Las hormigas también bailan

Sandra Álvarez

Nael se despierta todos los días con el olor del rocío. Recuerda en qué parte de sus actividades se quedó el día anterior y se alista para continuarlas. Sale de su celdita-dormitorio y espera a que se oigan frente a ella los pasos guía. Son los que conocen el camino y la llevan hasta donde hay que recoger hojas de jardín o migas de pan.

Caminar y caminar. Buscar comida y llevarla a casa, eso es lo que hacen las hormigas, ¿no? Bueno, casi todas.  Los hormigueros son regidos por monarcas ciegos y un ciego ejército a su servicio. Los huevecillos de hormigas son almacenados juntos y cuando revientan siempre hay alguien listo para sellarle los ojos.

¿Cómo soñar con navegar en una hoja sobre los charcos de la lluvia? ¿De dónde sacar la idea de volar en un diente de león por encima de los jardines? ¿Por qué pedir más que el privilegiado sentido del olfato, el agudo poder auditivo y la fuerza desmedida que les ha ayudado a sobrevivir por tantos siglos?

Nael siente un ligero golpe en su cabeza, continúa caminando tras las otras hormigas. Unos cuantos golpes más, no es tan fácil detener la rutina de estos animalitos. Fue hasta que un buen golpe la hizo caer y perder la razón.  Al regresar en sí, ¡abrió los ojos! Se asustó al hacerlo.

Una figurita negra con un cuerpo hecho de círculos y unas líneas que salían de ellas la cuidaba. 

—Hola, también soy una hormiga, me llamo Fshhhhh —le dijo para tranquilizarla.

Nael no respondió, no entendía lo que pasaba.

—No temas, todo esto siempre ha existido, pero no lo podías ver. Los golpes que sentías eran piedrecillas que yo te lancé. Sólo quería hablarte, te he visto algunas veces fuera del camino, quería contarte de todo lo que hay fuera de las costumbres hormigueras. Cuando caíste te dejaron sola y yo te traje a mi casa. En lo que despertabas te he limpiado los ojos—prosiguió Fshhhhh.

Nael no creía lo que podía ver, ¡ver! Estaban en lo alto de un árbol con coloridos y dulces frutos. Alrededor había otros árboles, flores, abejas, nubes, montañas.

—¡Las hormigas podemos ir más allá de los caminos de recolección y del encierro en las cuevas! —expresó efusivamente Nael.

Y eso no era todo. Fshhhhh cada día le enseñaba nuevas cosas, caminaban a nuevos lugares.  Olvidaron el invierno, vieron que no era necesario. Tenían comida para cada día que despertaban y aventuras para darle sentido a su corta vida. Dormían en los caminos de trigo, bailaban con las cigarras y, a veces, apedreaban a los que no estaban conformes para que se unieran a su fiesta.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s