Cronomorfo

Salvador Montediablo

Hace mucho no veo a Abril, espero no verla hasta después de Febrero, pero ahora que estoy con Diciembre, llega a mí otra Diciembre. La quisiera tener también entre mis brazos mientras le deshojo los días de su calendario, pero me es imposible tener a las dos, ¿cómo amarlas al mismo tiempo?, no está dentro de mis posibilidades olvidar tan rápido a dos, si con una ya me duele recibir a Enero; aún lloran mis poemas caóticos por Noviembre; apenas, muy apenas acepto a Diciembre y ya se está largando entre el frío y los cafés tibios.

Hoy veré a quien posiblemente sea Enero, tengo una cita en la Rue San Juan, calle que me gusta, me agrada porque sus calles se llenan de hojas cuando es primavera y se colorean de sol pálido, un caminar utópico; pero en invierno se llena de frío, se convierte en un túnel en el tiempo donde la soledad sigue susurrándome el nombre de Septiembre y Noviembre. Pero está bien, es un fantasma que ya acepté cargar en los recovecos de una mente que sigue contando los días de la semana en espera a tener un octavo día, en el cual caiga en un remolino de peripecias y aberturas, de paradojas y vicisitudes que me pierda para siempre allá donde los locos le cantan a los gatos que le ladran a la luna.

Pero quien sí se metió en los 365 días de mi año fue Marzo, oh Marcita, ¿cuánto no bailamos?, ¿cuánto mezcal bebimos?, la conocí un día 12, a ningún otro mes la había conocido un 12, incluso a una Febrero le hice el amor un 29, qué bisiesta pasión. Pero de quien les hablo me dejó sin ganas de más meses, me dejó cantando frente al espejo, mientras buscaba dentro del brillo malsano de mis ojos ebrios el espejismo de sus ojos soñándome a ratos, odiándome a noches. Hoy saldré con Diciembre, llegará Enero y tal vez llegue una buena Febrero con anchas caderas y ojos grandes que deriven al pecado, tal vez una Abril me diga te amo.

Tal vez una Junio me quite el frío que me dejó invierno, tal vez una Agosto me deje a los dos días tirado a tres cuadras del infierno, pero ninguna Octubre me hará suspirar tantos huracanes de nostalgia. Me leía poemas de Bambi el poeta circense, del infame del Valentín E., se reía de mis gustos en el arte revolucionario de Pancho Goitia, bailaba entre la gente y con su mano extendida me ofrecía el paraíso en pasos al estilo Dixieland. El destino cambió su lugar en el espacio y se alejó, allá en la lontananza de mis más profundos temores, se alejó siendo sólo un recuerdo que arrastró a lo largo de las rotaciones planetarias. Pobre Diciembre, dice que siente que me quiere; pobre de mí, al que los besos de otras meses saben a segundos perdidos, cuando los suyos sin estar reclaman todas las fechas de mis días y noches.

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