La Cofradía de la Limpia Concepción

Laura Cristina Jiménez Estrada

Después de su llegada, los franciscanos, quienes fundaron el Convento de Teocuitatlán en el año de 1597, procuraron el adoctrinamiento de los indios, por lo que fue necesario hacerles conocer una imagen que ellos veneraran y amaran. Para esto tuvieron que fundar las cofradías: «estas eran una junta, hermandad o sociedad cristiana de varias personas que, no viviendo en comunidad ni obligándose por algunos votos o juramentos, se unen en común consentimiento para emplearse en algunas obras de piedad y practicar ciertos ejercicios espirituales con la aprobación de los legítimos superiores, en este caso la Iglesia» (Yáñez, 2002).

     En la mayoría de los pueblos, la imagen que comenzaron a venerar los indios fue la de la Limpia Concepción; en Teocuitatlán no fue la excepción. En un principio, cuando arribaron los españoles, estos solo podían asentarse en lugares apartados de los indios, pues no querían mezclarse con ellos. Es por esto que alrededor del pueblo de Teocuitatlán hubo varias haciendas. Las más antiguas fueron las de Toluquilla, San José de Gracia y Citala, donde vivieron los españoles, pues los indios permanecieron en sus pueblos. Aunque apartados, los españoles les fomentaron el culto a una imagen para mantenerlos integrados y poco a poco adentrarlos en la religión católica.

El 5 de agosto de 1649 el señor obispo Juan Ruiz de Colmenero les dio licencia para pedir limosna y poder hacerse de bienes y formar la asociación llamada la Cofradía y Hospital de Nuestra Señora de la Limpia Concepción del pueblo de Teocuitatlán.

A partir de ahí, se comenzó con esta sociedad. Con los bienes que se recolectaron de las limosnas, se compraron animales, tales como ganado vacuno, ovejas, caballos, burros, etc. Los mismos bienes estaban administrados por un mayordomo, quien al pasar el tiempo vendía algunos de ellos para poder celebrar cada año la fiesta del santo. En dicha fiesta se realizaba una procesión por el pueblo con la imagen, una misa cantada. Cerca de 1689, se pagaban cuatro pesos al convento de Teocuitatlán, que en ese momento era administrado por religiosos franciscanos, quienes estuvieron en el pueblo hasta 1755, año en el que el curato de Teocuitatlán se convirtió en Parroquia y comenzó a ser administrada por sacerdotes del clero secular.

El administrador o mayordomo de esta Cofradía también se encargaba de alimentar y resguardar los animales en un potrero, por lo que ese lugar donde pudiesen pastar era llamado «La Cofradía». Él mismo se encargaba del hospital, el cual era una pequeña casa con dos cuartos: uno para hombres y otro para mujeres, donde se debía de atender a los viandantes que pasaran por el pueblo. Este hospital era un lugar donde llegaban a descansar los que así lo necesitaran.

Cada año, el mayordomo tenía que entregar un reporte a los religiosos o a los curas acerca de los bienes de la Cofradía, tanto de lo que tenía como de lo que se había vendido para la celebración de la fiesta. Asimismo, cada vez que el señor obispo realizaba la Santa Visita, se le entregaba un reporte de los bienes de la Cofradía.

El día 10 de enero de 1698, el señor obispo Fray Felipe Galindo realizó una de las primeras visitas a este pueblo. En ella se le reportó que la Cofradía de la Limpia Concepción contaba con 536 cabezas de ganado mayor (vacas), 85 yeguas en cinco manadas, 14 potros, 20 potrancas, 84 ovejas y 30 corderos. 

La siguiente visita pastoral que se hace a este pueblo fue realizada el día 5 de diciembre de 1707 por el obispo Don Diego Camacho y Ávila. Al revisar los cuadernos de las cuentas de dicha Cofradía, se le reportó que, para este año, contaba con: ganado mayor arriba de 605 cabezas, 345 de caballada, con 2 yeguas rejegas, 206 de muletos macho y hembra, 10 mulas mansas, 9 potrancas y 77 potranquillos y 57 caballos mansos.

De igual forma, el día 21 de enero de 1731, la visita fue realizada por el obispo Nicolás Carlos de Mimbela, en la cual ordenó «a los viandantes que llegaran al hospital se les permita permanecer por espacio de veinte y cuatro horas; que se atienda a la curación de los enfermos en el dicho hospital, y que se pusiera una cama más, pues solo había una. Que a los que tenían la Cofradía, también les tocaba comprar la cera para la celebración de la Concepción» (A.H.A.G. Visitas Pastorales, 1731).Para este año, la Cofradía tenía en bienes: 287 cabezas de ganado vacuno, 122 yeguas rejegas, 4 muletos de herradero (mulas), 14 potros, 1 burro manadero, 51 caballos mansos y 194 cabezas de ganado menor (ovejas).

El día 1 de julio de 1757, el obispo Fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada realizó su visita a este pueblo, donde se le informó que la Cofradía ya contaba con 1 128 reses de hierro arriba, 75 yeguas rejegas, 2 muletos, 23 caballos mansos y 2 mulas mansas. En este mismo año la Parroquia de San Miguel de Teocuitatlán ya era administrada por curas seculares.

Diez años más tarde, el 9 de febrero de 1767, el Juez Visitador Doctor Don Mateo Joseph de Arteaga realizó la visita al pueblo de Zacoalco, lugar a donde tuvo que acudir el cura Juan Palomera, el segundo cura secular de Teocuitatlán, para mostrarle los libros de la administración de la parroquia. Este último reportó que dicha Cofradía ya contaba con: 376 reses de hierro arriba (herradas), 102 becerros de herradero, 13 yuntas de bueyes y algunas yeguas, burros, caballos y mulas.

En esta misma visita, por mandato del señor obispo Don Diego Rodríguez Rivas de Velasco, se ordenó que «le concedía a dicho cura, que de la Cofradía, saque 10 novillos, y los venda, y con su importe haga la Noria que pretende, para que tenga el ganado de la Cofradía que beber, y así no transite tanta tierra para beberla, con lo que se espera el mayor aumento en dicha Cofradía» (A.H.A.G. Visitas Pastorales, 1767).

En conclusión: primero, esta información se remonta a la fecha aproximada en que empezó a venerarse a la Purísima Concepción, que en ese momento era llamada la Limpia Concepción. Con dicha veneración se instruyó a los indios en la religión católica.

Segundo, de acuerdo a la administración que se le diera a la Cofradía, los pobladores podían tener recursos para la celebración de la fiesta de la venerada imagen. Asimismo, los bienes se multiplicaron con el tiempo.

Tercero, la Noria, que fue solicitada por el cura Juan Palomera, ayudó para que los animales se beneficiaran, pues se evitó que transitaran distancias tan largas para llevarlos a beber agua. Esto también ayudó a que dichos bienes continuaran aumentando.

Cuarto, en este año 2020 se celebra a la Purísima Concepción en los primeros ocho días del mes de diciembre. Aunque ya no existen estas asociaciones llamadas cofradías, los habitantes de Teocuitatlán, se siguen organizando para dicha celebración. Aún existen estos terrenos que ocuparon la llamada cofradía y el lugar donde se construyó la Noria: ambos ubicados en la zona noreste de la población. En la actualidad sus habitantes todavía los conocen por esos mismos nombres.

Referencias

(A.H.A.G.) Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Guadalajara. Libros de Visitas Pastorales.

Yáñez Rosales, Rosa H. (2002). Guerra espiritual y resistencia indígena. Guadalajara: Universidad de Guadalajara.

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