Vagando por las calles

Lenguaje mexicano, lenguaje matemático

Maleni Cervantes

Vagar por las redes sociales, ir al mercado y escuchar a tu familia. Tres asuntos que quizá, para algunos, son muy diferentes entre sí, pero no pasan de ser más de lo mismo: frases construidas con un lenguaje matemático y, en ocasiones, mal empleado.

Hace un tiempo, la página de Facebook «Librillos. Costura artesanal» hizo una publicación que invitaba a que dieran ideas de aquellos enunciados que utilizábamos, todo con la temática: me gustan las letras, pero hablo con matemáticas.

Esta dinámica me hizo pensar acerca de la relación de las matemáticas con nuestra forma de interpretar la realidad y manera de comunicarnos. Todo está repleto de patrones y conceptos que son vinculados a esta rama.

¿Cómo es que construimos nuestra realidad por medio de representaciones matemáticas? Tenemos un ejemplo, la idea de realizar las calles, por lo regular, en forma paralela y trazando pequeños rectángulos tiene que ver con la manera geométrica de ver el mundo. Además, este no es el único ejemplo, sino que ¿cuántos muebles u objetos en general siguen figuras geométricas? Las puertas, mesas, refrigeradores, ventanas, celulares, libros, llantas, etc.

Pero bueno, retomando, el mismo día de la publicación, una página de memes en Instagram agregó imágenes que contenían oraciones relacionadas con números en su contenido: «¿y tú ya te pusiste en cuatro?», «eres un cero a la izquierda», sentencias que para ser realistas estuvieron dos-tres; pero que, de nuevo, me llenaron de inquietud y me hicieron retomar la reflexión. Pese a que las sentencias de dichos memes no poseen una relación más allá del contenido numérico, me parece curioso que cualquier mexicano sabe responder a qué nos referimos con esto, puesto que es algo que está muy arraigado en nuestra cultura: nos parece obvio el contenido semántico que tienen estas ideas.

Ahora, luego de analizar lo anterior, nos parecerá ilógico cómo escuchamos decir a chicos de secundaria: «¿y para qué me van a servir las matemáticas?». Esos momentos en los que uno quisiera darles un jalón de orejas y recordarles que gran parte de las metáforas y modismos que ellos utilizan están relacionados con un lenguaje matemático.

Veamos el caso de los números que funcionan como adjetivos para hablar de cantidades; los números que nos sirven para comprender del tiempo y hacer las cuentas en la tiendita de la esquina. Eso sin contar su percepción de cuál es mayor y cuál es menor para entender frases que terminan en chiste como la que dijo el expresidente de México: «falta un minuto; no, menos, como cinco», con lo que pudiéramos concluir humorísticamente que menos es más.

Observemos más frases: «voy a hacer del uno o del dos», «ya me cayó el veinte», «uno no es ninguno y dos son uno», «donde comen tres, comen cuatro», «divide y vencerás»…

¿Cuántas veces no utilizamos estas frases en nuestra habla cotidiana?, ¿cuántos memes no encontramos acerca de la cuestión?, ¿en cuántos momentos no se hace polémica con este tema? Así que, ¿cuál es el papel de las matemáticas en nuestra comunicación?

El asunto va más allá de las frases ya construidas, de una manera u otra vamos complejizando estas ideas para llegar a enunciados más abstractos: «no te vayas por la tangente», «todo depende del ángulo en que lo veas», «triángulo amoroso», «diametralmente opuesto», «círculo vicioso» y «no seas mente cuadrada». Enunciados que no hablan de una matemática básica, sino que de nuevo se conectan con nuestra percepción geométrica-occidental de la realidad.

El problema aquí es que entre más compliquemos la construcción de estas frases, corremos el riesgo de cometer errores más concretos. ¿Alguno de ustedes recuerda esa propaganda de «dale un giro de 360 grados a tu vida»? Es una de las ideas que se usan para dar énfasis en cuanto a un cambio en nuestras rutinas, pero, ¿somos conscientes de que, al decir esto, terminaríamos en el mismo lugar? Una vuelta de 360 grados implica dar una vuelta entera y llegar al punto de partida.

Sin embargo, sin contar estos «errores» que son más que aceptados, aquí nos damos cuenta de que el pueblo mexicano habla con un lenguaje matemático, aunque en ciertas ocasiones lo utiliza de manera inapropiada por el mismo desconocimiento que se tiene de esta ciencia.

No somos conscientes de que el lenguaje matemático también tiene una gramática que va relacionada con todas esas reglas que nos enseñan: más por más da más, menos por más da menos; leyes de exponentes; la fórmula general, etc. Además, tiene una pragmática que se vincula con la manera en que cada uno de nosotros interpretamos la realidad para resolver los problemas que se nos presentan, pese a que no conozcamos completamente esa gramática que mencionábamos.

Por último, aquí pudiéramos hacer una relación con el uso que hacemos del español. Muchos de nosotros no estudiamos las categorías gramaticales y tal vez desconocemos de ortografía y signos de puntuación, pero, aun así, podemos hablar y darnos a entender. Es lo mismo que sucede cuando tomamos conceptos matemáticos para comunicarnos entre nosotros, aunque aquí el problema es que desconocemos más de matemáticas y, de igual forma, nos aventuramos a combinar estas palabras con nuestra habla cotidiana.

Las matemáticas, por ende, al igual que nuestro lenguaje son una construcción del hombre y para el hombre; un lenguaje que tiene significados y significantes. Algo que se va renovando, aunque ya tiene bases sólidas que lo conforman como algo esencial que nos ayuda a entender distintos fenómenos que son primordiales en nuestra sociedad: finanzas, medicina, tecnología, arte, semántica, lenguaje. Entonces, ¿podríamos asegurar que, así como las metáforas invaden nuestro lenguaje cotidiano, las matemáticas nos ayudan representar tangible e intangiblemente todo lo que conocemos? En conclusión, los invito a que reflexionemos como sociedad acerca de cómo las matemáticas, sin darnos cuenta, pertenecen a nuestra cultura y a nuestro bagaje lingüístico. Reflexionemos de qué otra manera las tenemos presentes. Pensemos si estamos utilizando de manera apropiada sus conceptos o si debemos cambiar estos para llegar a lo que realmente deseamos comunicar. Recordemos la frase que le dijo un niño de diez años a su mamá a la hora de la cena «amá, tuviste una falla en tu algoritmo», ¿nosotros también deberíamos cambiar ciertas cosas para que no tengamos fallas en nuestras intenciones pragmáticas? Sin más por el momento, espero que todos anden al cien y le bajen dos rayitas al estrés.

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