Voy por ti

Guadalupe Genaro Guerrero González

Al sol no le faltaba mucho tiempo para ocultarse tras la montaña. Ese tiempo de claridad era aprovechado por un joven que se encontraba descalzo, sentado sobre la tierra. Atrapaba con sus brazos delgados parte de sus rodillas, se dijo a sí mismo «otro día más que ha pasado». Y, a la vez, contemplaba su casita hecha de troncos y de palma, en el patio unas lámparas de petróleo listas para ser encendidas para cuando llegara la oscuridad. Pero en ese momento, sin querer, daba la espalda al cultivo de maíz, a su alrededor una hermosa vegetación adecuada para los pulmones. Imaginaba que el viento ondeaba las espigas del maíz como a su cabellera.

En otras tardes se subía al columpio que tenía bajo el árbol, y de ambos ángulos siempre miraba la casita; hasta que fue notando que siempre llegaban aves parándose encima y lo hacían día tras día para descansar. A la vez, lanzaban sus cantares relajantes para embellecer la tarde o quizás buscaban su pareja. Momentos después levantaban el vuelo en busca de una mejor vida, su destino no era hacer su nido ahí.

El joven se dio cuenta que estaba atrapado en un mismo lugar; se daba cuenta que el lago hacía lo mismo con unas islas pequeñas; de día el agua era azul y de noche la observaba oscura.  Únicamente la luna caminaba sobre el lago.  De día, el sol caminaba sobre el joven y de un lugar a otro se la pasaba; todo era una rutina para el joven.  Las aves seguían volando frente a sus ojos y no dejaban de cantar felices. Las miraba partir, perdiéndose entre la maleza.

Eso provocó que explotaran los sentimientos; se dio cuenta que las aves le estaban dando una lección. Todo aquel que siente que no puede dar un paso hacia adelante debe intentarlo con mucha firmeza, como lo hace el cazador tras su presa cuando va caminando entre la neblina.

Fue así como el joven rompió con el hechizo y se animó a aventurarse diciendo «yo puedo… voy por ti; ser joven es maravilloso y nadie me tumba; he despertado de la nada y haré mucho, voy al escenario de una vida mezclando fuerza y valentía».

Tiempo más tarde dijo «cuando estaba logrando los sueños, me temblaba el corazón de la emoción porque ya puedo oír mi voz, ya puedo mirar mi cara en el espejo; aun así, no soy superior a nadie. Únicamente mido mis pasos para no caer. Lo que hice fue buscar una fórmula para crecer y la encontré a través del volar de las aves».

He terminado de construir una torre resistente a las tormentas y sobre la torre siguen volando las aves en libertad.

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