Análisis general de «Visión» de Delmira Agustini

Ana Paulina Murguía Fabian

Uno de los grandes beneficios del modernismo ha sido entregar poesía escrita por mujeres a la literatura. No solo sirvió como una revolución para las ideas —ya sea demostrando la interpretación del nuevo mundo con base a un culturalismo cosmopolita— sino que, gracias a la rebeldía creativa, las mujeres consiguieron expresar sentimientos y deseos propios abiertamente.

Este es el caso de Delmira Agustini, una mujer que, a pesar de haber sido educada por lo que establecía la sociedad —la cual le obligaba a mantenerse en un estándar femenino con comportamientos y acciones que representaban a una mujer callada y sumisa de acuerdo con la época—, logró ser una de las mayores exponentes del modernismo al publicar relatos, poemas y columnas que pronto llegaron a manos de Rubén Darío, mismo que reconocería su talento. Pese a su temprana muerte, sus poemas siguen vigentes debido a la combinación de erotismo y palpable desilusión amorosa que, incluso hoy en día, pueden identificarse en la sociedad.

Uno de los poemas más reconocidos de Agustini es el de «Visión», del cual haré un análisis, con el objetivo de identificar sus elementos modernistas y la visión erótica que, a la par, le representan, y por los cuales la autora se ha posicionado como una de las mayores exponentes del modernismo.

Si se tiene conocimiento previo en literatura, encontraremos que nuestro poema conlleva una clara referencia a la literatura griega con la historia de Leda y el cisne, en la cual nuestro personaje masculino sería considerado el cisne, y Leda, la voz poética que nos otorga la poesía; sin embargo, el inicio del poema es algo peculiar y nos lleva a cuestionarnos qué tan correcta sería esta interpretación:

«¿Acaso fue en un marco de ilusión, / en el profundo espejo del deseo, / o fue divina y simplemente en vida / que yo te vi velar mi sueño la otra noche?».

En primera instancia, el poema nos presenta la idea erótica del relato al mencionar «en el profundo espejo del deseo», antes de otorgarnos una representación del suceso, el eros está presente. A su vez, nos posiciona en el espacio en el que se desarrolla, cuestionándose cuál es la realidad del suceso que se ha vivido, y nos hace conscientes de que el personaje que produce su deseo será utilizado, sea o no una alucinación.

«En mi alcoba agrandada de soledad y miedo, / taciturno a mi lado apareciste / como un hongo gigante, muerto y vivo, / brotado en los rincones de la noche / húmedos de silencio, / y engrasados de sombra y soledad».

La idea de presentarnos una alcoba como el lugar en el cual se desarrollará la acción de nuestra voz poética y el remarque de la soledad que siente nuestro personaje, nos otorga intimidad entre los protagonistas que conforman la escena. Al hacerlo taciturno, su figura se vuelve obscura por mantenerse en las sombras. Giaudrone (2014) afirma:

El «tú» surge de las sombras como algo que mancha, que ensucia, que engrasa: algo, más que alguien, una entidad que fluctúa entre lo estable y lo inestable, lo vivo y lo muerto, lo móvil y lo inerme (p. 1).

Al mencionar a la persona que acompaña a nuestra voz poética, la identificamos también como «el hongo»; podemos intuir que su compañía podría ser alucinógena, lo que justificaría el hecho de tenerle muerto y vivo. Muerto, porque es sólo una ilusión del deseo que tiene; vivo, porque es su imaginación la que permite que esa imagen se mantenga viva ante ella para satisfacer sus necesidades.

«Te inclinabas a mí, supremamente, / como a la copa de cristal de un lago / sobre el mantel de fuego del desierto; / te inclinabas a mí, como un enfermo / de la vida a los opios infalibles / y a las vendas de piedra de la Muerte».

La inclinación de la figura masculina hacia la voz poética femenina, muestra superioridad en la relación y, a su vez, nos permite entender quién es el encargado de llevar el control dentro de la relación sexual. Las figuras retóricas que se utilizan nos permiten entenderla al comparar la copa de cristal del lago con el sexo húmedo de una mujer, o el mantel de fuego del desierto como la piel de la mujer; la mención de los opios crea la misma imagen que anteriormente nos había dado el hongo, el de una alucinación, y con ello el disfrute que ella conlleva.

«Te inclinabas a mí como el creyente / a la oblea de cielo de la hostia… / —Go ta de nieve con sabor de estrellas / que alimenta los lirios de la Carne, / chispa de Dios que estrella los espíritus».

La inclusión de elementos religiosos al poema nos posiciona en un nuevo espacio en el que la importancia del cuerpo de nuestra voz poética y su disfrute sexual es el centro de atención. En la religión católica (la de mayor práctica en el territorio hispanoamericano), uno de los momentos más importantes de la ceremonia religiosa es la consagración del pan y el vino como el cuerpo y la sangre de Jesucristo. En esta ocasión, Agustini logra hacer de esta representación una referencia sexual comparando el cuerpo de la mujer con la consagración y, al mismo tiempo, el placer lo describe como la chispa de Dios.

«Te inclinabas a mí como el gran sauce / de la Melancolía / a las hondas lagunas del silencio; / te inclinabas a mí como la torre / de mármol del Orgullo, / minada por un monstruo de tristeza, / a la hermana solemne de su sombra… / te inclinabas a mí como si fuera / mi cuerpo la inicial de tu destino / en la página oscura de mi lecho; / te inclinabas a mí como al milagro / de una ventana abierta al más allá».

Si bien en este punto Agustini nos presenta una figura físicamente perfecta del cisne, también nos otorga su debilidad; la tristeza que invade al cisne es la encargada de hacer que no se sienta completo —aquí podríamos justificar estos casos como decepciones sexuales—, pero al encontrarse con ella, es como si una nueva ilusión se presentase ante él, por la cual es indispensable permanecer atento.

«¡Y te inclinabas más que todo eso!».

Después de otorgarnos una comparación con elementos, objetos, ideas y conocimientos que transforman al hombre que la acompaña en una imagen perfecta en el momento que representa un acto sexual, y después de creer que este personaje ha alcanzado la belleza máxima, nuestra voz poética resalta que toda esa belleza y placer otorgados por él quedan mínimos a lo que la imaginación y el conocimiento pueden otorgar, ya que ni el conjunto de todas esas circunstancias igualan el placer que ambos logran producirse y el control que ella ejerce sobre él.

«Y era mi mirada una culebra / apuntada entre zarzas de pestañas, / al cisne reverente de tu cuerpo. / Y era mi deseo una culebra / glisando entre los riscos de la sombra / a la estatua de lirios de tu cuerpo».

La clara mención del cisne confirma la idea de la historia de Zeus convertido en cisne para llegar a Leda como referencia; sin embargo, también nos recuerda que es una de las figuras más reconocidas dentro del modernismo y nos muestra a la figura masculina como un ser divino y perfecto; a pesar de eso, la mención de la culebra nos presenta que el yo poético es el que sigue cargando con el control, ya que domina la situación y, a su vez, al hacer énfasis en el deseo, podemos hacer ilusión al pecado original, el cual fue llevado a cabo por la incitación de la serpiente; así, el «glisar» el cuerpo masculino concedería el control hacia nuestra figura femenina.

«Tú te inclinabas más y más… y tanto, / y tanto te inclinaste, / que mis flores eróticas son dobles, / y mi estrella es más grande desde entonces. / Toda tu vida se imprimió en mi vida…».

Justo en este momento, encontramos la visión que se presenta y podemos distinguir cómo de ser un encuentro erótico, ella reconoce al hombre como algo más. Al decir que su vida se imprimió en la de ella, notamos cómo se crea el enlace hacia una relación más íntima en la que se vuelve consciente el hecho de saberse acompañada de él, gracias al momento y la experiencia que se le está otorgando y, de esta manera, su relación se vuelve más cercana y real.

«Yo esperaba suspensa el aletazo / del abrazo magnífico; un abrazo / de cuatro brazos que la gloria viste / de fiebre y de milagro, ¡será un vuelo! / Y pueden ser los hechizados brazos / cuatro raíces de una raza nueva».

La desconexión del hombre se ve reflejado en este momento. Reconocemos que ella sigue percibiéndolo como un cisne, sobre todo al hacer mención del aletazo. Cuando menciona una raza nueva, podemos identificar a la acción del abrazo que pide como la eyaculación y terminación del acto sexual por parte de él, es decir, que es un momento que ella desea otorgarle después de toda la experiencia, y que podemos identificar que terminará de otorgarle placer a ella.

«Yo esperaba suspensa el aletazo / del abrazo magnífico…».

La reiteración de la frase y los puntos suspensivos al final de la frase nos llevan a entender que la situación ha cambiado y que nuestra voz femenina ha perdido el control durante esos momentos. Es en este punto donde se retoma la idea inicial de nuestro poema, y pensar en si toda la poesía ha sido solo una constante ilusión de lo que nuestra voz narrativa buscaba.

«Y cuando / te abrí los ojos como un alma, vi / ¡que te hacías atrás y te envolvías / en yo no sé qué pliegue inmenso de la sombra!».

El cierre del poema nos muestra la forma de la sombra principal, al ser un taciturno la oscuridad puede acoplarse muy bien a su estancia; de esta manera, nuestra protagonista volvería a quedarse sola con el recuerdo de lo que quiso que fuese, pero no fue. Podemos encontrar a su vez, la teoría con la que Vilariño (2014) encuentra en la situación:

Se dice que es un poema de la frustración amorosa o erótica. Se lo plantea en los términos más crudos de la urgencia sexual femenina. Pero, aun suponiendo, aun aceptando que la vivencia original fuera de ese orden, no está dicha crudamente, está trasmutada poéticamente (p. 205).

Sin duda alguna, la poesía de Agustini se encuentra llena de figuras retóricas que hacen referencias directas a lo erótico ya que, a su vez, pueden permitirnos un sinfín de interpretaciones, no solo por la creación de personajes, sino por las acciones que estos mismos llevan a lo largo de su poesía. Los cambios de ideas repentinos y la significación personal que les agrega, juegan un papel esencial.

Referencias

Agustini, D. (2019) Visión. Material didáctico. Literatura hispanoamericana del siglo XIX. 

García, R. (2014). «Autorretrato, poética y relato: Los cálices vacíos» en Delmira Agustini en sus papeles. Montevideo: Biblioteca Nacional de Uruguay. Recuperado el 28 de noviembre de 2019 de http://bibliotecadigital.bibna.gub.uy:8080/jspui/bitstream/123456789/50520/1/autorretrato.pdf

Giaudrone, C. (2014). (R)econociendo el monstruo interior: grotesco y creación en Delmira Agustini. Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Recuperado el 28 de noviembre de 2019 de http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/reconociendo-el-monstruo-interior-grotesco-y-creacion-en-delmira-agustini/html/1758ea35-6f81-4ccc-b1ee-5b989c709e27_2.html#I_0_

Vilariño, I. (2014). «Visión» de Delmira Agustini. Montevideo: Biblioteca Nacional de Uruguay. Recuperado el 28 de noviembre de 2019 de http://bibliotecadigital.bibna.gub.uy:8080/jspui/handle/123456789/31554

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