Desde una perspectiva diferente

La adquisición de un idioma, un renacer

Irlanda Estefanía Rodríguez Cortéz

Después de pensar mucho en cómo empezar a escribir esta nueva columna, me di cuenta de que no hay forma en que pueda explicar cómo es que puedo encontrar pros y contras en cualquier hábito o acción que se pueda realizar. Un ejemplo: correr; es muy bueno para la salud porque activa nuestro cuerpo, nos ayuda a quemar calorías, mejora nuestra circulación, reduce el estrés, entre otras cosas. No obstante, este hábito que puede parecer tan bueno, también tiene varias desventajas que, incluso yo como deportista, he vivido y experimentado en carne propia; por ejemplo, esta actividad tiene un alto impacto para las articulaciones y, si no eres cuidadoso con tus calentamientos antes y tus estiramientos después, puede resultar trágico o problemático a la larga. Esta es una de las muchas actividades a las que no puedo calificar como buenas totalmente, ni como malas porque todo es subjetivo y depende de muchos factores.

En fin, a lo que realmente quiero llegar con esto, es que me parece increíble que un día, inmersa en mis pensamientos, me sorprendí a mí misma evaluando este tipo de cosas y caí en cuenta de que al hábito o a la acción de aprender un idioma no pude encontrarle ninguna desventaja. Traté de buscar algún inconveniente que el saber un idioma extra pueda causarte, pero por más que intenté, no lo encontré. Mucha gente me conoce y sabe que yo soy una persona que sueña con viajar por el mundo y, eventualmente, conocer muchos países. Así que imagino que, a juzgar por eso, muchos creerán que es por mi enfoque total al aprender un idioma; porque claro, cuando viajas es necesario mínimo hablar inglés. Pero, sin negar la verdad sobre mis sueños y la relación que tienen con el aprendizaje de un idioma, es justo admitir que no sólo sirve para viajar, sino que tiene un sin fin de ventajas extras. Hablar un idioma no solo es poder comunicarte con otras personas, abarca más que solo eso. Es poder adentrarte en otras culturas y entender muchas otras cosas. Un ejemplo clarísimo: hace un par de días, escribía un artículo sobre un amigo que es barista y me estaba explicando el proceso que llevan los granos de café para su elaboración y me dijo: «tú deberías de conocer esta palabra: terroir», que es una palabra en francés cuyo significado es «tierra» con la connotación de pertenencia, origen, cultura; hace referencia a las características que debe de tener el suelo en el que es sembrada la planta del café. Me sorprendió tanto darme cuenta de que podía entender por qué esa palabra era utilizada para hacer referencia a eso. Y, tal como ese ejemplo, hay miles y millones más. Como cuando descubrí de dónde venía la palabra «drapeau», que en español significa «bandera». Recuerdo estar en mi clase de francés cuando la maestra nos preguntó si sabíamos por qué se llamaba así, obviamente nadie tenía idea. Entonces, nos explicó: «draps significa sábanas de cama y peau significa piel. La bandera es la sábana de nuestra piel»[1], concluyó. Fue algo que me fascinó y, desde ese momento, no olvidé esa palabra. Puede parecer tonto y quizá hasta irrelevante, pero son detalles que vas encontrando conforme aprendes un idioma nuevo y, al menos para mí, eso es increíble; porque todo cobra sentido de repente y es una gran revelación para uno mismo.

Tengo varios amigos que, al contrario de mí, su sueño no es viajar por el mundo y para ellos no parece ser la gran cosa. Pese a eso, sigo encontrándole una ventaja enorme y es aquí en donde hablo del gran valor que tiene el saber un idioma a nivel profesional, ya sea para conseguir algún trabajo o para tener más de una ventaja respecto del mismo. La mayoría de los trabajos formales hoy día piden cierto nivel mínimo de inglés; incluso en muchas universidades, actualmente es imposible titularse sin él. Todos sabemos y somos conscientes de que saber inglés en estos tiempos es una gran ventaja. Lo más asombroso es que, gracias a todo lo que tenemos ahora, es demasiado fácil estar en contacto con ese idioma y aprenderlo o, mínimo, lograr entenderlo —que es un gran avance—, ya sea viendo películas, series, escuchando música, descargando apps en las que puedes aprender vocabulario o incluso hablar con gente nativa. Asimismo, lo más sencillo podría ser cambiar el idioma de tu celular para familiarizarte y aprender nuevas palabras: obligarte a estar en contacto con él día tras día, porque —seamos sinceros— es así como se aprende un idioma. No hay mejor forma de aprenderlo que estar en contacto la mayor cantidad de tiempo posible con él, pues es así, de hecho, como aprendemos nuestra lengua materna: escuchando, relacionando las palabras con acciones, movimientos y hasta sensaciones. ¿Nunca te ha pasado que no entiendes una palabra hasta que experimentas su significado?

También dicen que, al desarrollar otro idioma, desarrollas una nueva personalidad. Es muy común que cuando hablas español seas una persona y que seas otra diferente cuando hablas en tu segunda lengua. ¿No es algo increíble? ¡Es como renacer!

Por último, lo que he querido decir todo este tiempo es que, sin importar cuán duro sea aprender un idioma, siempre es algo que valdrá la pena, porque aunque parezca ser un gasto, a la larga es una inversión; una inversión a nosotros mismos y a nuestro futuro. Con todas las herramientas con las que hoy contamos, puede llegar a ser mucho más fácil y económico. Solo es, como en todo, cuestión de querer y tener la disposición de hacerlo. Sin voluntad nada es posible, y vamos a ser honestos, esto valdrá la pena totalmente porque no puedes encontrar excusas para algo que al final va a darte mucho más que solo una nueva forma de comunicarte.

En México carecemos de la cultura de aprender más de un idioma y del apoyo para hacerlo; es triste y también entendible, claro, pero es por eso que, si está en nuestras manos y existe esa oportunidad de hacerlo, es importante intentar y, de esta manera, las próximas generaciones tengan ese ejemplo y ese soporte. Todo comienza por uno mismo.

No hay nada más que pueda decir. Aprender un idioma es, sin lugar a dudas, una oportunidad de renacer, de ser alguien nuevo y de encontrarte a ti mismo de una forma diferente.


[1] Se trata de una anécdota más que una etimología lingüística, pero no deja de ser interesante la relación entre los términos de la lengua francesa.

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