Psicología para la vida. Reflexión sobre la incorporación de la perspectiva de género al servicio público

Juan Jesús Rodríguez Ramírez

Hablar acerca de lo que representa en la actualidad el género nos muestra un panorama triste y desesperanzador. Les contaré un poco de lo que he vivido a lo largo de mi trayectoria profesional, siendo servidor público en Michoacán los últimos cinco años. Lamentablemente esta desesperanza se origina en el desconocimiento acerca de lo importante que es la perspectiva de género en nuestro país (en especial en lo referente a la procuración de justicia y atención a los usuarios), pues se necesita que esta temática deje de ser una moda o un concepto más para justificar y reafirmar el estereotipo patriarcal, sobre el que se cimenta la historia de los últimos años en todo México. Como lo refiere Marcela Lagarde en su obra Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas presas y locas: «Las mujeres comparten como género la misma condición histórica pero difieren en cuanto a sus situaciones de vida y en los grados y niveles de la opresión» (Lagarde, 2005, p. 34). Con estas palabras se observa que el estereotipo patriarcal ha marcado una brecha en el desarrollo y crecimiento del género femenino y se le ha relegado a un segundo y hasta tercer término en lo que a roles sociales se refiere. Explorando estas desigualdades se observa también que el ámbito profesional no es la excepción, basta recordar con una mirada histórica que la mujer ha ido luchando contra toda esta opresión y violencia hasta lograr, dicho en términos propios, «empoderarse» tanto en la historia de la nación como en el ámbito personal.

En mi experiencia como perito institucional y privado, he observado que, sin el conocimiento de la perspectiva de género, la atención que se brinda está incompleta, es tradicionalista: la relación que se establece es de un abuso de poder y una subordinación de quien acude a ser atendido, y no es humana.

¿Por qué es importante entonces la perspectiva de género para un adecuado ejercicio de la psicología y, en particular, de la psicología forense? Hay muchas razones por las cuáles son fundamentales los estudios de género en la profesión, pero me limitaré a enumerar las más relevantes:

  1. La perspectiva de género es parte de la cultura, tradiciones, costumbres y creencias de la mayoría de la población, por lo que conocerlos nos da la oportunidad de aplicar una mirada empática y de aceptación de los otros, sin prejuicios y sí con apertura de pensamiento.
  2. En la mayoría de los casos, atendemos a víctimas, por lo que si utilizamos el tan mencionado estereotipo patriarcal, será inevitable juzgar a los usuarios y conceder la razón al poderoso, lo cual, lejos de ser una vía de acceso a la reparación del tejido social, contribuye y reafirma que solo el poder y la «corrupción del espíritu humano» son las monedas de cambio en este sistema de impartición de justicia.
  3. Estadísticamente la población de profesionales de la psicología está constituida principalmente por mujeres. Dicha realidad puede generar oportunidades de reeducación en valores, creencias, conceptos y manifestaciones socioculturales, lo que también desarrollará grados de conciencia que permitan reflexionar y replantearse el papel que les hemos asignado para que, producto de esta resignificación de los roles a los cuales les confinamos, se logre una integración digna y justa de la importancia de la mujer en la sociedad actual. Lo anterior sin demeritar el trabajo de nosotros los varones, puesto que necesitamos una conciencia y reflexión acerca de lo que llevamos a la praxis, al padecer también de los males que hemos heredado naturalmente, sin que esto sea una justificación, por el contrario, es una redefinición de lo que representa el «ser hombre» en la actualidad, y lo que madurará el concepto tan necesario que pide la sociedad de manera urgente; las «nuevas masculinidades», para comenzar a frenar toda la oleada de violencia de la cual también todos(as) formamos parte.
  4. Otra característica necesaria es el identificar y desenraizar la represión con la que nos movemos en la cotidianeidad, pues ésta –la represión- motiva a que la violencia aparezca, y en conjunto con la paupérrima expresión emotiva que obedece a las etiquetas y estereotipos, que asumimos y colocamos a nuestros(as) semejantes y a nosotros(as) mismos(as), posicionan a la violencia como el lenguaje lastimoso de nuestra humanidad. En la casa, la escuela, la religión, la política, el trabajo y hasta en las relaciones humanas se nos ha enseñado a competir en vez de compartir; tristemente también en nuestra profesión lo hacemos. Queremos destacar como si eso nos situara dentro del entramado social en puestos de privilegio, y aspiramos a ser «jefes» sin mirar que en ese juego dejamos de lado a lo que en los inicios de nuestra formación académica aspirábamos: amor por la profesión y por lo que hacíamos ¿Cuántas veces damos importancia a situaciones y sucesos que realmente no lo tienen? Es preciso identificar estas ocasiones en las que la pasión y el placer por las relaciones humanas ya no existen, en las que «cosificamos» a los(as) usuarios(as) que llegan a la oficina en busca de un poco de «escucha activa» y que, lejos de mirar de esa manera, terminamos clasificándoles como un número de expediente más.

Queda pues de manifiesto a grandes rasgos la importancia de la perspectiva de género en la psicología forense. El tema es amplio y requiere posicionarnos desde diversos sitios para ir entretejiendo y articulando respuestas ante las necesidades actuales de nuestro país, de nuestra sociedad, de nuestra comunidad, de nuestra familia y también, de nosostros(as) mismos(as). Estas líneas plantean un reto: redefinir nuestra forma de vivir y estar en el mundo. El género es una puerta amplia y poco explorada, el fondo de todo es que antes de elegir un género, somos seres humanos y que requerimos interactuar como tales, dejando de lado las luchas de poder y adhiriendo la aceptación y el reconocimiento de la diversidad de los(as) otros(as) como parte de nuestra verdadera historia, esa que será nuestro legado a este mundo y que se convertirá en nuestra trascendencia.

Referencias

Amorós, Celia (1991). Hacia una crítica de la razón patriarcal. México: Anthropos.

Beauvoir, Simone (1966). El segundo sexo. Buenos Aires: Siglo XXI.

Bourdieu, Pierre (1998) La dominación masculina. Barcelona: Anagrama.

Butler, Judith (2001). El género en disputa. México: Paidós.

Lagarde, Marcela (2005). Cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas. México: Universidad Nacional Autónoma de México.

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