El machismo y sus males (in)visibles. Cuerpos al servicio del patriarcado

Andrea Lozano

Han pasado alrededor de cuatro meses desde que el confinamiento mermó a México y al mundo de múltiples formas: desde lo social hasta lo económico, sin olvidar, por supuesto, a los millones de personas contagiadas y muertas, cuya cifra parece tener mecha para rato. La pandemia de Covid-19 golpea la aparente calma del mundo. Ha desquebrajado familias pero restaurado un poco nuestros ecosistemas. Ha tumbado economías e impulsado otras que apenas emergían. Un cambio total que nos lleva a una supuesta «nueva normalidad», a la que no todos podrán adaptarse.

En medio del tremendo remolino de situaciones que harán al 2020 un año inolvidable, las brechas sociales y económicas se vuelven más profundas, aún más de lo que ya estaban hasta hace algunos meses. Este es el momento que tenemos para cuestionar si realmente la nueva normalidad es, valga la redundancia, nueva, o solamente un reflejo más hostil de la que hemos estado viviendo los últimos años.

La precarización está a la orden del día en distintos sectores, pero en esta columna quiero hablar de uno de los mundos —quizá— más invisibles, pese al hecho de que puede llegarse a él tan solo asomándose en las calles que se promocionan a voces, o yendo a meter la nariz a esas casas que todos saben dónde están y a qué se dedican.

La prostitución ha sufrido embistes duros en esta pandemia. Uno de los sectores más marginados y desgraciados ha tenido que innovar, mientras continúa segregando más a los millones de mujeres que se encuentran en sus garras.

Las crisis económicas, el hambre, la falta de estudios y la violencia hacia las mujeres se llevan muy bien con la prostitución, le acarrean miles de mujeres anualmente. Incluso, muchas migraron su actividad a las plataformas digitales, o realizando visitas al domicilio del cliente, actos que las vulneran más y las expone a otro tipo de violencias. Sin duda, el apoyo a este sector es urgente, por lo que se tiene que apostar por erradicar este sistema que subordina el cuerpo de las mujeres al patriarcado:

Elvira Madrid, presidenta de Brigada Callejera expuso a 24 horas que Calzada de Tlalpan, Merced, Puente de Alvarado y Tacuba fueron algunas de las avenidas por las que la ONG hizo dicho recorrido.

«Ya hicimos un diagnóstico de hace dos semanas y recorrimos el 70% de donde se ejerce el trabajo en la vía pública, y eran siete mil 500 (sexoservidoras) hasta el mes de abril y de esas aumentó un 30%», señaló; es decir, la ONG detectó un total de 10 mil trabajadoras sexuales en estas avenidas (Fragoso, 2020).

En la pandemia del Covid-19, este mundo está creciendo, pese a las medidas sanitarias, que incluso dificultan la ejecución de cualquier servicio de índole sexual. Este fenómeno ya es posible visualizarlo en redes sociales, y en ciudades como Cancún:

Tan solo con colocar Cancún en el buscador de Twitter, las opciones de sexo servicio aparecen en gran cantidad, mujeres hombres, hombres gays, tríos y demás opciones se encuentran ofertados en esta red social sin inhibiciones, en donde se ha visto un aumento de esta actividad durante la pandemia.

Las ofertas cambian día a día y muchas caducan en cuestión de horas, sin embargo, el motivo es el mismo, sexo o placer a cambio de una compensación económica, o sea prostitución y es que muchas jóvenes se han visto en la necesidad de hacerlo debido a la fuerte crisis financiera derivada de la contingencia por Covid-19 (Verdad, 2020).

Vamos a cifras duras que permitan dimensionar los números de la prostitución y la trata en el mundo: «Según datos del Parlamento Europeo, unos 40 millones de personas en el mundo son víctimas de la prostitución. En Europa Occidental se calcula que son entre uno y dos millones. El 80% son mujeres y niñas, en su mayoría de entre 13 y 25 años» (Clinic, 2020).

Pero ¿cómo es que las mujeres encuentran en la prostitución una «salida» a sus problemas económicos en crisis como estas? En palabras de Ángel Baraybar, quien es exjuez de Paz, y en 2014 fungía como viceintendente de Santa Rosa por el Frente para la Victoria en Argentina:

Entiendo que la prostitución como una de las profesiones más viejas del mundo no se va a terminar nunca, por necesidad o por lo que sea. Imagino que hay gente a la que la lleva la necesidad de vivir, manteniendo aunque más no sea su familia [sic]; y hay algunas que realmente lo hacen porque les gusta la profesión. (Nación, 2014).

Las palabras de Baraybar reflejan muy bien cómo llega a considerarse a la prostitución como una, malamente llamada, «profesión». Se cree que las mujeres víctimas de prostitución están ahí por placer, porque les acomoda bien y su decisión fue tomada lo más íntegra y lúcidamente posible. La pandemia del Covid-19 nos brinda una oportunidad perfecta para entender que dichos argumentos —usualmente lanzados por ideologías reglamentaristas que buscan empoderar la realidad de la prostituta— representan a una pequeñísima minoría. Se estima que «el 99% de las mujeres, niñas y adolescentes son captadas por las mafias de tratantes y proxenetas por su alto grado de vulnerabilidad, por falta de oportunidades, pobreza y violencia que han sufrido previa a la trata y la explotación a que están sometidas» (Ulloa Ziáurriz, 2020). Si calculamos rápidamente —usando las cifras que proporcionaron el Parlamento Europeo y las de Teresa Ulloa—, estaríamos hablando de 30 680 000 mujeres víctimas de trata en el mundo, frente a las 132 000 que supuestamente se prostituyen por «decisión propia».

Discriminar entre las mujeres que se putean por «convicción» y las que son obligadas por las redes de las mafias, no resulta de interés cuando se conocen estas cifras. Estas minorías pueden estar formadas igualmente por mujeres precarizadas, que consideran haber tomado su decisión de manera libre: desde la mujer que no tiene para alimentar a su hijo, abandonado por su padre, aquella que fue violada y tuvo que dejar el núcleo familiar, la que se putea para costearse las matrículas y planea dejarlo en cuanto tenga oportunidad; o la que está contratada en un trabajo que no cubre sus necesidades básicas al cien por ciento, pero que tampoco tiene los estudios necesarios para aspirar a un mejor puesto.

La cultura patriarcal es la principal culpable de que miles de hombres soliciten los servicios de una puta. El que una mujer considere putearse cuando el hambre le llama, se debe a que el sistema educa de esta manera: se cree que todo se puede comprar porque todo se puede vender, y el cuerpo femenino se pretende amoldar también. Esto es el capitalismo y beneficia a los puteros, permitiéndoles conseguir con dinero lo que de otra forma no está a su alcance.

Martha Elisa de León, sobreviviente de prostitución y autora del libro Las ocultas: una experiencia de la prostitución (2012), explica muy bien lo anterior. Ella dice:

Observemos en qué consiste, a la hora de la verdad, ser puta «voluntaria»: te acostumbras a decir que sí cuando querrías decir que no. Te fuerzas a ti misma a ser agradable hasta límites patológicos, cuando a menudo tu impulso natural te pediría darle una patada al cliente, ya sea porque es un grosero contigo, o porque te toca de mala manera y te está haciendo daño. Todo esto solo tiene un nombre: sumisión. Esclavitud. He ahí la gran libertad, pues, de las putas «libres». Son mujeres que dicen ser libres… para encarcelarse. (De León, 2012, p. 93).

De nuevo, la supuesta libertad que tiene una puta que «decide serlo» se estrella de frente si se reflexionan con detenimiento las palabras anteriores de Martha Elisa de León. De no existir el dinero de por medio, la disposición a putearse no sería la misma, pero ellas se obligan a hacerlo porque dependen de él —en mayor o menor medida—, incluso porque creen que lo decidieron de manera libre, con la falsa idea del empoderamiento femenino, que termina subordinando su cuerpo al patriarcado, el cual sigue oprimiendo a la mujer. En el peor de los casos, porque la precariedad económica ya les cala en el estómago o en los de su familia. La puta no es dueña de su cuerpo, y la falta de oportunidades o su situación económica son grandes compañeros de su esclavitud sexual.

Recuerdo la primera vez que leí acerca de Sonia Sánchez, una sobreviviente de la prostitución. Ella sostiene que la prostituta es «puta» —así a secas— porque «palabras como prostituta, trabajadora sexual y todas las demás maquillan y distorsionan la realidad» (Sánchez, 2017). En su momento, su postura me sonó cruda y sorda, inclusive innecesaria. Años después, entendí qué sucedía. Yo tampoco puedo creer que exista algo «empoderante» en el hecho de que una mujer sea penetrada múltiples veces, o tenga que lidiar con parafilias que tal vez odie, pero necesite tolerar para ganarse algo de dinero, pese a que después se las tenga que ver con padecimientos físicos y emocionales difíciles de sobrellevar y erradicar. Es que verdaderamente existe una tendencia para la dignificación a lo que se pretende insertar como «trabajo sexual», y la precarización y el rezago educativo que acarrean sucesos como la pandemia de Covid-19 intensifican el número de mujeres que buscan en la prostitución una salida amarga a sus problemas financieros.

Elvira Madrid detalló: «Regresaron otra vez a ejercer, algo que ya habíamos visto del trabajo que veníamos haciendo de hace 30 años donde la abuelita era, la mamá era, la hija era, la nieta era, otra vez está volviendo a esto, al no tener para pagar la renta, la alimentación y no hay trabajo» (Fragoso, 2020).

En el intento de empoderar a la prostitución, se le suele equiparar al trabajo de oficinista o de ingeniero, por decir algunos, pero este discurso ciertamente funciona como un borrado de millones de mujeres —como ya vimos— que se prostituyen por obligación.

Yo no estoy diciendo que no merecen los derechos laborales que tanto se les prometen en los movimientos reglamentaristas, pero es que la prostitución ni siquiera debería existir. Para mí el punto no es si pueden o no sindicalizarse las prostitutas, o si pueden o no acceder a un sistema de salud digno. Para mí, ellas necesitan el apoyo para salir de ese estruendoso mundo y para satisfacer sus condiciones económicas y sociales sin que tengan que prostituirse para llegar a esto. Creo que la verdadera cuestión es que nuestros gobiernos se encuentren en la obligación de otorgarles mejores oportunidades laborales y sociales, lejos de la violencia, y que la educación mejore la empatía y se enfoque en evitar el consumo de la prostitución y la inserción de nuevos puteros a esta clientela.

Referencias

Clinic, The (2020, 30 de marzo). Víctimas de trata y explotación sexual: las grandes olvidadas en medio de la pandemia. Recuperado de https://www.theclinic.cl/2020/03/30/victimas-de-trata-y-explotacion-sexual-las-grandes-olvidadas-en-medio-de-la-pandemia/.

Fragoso, M. (2020, 24 de julio). Por pandemia, aumentó el número de sexoservidoras. 24 horas. Recuperado de https://www.24-horas.mx/2020/07/24/por-pandemia-aumento-el-numero-de-sexoservidoras/.

León, M. E. de (2012). Las ocultas: una experiencia de la prostitución. Madrid: Turner.

Nación, La (2014, 22 de mayo). Un funcionario aseguró que hay mujeres que se prostituyen «porque ellas quieren». Recuperado de https://www.lanacion.com.ar/sociedad/un-funcionario-aseguro-que-hay-mujeres-que-se-prostituyen-porque-ellas-quieren-nid1693555.

Sánchez, S. (2017, 27 de noviembre). El mismo hombre que te hace puta, en otro barrio es un marido y un padre. BBC. (I. Hernández Velasco, Entrevistador). Recuperado de https://www.bbc.com/mundo/noticias-42052124.

Ulloa Ziáurriz, T. (2020, 4 de mayo). Covid-19, prostitución y trata: Mirando hacia el Futuro. El plural. Recuperado de: https://tribunafeminista.elplural.com/2020/05/covid-19-prostitucion-y-trata-mirando-hacia-el-futuro/.

Verdad, La (2020, 26 de julio). Aumenta la prostitución en Cancún durante la pandemia por medio de Twitter. Recuperado de https://laverdadnoticias.com/quintanaroo/Aumenta-la-prostitucion-en-Cancun-durante-pandemia-por-medio-de-Twitter-20200726-0032.html.

Comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s