Prácticas privadas y otras minificciones

Ricardo Bugarín

Prácticas privadas

Usted se detiene en sí mismo. Se libera por unos instantes y comienza un trayecto que va desde el cerebro reptil a los extremos subcutáneos de sus pies (no digamos hasta la punta de sus uñas porque eso está muy trillado y esto es otra cosa). Va encontrando sorpresas. Algunas le agradan, otras no. Hay momentos adiposos y otros laxos. Algunos hallazgos emocionan por su estado de conservación. Otros acongojan, pero son disimulables. Después de un tiempo prudencial de recorrido, junta todo y vuelve a colocarlo en el envoltorio original. Limpia los enseres del desayuno y, como buen hombre que es, se marcha a su trabajo.

Suspensos en la ignorancia

Influenciados por los principios de la cladística se decidió que la suegra sería ubicada en el piso superior. Todos sabíamos que había problemas con el ascensor y con la calefacción. Nadie se dio por avisado y continuamos con los preparativos como estaba programado. Cada ala de la casa tuvo su designación de uso y en los espacios compartidos se dispuso la distribución de cada una de las comidas. No quedó detalle librado al azar y las visitas comenzaron a llegar. A pesar de todo cuidado, en las primeras noches ocurrieron algunas situaciones poco agradables que pretendimos obviar. Nunca supusimos que sobre el final de semana habríamos de vivir la alteración de los sentidos. La casa (o la suegra) en su fuerza chamánica, invirtió todos los espacios. Una voluntad aquelárrica se apoderó de la casa y, de repente, nos vimos sujetados de los cielos rasos para no caer en el vacío. Por suerte todo ha quedado registrado en fotos, pero la casa de seguros no aceptó las garantías del clado y aquí estamos, como suspensos en la ignorancia de no saber qué hacer con el ayer.

Solidaridad

Parece que era un problema de émbolo. Lo recostamos, le retraímos los impulsos, medimos la densidad acumulada y controlamos la termodinámica de sistema. Lo mantuvimos en observación y, en un tiempo prudencial, resolvimos colaborar manualmente en la notoria necesidad de alcanzar un bienestar generalizado. Le practicamos lo que tradicionalmente se estila en estos casos hasta que sentimos la emisión de una especie de mecánico quejido. El resultado fue más que satisfactorio. Lo apoyamos contra una pared y allí lo dejamos, librado a sus innatos estímulos.

Realización

Metabolizarme es la meta. Por eso aguardo con determinada expectativa el encuentro pautado. Nos hemos prometido la concreción de todos nuestros anhelos, lo que llamaste «la razón de nuestras vidas» en el último mensaje que me enviaste. Y ahora estoy aquí, con el conducto abierto, la disposición a pleno y el cuchillo en la mano.

Herencia

para Alejandro Bentivoglio

«Yo vendo unos ojos negros», decía mi papá. «¿Quién me los quiere comprar?»,era siempre la pregunta. Parece que el negocio no fue próspero. Y aquí está ahora esa herencia. En una cajita, esos glóbulos oculares, ese par de iris aviesamente dilatados… Y esa mirada, esa mirada que no puedo quitarme de encima.

El mat

La invocación a Patanjali ya había sido pronunciada. El om colectivo se extendió en el espacio luminoso de la sala. Cabeza al suelo, alineamiento del cuerpo, pelvis a los isquiones, pie derecho en 45 grados, sacro controlado, recto, que fluya la energía, que no caiga la cabeza, que no caiga. El ritual compartido promediaba la mañana y presagiaba una tarde de imbricada  intimidad bajo los olmos del patio de la casa. Todo era concentración, levitación de alma y pensamiento, levedad sostenida y, en medio de esa ambientación de delicada respiración, oímos de pronto, como en sueños, como en endulzado letargo, la minucia de un sonido, totalmente ajeno a las prácticas consabidas. Un insignificante crash sacudió la mañana y la espondilolistesis se presentó en la sala. Sobre el mat quedó tendido el plan acariciado.

Ricardo Bugarín (General Alvear, Mendoza, Argentina, 1962) es escritor, investigador, promotor cultural. En el género de la poesía, publicó Bagaje (1981). En el género de la microficción, ha publicado Bonsai en compota (2014) , Inés se turba sola (2015), Benignas insanías (2016), Ficcionario (2017) y Anecdotario (2020).

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