Soñar en tiempos de miseria: un ensayo para los inconformes

Jorge Alberto López Guzmán

Imaginemos un mundo saturado de sueños, un mundo colmado de utopías; imaginemos un mundo como lo postulaba John Lennon en su canción «Imagine»: un mundo sin miedos, sin hambre, un mundo de sueños.

El hombre ha muerto como lo postula Michael Foucault en su libro Las palabras y las cosas, ha ido desapareciendo su condición humana como lo expone Hannah Arendt, ha sido desencializado a través de la abolición de sus sueños y fantasías. Ya no vislumbra la utopía, esa utopía de Tomas Moro, la que explicaba el cineasta Fernando Birri y que le atribuyen a Eduardo Galeno, esa utopía que sirve para no dejar de caminar.

La especie humana ha dejado de disfrutar el idilio bohémico que se vivió en la Bella Época Francesa, que se reflejó en las novelas de Ernest Hemingway, de F. Scott Fitzgerald, en las pinturas de Picasso y en el surrealismo de Dalí; ese idilio que se apartaba de lo convencional y privilegiaba el arte y la cultura ha perdido la pasión por lograr sus objetivos, por reivindicar su existencia, no se conmociona día a día como algunos de los personajes literarios de los cuentos de Jorge Luis Borges.

La especie humana ya no es arriesgada, obstinada; tiene miedo al fracaso, no tolera la crítica, se ha vuelto un ser humano sin sentido, como diría Friedrich Nietzsche. El ser humano anda de afán, un ser humano sin sustancia, que no evoluciona, que no ha sufrido una metamorfosis como Samsa, el personaje Franz Kafka, quien se ha instaurado como un objeto inanimado, un ente sin alma, sin espíritu, con odio y rencor, como lo podría decir Julio Cortázar en sus cuentos de Carta a una señorita en París, un ser humano que vomita conejitos, siendo esos conejitos la crisis del hombre en la actualidad; ese hombre rodeado por guerras, enfermedades, pobreza, miseria, ignorancia, sometimiento, esas patologías sociales legitimadas por la ciencia, el conocimiento, el poder, la política, la economía.

Ese es el ser humano de hoy, un ser humano infeliz en un mundo feliz como el del libro de Aldous Huxley, ese hombre con nauseas como lo diría Jean-Paul Sartre, un hombre enajenado por la ciencia, por la sociedad, por la academia. Ha sido contagiado por una enfermedad sin cura, que carcome las ideas alternativas, los argumentos diferentes, que corroe la valentía, el coraje, la intrepidez, el arrojo.

El actual, es un ser humano estúpido; está atravesando una enfermedad inmaterial que domina y asesina sin dejar rastro alguno, esa llenura ante la ignorancia como lo diría el filósofo Platón en su texto El Teeteto, ya no puede ni imaginar la felicidad como lo plantea Estanislao Zuleta en su famoso ensayo Elogio de la dificultad.

En definitiva, es necesario desligarse de esa alienación para pensar y reivindicarnos como seres humanos, como especie humana, suprimir esas cadenas que amamos como lo diría Fiódor Dostoievski, esas cadenas invisibles, como lo diría Carlos Marx; no tenemos nada que perder, pero sí un mundo por ganar.

Debemos soñar, implantar en nuestras vidas el derecho a soñar como lo plantea Eduardo Galeno, y validar esos sueños, cumplirlos y seguir soñando sin importar las barreras o barricadas que se nos impongan. Soñemos.

No olvidemos:

  • Los libros son el argumento para comprobar nuestra existencia. En tiempos miserables como los actuales, ya no es necesario quemarlos como en la Edad Media, o como lo recrea Ray Bradbury, en Fahrenheit 451, porque no leemos.
  • Leer es un acto de insurrección; ir a una biblioteca pública, comprar un libro en los andenes de las calles, buscarlo por internet y tener la paciencia de leerlo en un computador son formas de sublevarse ante las imposiciones y violencias simbólicas y físicas que ejercen sobre nuestras almas, ¿cómo no atraernos por la solapa de un libro que vislumbra las más aterradoras verdades con las que nos manipulan, donde el sentimiento de culpa ante nuestra pasividad no es más que un reflejo de nuestro mísero conformismo ante la vida misma?
  • Recordemos que nacer es un acto de rebelión; todos tenemos la semilla de la insurrección implantada en nuestro organismo, hay que trascender cualquier muralla que nos impida cumplir nuestros sueños.

Por eso los invito a que leamos, soñemos y existamos, que seguramente eso son los mayores miedos de quienes nos oprimen.

Aunque la mayoría de sus publicaciones han sido de orden académico, Jorge Alberto López Guzmán también ha incursionado en la escritura creativa: desde el ensayo, el cuento y la poesía en prosa. Su poesía es construida desde las calles a través de la voz de las personas y sus experiencias personales. El ensayo lo ha dedicado a incursionar en investigaciones sobre novelas olvidadas latino-americanas pero de gran importancia para comprender los contextos actuales (como el caso del conflicto armado en Colombia). Por último, sus cuentos han buscado destacar, desde el estilo policiaco y de terror, coyunturas políticas, acontecimientos sociales y vivencias de ilustres ideólogos.

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