El germen de los héroes

Krsna Sánchez Nevarez

El Héroe cruzó el bosque. Blandía su espada con ambas manos. Iba repartiendo tajos y estocadas contra enemigos imaginarios. Llevaba la cabeza ocupada por ensueños de epopeyas y proezas. Llegó a la cueva del Dragón y descendió a la oscuridad. En el fondo de la gruta desafió al monstruo con valentía. La contienda fue larga y encarnizada. Al final, el Héroe sucumbió derrotado. Su cadáver se marchitó como una fruta podrida.

El Héroe cruzó el bosque. Blandía su espada con ambas manos. Iba repartiendo tajos y estocadas contra enemigos imaginarios. Llevaba la cabeza ocupada por ensueños de epopeyas y proezas. Llegó a la cueva del Dragón y descendió a la oscuridad. En el fondo de la gruta desafió al monstruo con valentía. La contienda fue larga y encarnizada. Al final, el Héroe sucumbió derrotado. Su cadáver se marchitó como una fruta podrida.

El Héroe cruzó el bosque. Blandía su espada con ambas manos. Iba repartiendo tajos y estocadas contra enemigos imaginarios. Llevaba la cabeza ocupada por ensueños de epopeyas y proezas. Llegó a la cueva del Dragón y descendió a la oscuridad. En el fondo de la gruta desafió al monstruo con valentía.

— ¡No! ¡Ya no más! — el Dragón interrumpió el reto—. Cada cierto tiempo llega a mi hogar uno de ustedes para molestar. Ninguno pudo derrotarme. Mira. —Señaló con su garra una pila de cuerpos que emanaban un espeso jugo de aroma dulzón— ¿Quieres correr la misma suerte que tus semejantes? Creo que ninguno de ustedes conoce siquiera su identidad real. Y mucho menos saben el motivo que los trae a buscar la muerte. ¡Mejor lárgate de aquí! Ve a encontrar la verdad de tu destino.

El Héroe abandonó la cueva cabizbajo y confundido. El Dragón tenía razón: ignoraba su propia identidad. Tampoco conocía el lugar de donde provenía. Hasta ese momento no había tenido otro interés más que enfrentarse con el monstruoso reptil. 

Regresó sobre sus pasos atravesando del bosque. Al otro lado, encontró un claro en la espesura. En medio de ese lugar se alzaba un enorme árbol de aspecto milenario. En sus ramas, colgados como frutos, se hallaban otros seres humanos semejantes a él. Cada uno de ellos estaba equipado con su propia espada. Los guerreros mostraban distintos grados de maduración. Había bebés, niños, muchachos y también adultos que estaban a punto de caer al suelo, ya desarrollados completamente.

El Héroe comprendió que era un miembro más de una interminable estirpe vegetal. No hacía mucho tiempo que se había desprendido de la copa del árbol abominable, igual que todos los héroes que fueron a parar a la cueva del Dragón. Todas sus aspiraciones provenían del mismo germen necio e irracional. No soportó la revelación. Huyó del lugar casi enloquecido.

Por la noche, regresó al hogar del Dragón. No tenía otro sitio al cual acudir en busca de refugio. En esta ocasión, ingresó con serenidad y discreción. Se sentó junto a la pila de sus congéneres muertos y entabló conversación con el dueño de la caverna para relatarle su tortuoso descubrimiento.

—El árbol es un Wak wak —explicó el sabio reptil—. Esa clase de plantas producen frutos en forma de personas. Este ejemplar debe pertenecer a una variedad que genera héroes.

—Así que yo no soy un héroe de verdad —murmuró con tristeza—. Solamente soy una baya silvestre.

Hundió el rostro entre sus manos y comenzó a sollozar. El Dragón tuvo el sentimiento más cercano a la compasión que podían albergar las criaturas de su especie.

—A pesar de todo, todavía tienes la oportunidad de actuar heroicamente —dijo con entonación consoladora— Regresa al claro del bosque, tala el árbol y termina con esta historia de una vez por todas.

El Héroe se incorporó reanimado por aquellas palabras. Volvió a blandir la espada y se arrojó al exterior con una determinación embravecida. El Dragón albergó la sincera esperanza de que cumpliera con su misión.

Poco tiempo después una nueva figura se presentó en el umbral de la cueva. Su voz envalentonada estremeció los muros de roca.

— ¡Hala, engendro! ¡He venido a desafiarte!

El Dragón comprendió que el Héroe no cumplió su cometido.

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