El cine entre nosotros. Cómprame un revólver: el espejo adelantado

Diego Daniel

Es probable que, tiempo atrás, las condiciones del mundo planteado en Cómprame un revólver (un México al borde de la extinción: la mayoría de las mujeres han desaparecido y el narco llevando la batuta infligiendo violencia) representarían un escenario original para el espectador que buscase ver una distopía muy alejada de su realidad: algo aterrador pero poco tangible, en una ficción atractiva e intrigante. Hoy no es así; hoy México camina muy de cerca tras los pasos de lo planteado en esta cinta del 2018 dirigida por Julio Hernández Cordón. Definitivamente la película nos atraerá, pero con lazos más cercanos e internos.

Kafka dijo que la literatura (el arte) es inútil cuando resulta cómoda para la sociedad. Esto se ha pronunciado a lo largo de los años con distintas voces y matices. Cómprame un revólver comprende el momento actual mexicano y no devela mucho para un conciudadano, sino que le entrega, a lo largo de noventa minutos, una ficción en donde apenas se redondean varias de las problemáticas que nos aquejan: machismo en forma de violencia contra la mujer y los infantes, así como hacia los mismos hombres; desapariciones; drogadicción; narcotráfico; autoridad corroída e inoperante; miedo a la libertad; alienación; entre algunos más. No es necesario apelar a elementos demasiado trabajados para que el mundo de Cómprame un revólver nos parezca incómodo y funcione como un espejo posible que se adelantó unos cuantos años.

La película dibuja un futuro que parece cada vez más inminente y nos hace sentir partícipes de lo que sería su pasado. Aunque no busca dar respuestas, las sutiles exageraciones de las que se vale para construir su escenario nos ponen de frente ante la responsabilidad de pensar cómo estamos haciendo las cosas, por qué y para qué. Es decir que Cómprame un revólver se erige como una pesadilla muy vívida, de la cual es posible despertar pero que amenaza con comerse nuestro día a día si no hacemos algo para resolver nuestros conflictos.

Es lamentable ver cada día en las redes sociales decenas de fotografías de mujeres (no son las únicas afectadas pero sí un sector muy violentado) acompañadas de la leyenda «desaparecida». Este es uno de los problemas que subraya con mayor fuerza Julio Hernández y lo lleva al extremo, así como la importancia de la feminidad para el desarrollo adecuado de una sociedad sana.

Huck, la protagonista de la cinta que nos ocupa, es una pequeña niña que, por ese solo factor, está siempre en peligro de desaparición o muerte. Es la única mujer en todo el lugar, quien ha logrado sobrevivir sólo porque su padre, Rogelio, un adicto esclavizado por el narco, la obliga a ocultar sus rasgos femeninos con el fin de que los criminales no se la lleven, tal como sucedió con su hermana y su madre. Padre e hija viven en un remolque al cual fueron lanzados luego del dominio total al que ha llegado la organización delictiva para la que Rogelio sirve bajo amenazas.

Huck reúne dos de los elementos que lograrían fincar la esperanza de derribar al enfermo mundo construido en Cómprame un revólver; estos elementos son irónicamente debido a su vulnerabilidad: ser mujer y formar parte de la infancia. Los niños (quedan unos pocos huérfanos en la comunidad) están sumergidos en un entorno lleno de violencia, sin educación alguna ni mayor consideración que la de ser blanco de abusos y amedrentamientos. El abandono en el que se encuentran los orilla a buscar por ellos mismos su lugar en el mundo; no desean ser subyugados por siempre, pero ¿cómo lograrlo? Desde la perspectiva masculina, donde el más fuerte vence, parece que costará más tiempo del que quizá logren sobrevivir.

Huck es «una chica con suerte», como ella misma se denomina; es la amalgama que logra conectar el panorama desolador con unos niños, dueños del futuro, sedientos de vida libre, haciéndolo ver, sin demasiada intención, como un lugar que puede ser mejor. Julio Hernández erige delicadamente la figura de la niña, quien es llevada por circunstancias que sortea con una asertividad natural, como una solución inmediata y necesaria.

En esta perspectiva a futuro llamada Cómprame un revólver, la feminidad y la inocencia, así como la fuerza de estos elementos, están pintadas con un brillo especial, lo cual da la impresión de tener el potencial para salvarnos. No obstante, deducimos: qué mejor que anticiparnos, desde ya, a buscar la equidad y el respeto en la infancia. La cinta de Hernández Cordón nos da dicha oportunidad, pues nos coloca en un punto todavía no decisivo. Quien quiera pensar sobre esto y muchas cosas más, disfrutará mucho viendo esta grandiosa película mexicana.

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