido a este ciclo renovador del silencio y posterior reencuentro con los textos, donde evocar un sentimiento que ya se ha transfigurado en imagen no es un ejercicio sencillo y, en muchos casos, puede ser infructuoso. Martha Kornblith en su libro Oraciones para un dios ausente (1995), parece haber predicho este dilema y ofrece una declaración de independencia personal: «poema es momento presente, lo que me ocupa» (p.23).

Otro de los referentes que encontramos en el poemario, sin duda alguna, es Maurice Merleau-Ponty, quien a través de su obra El ojo y el espíritu (1964), le ha confiado las instrucciones del arte a Abreu, especialmente porque él sabe nutrirse de otras expresiones como la visual: «El pintor debe ser traspasado por el universo, no querer traspasarlo» (p.25).

Elemental en la praxis es la radiografía de la deconstrucción y el replanteamiento de la casa, el vórtice del conflicto que obliga a regresar en los pasos, entender el peso de los recuerdos y las persecuciones de la muerte de la expresión, esta última como motivo principal de la resistencia a través de la poesía, para trascender el momento y no colgar endeble como un péndulo hasta el final.

Sabemos que la poesía es refugio y confesión, no podemos mentirnos cuando la imagen y el dolor golpean al receptor, quien a la vez genera y transforma los estímulos. No podemos tendernos trampas en nuestra casa a mitad del parpadeo que nos revela las versiones de nuestro pasado y, quizás, nos permita visualizar un ápice del futuro en el procedimiento natural de una simple hoja de árbol. Abreu nos muestra el nicho, humeante y ya reconciliado con las llamas: «niños que fui / ansiosos de vivir / en el eco de los patios» (p.10).

Referencias

Abreu, Diego (2020). Elemental en la praxis. Maracaibo: Editorial La Casa Andrógina.

Kornblith, Martha (1995). Oraciones para un dios ausente. Caracas: Monte Ávila Editores.

Merleau-Ponty, Maurice (1964). El ojo y el espíritu. Barcelona: Paidós.

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