Vagando por las calles

México: educación y pandemia

Maleni Cervantes

Al principio de la pandemia escuché a varias personas decir que sería el momento ideal para tomar un descanso de la rutina y hacer las cosas que más nos gustaran. Algunos se atrevieron a afirmar que sería la oportunidad ideal para cambiar nuestros hábitos de lectura y aprendizaje. No obstante, ¿qué tan cierto ha sido?

En lo personal, pienso en las personas más cercanas a mí y en mi experiencia: he visto cómo la depresión, la ansiedad y la desesperación se apoderan de aquellos que eran constantes y firmes en sus propósitos. Personas que dedicaban todo su tiempo a estudiar y prepararse, a leer y trabajar en proyectos a largo plazo ahora no pasan de ser individuos frustrados quienes no pueden terminar de leer un libro por gusto.

Tuve la oportunidad de comparar la situación de la pandemia entre una ciudad y un pueblo. En la primera, pese a que no se cumplen con las normas estipuladas para controlar el Covid-19, se tiene un mayor respeto y al menos no hay tantos niños en la calle. Mientras que, en el pueblo, uno se puede topar con niños desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche, infantes que andan en grupitos corriendo por doquier.

En el primer caso no puedo afirmar si los niños aprovechan o no su tiempo para aprender. En el segundo, confirmo que en vez de cambiar los hábitos a una experiencia de aprendizaje y generación de hábitos de estudio, veo cómo la educación va en decadencia al desacostumbrar a los pequeños a cumplir con sus obligaciones como estudiantes, responsabilidad que recae en tres figuras principales: los niños como sujetos dispuestos a aprender, los padres como responsables de que los niños cumplan con los deberes básicos relacionados a su educación y, por último, el sector educativo que es deficiente por más que tratemos de decir lo contrario.

Sin embargo, sé que habrá posturas que me digan que no todo es negativo, que hay muchas maneras de reponer el tiempo perdido y aprovechar esta cuarentena para enriquecernos como personas y profesionales. Me dirán que hay un montón de cursos en línea que nos esperan, que hay talleres de lectura que pueden ir desde literatura de autosuperación a literatura japonesa, que hay tutorías privadas y que uno puede encargar libros o descargarlos para prepararse constantemente.

¿Pero realmente el pueblo mexicano tiene la oportunidad de acceder a este tipo de servicios?, ¿todos tenemos una computadora con internet o un celular con datos?, ¿la mayoría de nosotros posee estabilidad emocional para llevar a cabo estos proyectos?, ¿tenemos, como sociedad, el interés por superarnos y aprender un poco más?, ¿no es acaso una manera de evadir nuestra realidad como un pueblo que tiene gran parte de su sociedad sobreviviendo con sueldos mínimos?, ¿no es un mecanismo de defensa para ocultar que gran parte de nuestros niños y jóvenes no desean estudiar porque no ven nada productivo en esta actividad?

Hace poco me tocó escuchar el testimonio de un profesor de secundaria que comentaba que sus alumnos apenas tenían para comer, subsistir día con día, y que para cumplir con sus trabajos debían ir a los ciber-cafés a gastar el dinero que no poseían. Entonces, ¿por qué tratar de evadir los problemas actuales?, ¿por qué no buscar una manera de solucionar el problema desde la raíz sin afectar la educación del pueblo mexicano?

Si me preguntaran qué opino acerca del cambio de los hábitos relacionados con el aprendizaje y la lectura de los mexicanos en tiempo de pandemia, me atrevería a decir que sí hubo una evolución; recordando que evolucionar no se refiere exactamente a mejorar o avanzar, sino que simplemente se habla de la metamorfosis de las cosas en un tiempo dado. Los mexicanos evolucionamos directo a la decadencia educativa, donde no hay interés por aprender ni las circunstancias para hacerlo de una manera ideal.

Quizá sí hubo cambios pedagógicos en ciertos grupos sociales, donde sólo las personas con recursos económicos y salud emocional estable pudieron acceder a plataformas que los ayudaran a complementar lo aprendido; a lo mejor, sí se cambiaron los hábitos de lectura en los cuales ahora nos reunimos en zoom o meet en lugar de un café. Sin embargo, seamos realistas, el interés por la lectura y el aprendizaje siguen en el mismo punto de partida: se trata de una experiencia propia y un contexto social determinado. No porque algunos tienen el contexto de sobresalir en esta época, se debe de generalizar que esta etapa tuvo consecuencias productivas para nuestra sociedad.

Pero bueno, ¿quién soy yo para tener la verdad al respecto?, en todo caso, ¿ustedes cómo ven su experiencia en pandemia? ¿Todos vivimos en esa burbujita de mejoría académica? ¿O nos sentimos excluidos y sin formar parte de esa minoría privilegiada?

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