Humo

José Mariano Mata Rubio

Quisiera sacar de mi pecho toda la purria del humo que he tragado los últimos once años. Últimamente me nace un dolorcito que me tiene atento y, en ocasiones, notablemente preocupado. Se lo comenté a mi hermano Juan hace poco, después de que me naciera ese dolor estando acostado en la cama: una punzada incipiente que atacaba el lado izquierdo de mi pecho y que me impidió levantarme por unos minutos.

—Bueno, también todas las chingaderas que te has metido no son de a gratis —dijo y nos reímos los dos.

—Ojalá digas eso cuando esté postrado en una cama en el hospital, con la familia alrededor y conectado a un aparato. A ver si te da risa —le dije y volvimos a reír—. Vas a quedar como un pendejo. —El que ha sido los últimos años—. Es más —continué—, el día de mi funeral pones una piedra sobre mi féretro, a ver quién lo entiende. —Dimos la última risa, una de esas que ocultan un poquito de preocupación. Y nos fumamos un cigarro.

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Humo, María Susana López

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