El ruiseñor de Wilde: pequeña interpretación sobre el fin del romanticismo

Jorge Chávez Colmenares

«El ruiseñor y la rosa», cuento corto de Oscar Wilde, encierra dentro de su brevedad una representación del fin del romanticismo para dar paso a las nuevas corrientes y fundar el conocimiento del hombre en la ciencia y nuevos caminos artísticos. Esto es, justo como lo hizo el propio Wilde, querer establecer un nuevo modelo de vida para la sociedad en la corriente del Decadentismo.

El cuento tiene, a grandes rasgos, tres actos configurados en la estructura literaria básica para un cuento:

  1. El planteamiento, donde conocemos al chico estudiante que pretende bailar con la princesa, y el ruiseñor, quien encuentra en este joven el ejemplo perfecto del amor. Aquí veremos que la rosa es ese bien preciado para lograr consumar el sentimiento y pasión.
  2. El desarrollo; seguiremos la aventura que emprende el ruiseñor con tal de encontrar el objeto principal, la rosa, hasta llegar a la muerte que da base a la tragedia (la cual será consumada en el tercer acto).
  3. Desenlace, donde el rechazo al estudiante lo hace pensar en optar por seguir el camino de la ciencia y abandonar los sentimientos.

Es el primer acto el que se puede considerar como una muestra del siglo XIX, donde el romanticismo acaparaba las ideologías. Exaltar los sentimientos (tristeza, odio, alegría y sobre todo, amor) hasta llenar de hipérboles el contenido literario. Así, una situación que pudiera parecer cotidiana, se convertía en una lucha del espíritu humano por dominar las pasiones.

Frente al culto a la razón, Rosseau exalta las excelencias del sentimiento y la fantasía. Se busca la efusión de lágrimas, las conmociones patéticas, el regusto de la melancolía; las ruinas y los sepulcros son temas literarios preferidos.

[…] En los comienzos del siglo XIX surge el Romanticismo puro, turbulento e individualista. Los escritores concentran su mirada en el propio espíritu, cuyos sentimientos escudriñan dolorosamente. Sueñan lo que la realidad no puede ofrecerles; se sienten superiores a la sociedad e incomprendidos por ella, y como ángeles caídos, se entregan a la desesperación o a una resignación amarga (Lapesa, 1993, p. 27).

En cuanto a la historia en la que un hombre estaba enamorado de una mujer, este encontraba en ella la perfección y daría lo que fuera, hasta la vida, por lograr estar a su lado.

A diferencia de los poetas del dolce stil nuovo, quienes debían mantener en secreto y sufrir su amor, el amante romántico tenía que arriesgarse a confesar sus sentimientos, estando incluso dispuesto a soportar las consecuencias, así fueran malas. Hay que recordar otro clásico personaje de esta época, Werther de Goethe, quien termina en el suicidio debido al corazón roto.

El joven estudiante sabe cuál es el camino hacia su querida princesa y Wilde hace la empresa complicada al requerir una rosa roja en pleno invierno.

El segundo acto es digna representación de una clásica fábula, donde los animales y la naturaleza poseen raciocinio y cualidades humanas. Además encontramos valor artístico en la situación establecida. Esta parte del cuento se centra plenamente en la fuerza de voluntad y valentía del pequeño ruiseñor, quien da su vida para ayudar a mantener en pie un sentimiento tan noble como el amor. La intensidad y valor artístico que el lector puede percibir mientras la espina se hunde en el pecho del ruiseñor y este busca mantener su canto es simplemente sublime. Esto le da esa base trágica al cuento para que las siguientes acciones en el desenlace adquieran la fuerza y sorpresa que pide el género literario del cuento.

Es en el tercer acto cuando viene la caída de este amor romántico y el sacrificio de la vida del ruiseñor, el cual agrega intensidad y una atmósfera fúnebre al, de por sí, frío escenario. Se podría haber encontrado un clímax romántico en dos posibles alternativas:

  1. Hacer valer el intercambio de la vida del ave por la unión entre estudiante y princesa.
  2. El estudiante podría haberse hundido en la tristeza y reñir con la vida para quizás poner fin a su existencia.

Sin embargo, el cuento termina por enterrar todas estas creencias de los sentimientos como regidores del alma humana, como veremos con las siguientes citas:

Me dijiste que bailarías conmigo si te obsequiaba una rosa roja —dijo el estudiante. —Aquí tienes la rosa más roja de todo el mundo. La lucirás esta noche junto a tu corazón, y mientras bailamos juntos, ella te dirá lo mucho que te amo (Wilde, 2007, p. 199).

Estas palabras del joven añaden la característica de la hipérbole ya mencionada, además otorgan significado a la posición de la flor (si la chica la coloca junto a su corazón). El amor envuelve y domina al estudiante, el cual ha puesto sus esperanzas en la consecución del objeto pedido. Y nosotros como lectores hemos llegado al ansiado deseo de ver nacer el amor en la llamada princesa.

Sin embargo, la mujer amada no le da la carga sentimental a la naturaleza de la flor, pues opta por el materialismo al declarar que no va a combinar con su vestido: «Temo que no va a hacer juego con mi vestido, y además el sobrino del chambelán me ha obsequiado unas joyas finísimas, y todo el mundo sabe que las joyas valen más que las flores» (Wilde, 2007, p. 199).

Así, esta postura de la joven muchacha también puede interpretarse como una metáfora sobre la idea que muchos artistas adoptaron conforme se refutaba el romanticismo. Y podemos ir más allá, al pensar en los parnasianistas que dotaban a sus poemas de nuevos coloridos, apoyados en las joyas y piedras preciosas.

Gradualmente, la orientación del pensamiento europeo se aparta del idealismo romántico. Desde mediados del siglo XIX la ciencia quiere desligarse de especulaciones filosóficas para atenerse a los resultados de la observación y el experimento. A este positivismo científico corresponde el realismo literario: en la poesía, la escuela parnasiana, en vez de servir al desahogo sentimental, como la poesía romántica, atiende principalmente al cuidado de la forma y aspira a dar con las palabras la impresión visual propia de las artes plásticas (Lapesa, 1993, p. 27).

Por lo tanto, la flor romántica sucumbe ante las joyas de las nuevas ideologías. Añadamos las siguientes palabras de la mujer del cuento: «Después de todo, ¿quién eres tú? Nada más un estudiante. Creo que ni tienes hebillas de plata en tus zapatos, como las tiene el sobrino del chambelán» (Wilde, 2007, p. 199).

De nueva cuenta, la plata, un metal precioso, es mejor valuado que los sentimientos excesivos del joven estudiante. Si queremos ir más a fondo, también podemos dejar de manifiesto que esta mujer en el cuento no es el típico modelo de mujer del romanticismo: con debilidad por el amor ni bajo la sombra del hombre que quiere dominar sus sentimientos.

El desenlace del joven estudiante en el cuento termina por dejar bajo tierra todo rastro romántico.

—¡Qué cosa más tonta es el amor! —dijo el estudiante alejándose—. No tiene la mitad de utilidad que tiene la Lógica, porque no demuestra nada, y siempre nos habla de lo irrealizable, y nos hace creer en cosas que no existen. Verdaderamente es un sentimiento impráctico y como en estos tiempos el ser práctico lo es todo, volveré a la Filosofía, y estudiaré Metafísica (Wilde, 2007, p. 200).

Contrario a lo que podríamos esperar, y que anteriormente se ha planteado como dos posibles caminos románticos, el joven estudiante opta por abandonar la intensidad amorosa. Se refugia en la lógica y en el análisis frío de la filosofía.

Es por ello que este cuento puede tomarse como una alegoría del fin romántico, dando paso a situaciones un poco más realistas (como fuera aquella desilusión que Madame Bovary experimentó al ver que su matrimonio no fue como sus preciadas novelas amorosas). Aquí tenemos también una mujer que deja de ser la pobre y débil doncella, para regirse por sus propios pensamientos y aceptar lo que ella quiere y no un simple símbolo de amor.

Luego encontramos las piedras preciosas, metales y joyas, de índole parnasianista, que se anteponen a los sentimientos volátiles (la rosa roja) de una de las ideologías que terminarían en el siglo XIX. Esto como un manifiesto de querer abordar nuevas naves en busca de viajes con nuevas experiencias (lógica, metafísica, filosofía) más completas.

El ruiseñor y la rosa, quienes aparecen como protagonistas en el título del cuento, serán los sacrificios y la piedra angular de la historia para fortalecer la proyección de nuevas fórmulas y abandono de sentimientos hiperbolizados.

Bibliografía

Wilde, O. (2007). El ruiseñor y la rosa. México: Porrúa

Lapesa, R. (1993). Introducción a los estudios literarios. México: Real Editorial Iberoamericana.

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