El machismo y sus males (in)visibles. De cocinas, deberes y escaso reconocimiento

Andrea Lozano

Engarce celebra su quinto aniversario con una temática referida a los alimentos. Banquetes, cenas y abundancia son las imágenes que plagaron mi mente de ideas, y me han permitido escribirles de nuevo para esta edición tan especial.

El tema que me interesó desarrollar para este número, precisamente, se refiere a las mujeres y la cocina, su desempeño, y cómo la relación entre ambas cambia si se desarrolla en el ámbito profesional o fuera de él.

La cocina se visualiza como una característica inherente a las mujeres, como si todas debieran tener la habilidad de cocinar, por ser mujeres. Pero este tema agarra un trasfondo interesante si se explora con un mayor detenimiento. Aunque se tiene la teoría de que la cocina nació por iniciativa de las mujeres, esta más bien ha funcionado, a lo largo de los años, como un espacio de encasillamiento —si se desarrolla en el ámbito familiar— y, por otro lado, como un campo laboral con poco crecimiento para ellas.

La cocina ha sido uno de los espacios más delegados a la mujer desde tiempos inmemorables. Me viene ese refrán: «al hombre se le conquista por el estómago». Al iniciar esta columna este popular dicho pocas veces tocó mis pensamientos. No es algo que me hiciera eco suficiente para llamar mi atención. Pero ahora que lo medito minuciosamente, entiendo la carga estereotípica que tiene esa oración de ocho palabras que se nos ha repetido, y que pareciera funcionar como la fórmula mágica que una mujer tiene para conseguir pareja.

Y es que esta frase está tan arraigada que la encontramos incluso en expresiones artísticas pensadas para niños. Por ejemplo, en una película de la máxima casa de dibujos animados, Disney: The princess and the frog (2012), película animada centrada en el amor de una mujer negra y un príncipe convertido en sapo. El trasfondo de la historia de amor es el anhelo de Tiana. Ella sueña con abrir su propio restaurante, pero pocos confían en que lo logre. Aunque también sufre de los estereotipos raciales claros, es evidente que el hecho de ser mujer le implica un gran peso para cumplir sus metas en el mundo culinario. Cocina bastante bien, es buena camarera, pero ¿restaurantera? No, no. No se cree en que lo pueda llegar a ser. Y aunque The princess and the frog (2012) sea una historia ficticia ambientada en la Nueva Orleans antes de la década de 1920, si miramos al mundo culinario actual, la realidad sigue siendo desigual para las mujeres. Por otro lado, en la película de Pixar Studios, Ratatouille (2007) —ambientada en el mundo de los restaurantes de alta cocina—, la única personaje cocinera hace hincapié a lo cerrado que es el mundo gastronómico para las mujeres.

En el hogar se tiene tan arraigado entender la cocina como una responsabilidad de las mujeres, que se considera natural que sean estas las que abnegadamente dediquen parte de su tiempo a cumplir esta función de manera íntegra. Ella cocina lo que el hombre le provee, ese es uno de los pilares sexistas más arraigados en las familias. 

Se cree que ellas deben cocinar porque estereotípicamente también se piensa que son más hábiles. Si es más hábil, entonces es su responsabilidad asumir esa función, de la forma que sucede con la crianza de los hijos —por haberlos parido— y las labores domésticas. Aquí se amolda a la perfección por qué el dicho presentado en el principio tiene un peso tan interesante, y sigue viéndose como válido. Se espera de la mujer que ella sea la que llene el estómago de su hombre, el cual es visto como el proveedor. Y no digo que sea en todas las parejas heterosexuales del globo, pero sí en aquellas en las que sus integrantes poco han profundizado en cuestiones feministas.

 Y fuera del ambiente personal y familiar, allá en el campo laboral, los papeles se invierten y son ellos los que escalan a posiciones gastronómicas más elevadas y con mayor facilidad.

El poco peso de las mujeres en la primera división gastronómica no es, ni mucho menos, un fenómeno específico de España. En la reconocida lista The world’s 50 best restaurants hay que esperar a la trigésima posición para encontrar a una cocinera, Elena Arzak, que lleva el día a día del triestrellado Arzak mientras que su padre, de 74 años, se encarga más de la supervisión. Sólo aparece otra, en el número 40 de la clasificación: Daniela Soto-Innes, del mexicano Cosme, en Nueva York, uno de los restaurantes donde se vio a Barack Obama disfrutar una de sus últimas cenas antes de finalizar su mandato. (Aracuas, 2018)

Como ya mencioné, la cocina se mantiene como una de las principales responsabilidades de las mujeres dentro de sus hogares. La cocina es su campo de acción hasta en los días de asueto. Basta mirar con detenimiento las fiestas decembrinas, Año Nuevo y hasta el Día de las Madres para darse cuenta del importante papel que juegan las mujeres para llevar a la mesa las fastuosas cenas que engalanan esos días, aunque su cansancio termine mermándolas física y mentalmente. Pero en el exterior, la situación es diferente, y a mí me hace pensar que mucho viene por la amplia carga que la mujer tiene en sus hogares, y que, al momento de buscar desempeñarse en el ámbito laboral, simplemente le complica todo. De acuerdo a la siguiente cita extraída del artículo «La importancia del feminismo en la industria gastronómica»: «De acuerdo con el Anuario de Educación Superior, carreras como Hotelería y Gastronomía en la CDMX arrojan una demanda mayor al 10% de todas las licenciaturas y aproximadamente el 60% de los estudiantes son mujeres» (García, 2020). El hecho de que el 60% de los estudiantes de carreras como hotelería y gastronomía sean mujeres no las coloca en igualdad de condición frente a sus compañeros masculinos. Como prueba está la lista The world’s 50 best restaurants del 2018, cuya situación ya se explicó en una cita anterior. Las mujeres se encuentran opacadas en la gastronomía, y la brecha salarial es una realidad, así como lo es en el resto de los sectores.

El año pasado dos grandiosas mujeres chefs mexicanas lograron robarse los reflectores de una industria que es liderada por hombres. Daniela Soto y Karime López fueron galardonadas con dos reconocimientos diferentes. Por un lado, Daniela recibió el premio a la mejor chef del mundo dentro de los World’s 50 Best, siendo la persona más joven dentro de estos premios. Karime López fue merecedora de una Estrella Michelín, convirtiéndose en la primera mexicana y la única mujer que apareció en la edición del 2019. (García, 2020).

La edición de la Guía Michelín 2019 es un ejemplo perfecto de la postura que vengo defendiendo a lo largo de esta columna: la mujer estereotípicamente carga sobre sus hombros la responsabilidad de la cocina —cuando esta es dentro de su casa—, mientras que, en el sector profesional, no cuenta con las mismas oportunidades y reconocimiento que sus compañeros masculinos. Los prejuicios, la falta de apertura, la cultura patriarcal y la invisibilización fungen como los principales obstáculos para eliminar en definitiva estas brechas. La presión que tienen las mujeres en las cocinas es mayor a la de los hombres, y se exalta, precisamente porque muchas cargan las tareas del hogar y deben maternar antes o después del horario de trabajo. «Según ONU Mujeres, las mujeres suelen tener que superar situaciones de discriminación activa y sortear una cultura que no sólo glorifica la masculinidad, sino que también aprueba tácitamente el acoso» (Quiñones, 2020). Esta también puede ser una de las razones por las que muchas profesionistas gastronómicas optan por abandonar su carrera profesional. 

Para finalizar esta columna, agrego la siguiente cita a modo de reflexión:

La mujer claro que pertenece a la cocina. Igual que el hombre, igual que todas las personas que quieren encontrar en ella un sitio seguro, cálido y donde puedan ser lo que quieran. El feminismo busca la igualdad en este sector, igual que en todos los demás. Además de eso, busca eliminar la brecha salarial y dar paridad en oportunidades de desarrollo profesional. (García, 2020).

Referencias

Aracuas, Natalia (2018, 11 de enero). Las mujeres en la (alta) cocina: la revolución feminista pendiente. El Paíshttps://smoda.elpais.com/feminismo/mujeres-alta-cocina-revolucion-feminista/.

Bird, B. (2007) Ratatouille [película]. Estudios de Animación Pixar.

Clements, R. y Musker, J. (2012). The princess and the frog [película]. Estudios de Animación Walt Disney.

García, Mariana (2020, 3 de abril). La importancia del feminismo en la industria gastronómica. Animal Gourmethttps://www.animalgourmet.com/2020/03/04/feminismo-industria-gastronomica/.

Quiñones, Laura (2020, 8 de marzo). La desigualdad de género también se combate desde la cocina. Noticas ONUhttps://news.un.org/es/story/2020/03/1470791?fbclid=IwAR0ybUc1LFogmsH88SaG_KNjCKOBMLOmXpK_kvIpCZ5VTuYr_8XRslHZb04.

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