Lentamente

Yessica P. López

En memoria de las víctimas del Covid-19

Esta noche el cielo no tiene estrellas, al viento le falta aire y mi vida…

Siempre había creído que el mundo era especialmente hermoso, su belleza se encontraba en todo, los mares, en los atardeceres infinitos, en las flores, los animales salvajes, los amigos de cuatro patas que menean la cola y en los niños con sus ocurrencias sin temor al ridículo. Para mí, si te iba mal era por algo que habías hecho, era el karma que había que pagar para equilibrar la energía del planeta.

Recibí miles de mensajes diciendo que no llorara, que entendían mi dolor, pero son rapiña chismosa, quieren detalles para pasarlos a otros y tejer su hilo de historias ficticias. ¡Y qué les importa cómo fue!

Ellos no la conocieron, no saben que por las mañanas le gustaba tomar café, que amaba los tacos y que todos los días peleábamos, pues no veíamos las cosas de la misma manera. Para ella un tatuaje era símbolo de criminales, para mí, una expresión artística; pero al final del día siempre estábamos bien, listas para la siguiente discusión superflua.

Me dicen «Dios te dé fortaleza y resignación», ¡qué palabras tan huecas! Nunca podré olvidar cómo ella trataba de respirar. Sus ojos de desesperanza me pedían auxilio, su mano sin fuerza tratando de apretar la mía y yo no pude hacer nada, me acosté a su lado. Estuve ahí hasta que perdió su fuerza.

Luego vinieron los doctores con sus trajes como de astronautas, no me dejaron besarla por última vez, también me separaron de mi padre y me reclutaron en esta habitación blanca. No sé qué pasa afuera de estas cuatro paredes, sólo puedo oír cómo las máquinas respiran por ellos, de otros escucho su silbido, ese que les dice a los doctores que ya no hay mucho por hacer, que se cierran los pulmones y lentamente, muy lentamente les deja la vida.

Yo vi cómo fue, primero estaba cansada, su pecho se sumía, su pecho se agitaba, luego ya no quería levantarse, no tenía fuerzas, no comía, no bebía, sus labios fueron de un rosa a un sexy color granate que pronto se transformó en púrpura.

Antes de que ella se fuera, mi padre comenzó con los mismos síntomas, ahora no sé si él seguirá con vida. Vienen los médicos astronautas cada dos horas, no se cansan de  revisarme, de hacerme pruebas inútiles. No entienden cómo es posible que yo esté sana después de estar expuesta. Hablan y dicen que harán conmigo la cura —¡El mundo se ha salvado!

Y a mí no me importa, de qué me sirve si eso no me regresara a mi madre…

Ahora me burlo, querían de mí la cura pero es que siempre he sido lenta, eso decía mamá. Veo cómo extrañados se jalan los cabellos, deben buscar la solución por otro lado.

Hoy inicié con un desmayo, justo al enterarme que mi padre ha muerto y lloro porque ahora estoy sola, porque no pude tomar su mano y decirle cuánto lo amaba, agradecerle lo mucho que hizo por nosotras, siempre trabajando para darnos lo necesario. Recuerdo como los domingos se levantaba muy temprano para hacernos unos hot cakes a mi y mamá, los míos eran decorados con fresas y chocolate, la primera vez que me rompieron el corazón, su abrazo fue tan reconfortante, en ese instante juré que quería en mi vida a un hombre como tan bueno como  mi papá, lamentablemente no lo llegué a conocer.

Luego comenzó el infierno en mi cuerpo, estoy tan caliente que he delirado, veo a mis padres con los brazos abiertos, me llaman, escucho que las enfermeras tratan de controlar mi fiebre pero solo consiguen avivarla, soy igual a un incendio forestal que se rehúsa a ser extinguido. Mi cabeza va a explotar, por eso estoy sin control, he convulsionado tres veces y voy caminando para alcanzarlos.

Han pasado 4 días, ya no tengo fiebre, veo que han arreglado mis uñas, pero no me gusta el color morado, siento haber corrido un maratón y tengo golpe de caballo, duele respirar, ahora me ahogo, por más que intento tomar aire se me niega el oxígeno, pierdo la conciencia continuamente. Los astronautas tendrán que entubar, y siento como abren mi boca para introducir una manguera de plástico, llegan  hasta mis pulmones, quieren inflarlos, pero mis globos están algo picados

—Rápido, no está funcionando ¡La perdemos!

Mi mamá me toma la mano y papá nos abraza…

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