La virtud de ser mujer

Carolina Cabrera

Este es un discurso en honor a todas las mujeres víctimas de la violenta desigualdad de nuestro país y aquellas que no volvieron; para nosotras mujeres llenas de virtudes, dotes y atribuciones, que en su mayoría no son reconocidas por el dominio del machismo; para ti, mujer, que eres víctima de la violencia de algún hombre excusado en tu ropa, en la hora, en algún lugar e, incluso, excusado por el alcohol; para nuestras mujeres mexicanas que fueron víctimas del secuestro, violación o asesinato.

Nosotras mujeres somos excéntricas para las personas intelectuales, chifladas para la gente común, poesía e inspiración para los autores, seres de alas y no de jaulas. Somos fuente de felicidad inigualable, de fuerza y virtud incomparable. Nosotras somos voraces y feroces.

Nosotras mujeres somos como los atardeceres: únicas, llenas de vida y color, quienes la mayor parte del tiempo poseen colores claros y algunos oscuros, los cuales muchas personas pueden ver, aunque no todas de la misma manera; quienes se pueden  apreciar de diferentes formas en cada lugar. Considerémosnos un atardecer, ya que poseemos infinidad de virtudes, así como debilidades. Quizá muchas personas puedan ver lo que ofrecemos pero pocas lo que tuvimos que hacer para poder llegar. Lo más importante es que sigamos así, brillando, alcanzando el éxito.

Nosotras tenemos la virtud de ser prudentes, prudentes en las decisiones que tomamos desde el despertar hasta el momento de ir a la cama, con valores que nos permiten vivir en armonía y con los seres humanos, con sensibilidad a los demás seres vivos. Somos prudentes porque sabemos decir lo que queremos, sabemos decir no y sabemos decir sí. Además, somos sabias porque conocemos lo que debemos hacer; poseemos la habilidad de saber cómo debe hacerse y la virtud de hacerlo.

Nosotras féminas somos un misterio de seda. En las adversidades sacamos nuestras virtudes, nosotras que somos un mundo con paisajes y curvas, llenas de un cielo estrellado de pensamientos; que somos luz, fuego y aire. Somos lo que hacemos sentir, más que un mar de sentimientos.

Somos lo que sabemos y lo que ni nos imaginamos. Nosotras mujeres somos más fuertes de lo que sentimos. Somos motivación y alegría en días grises, una obra de arte, una sinfonía del alma.

Nosotras mujeres somos guerreras enfrentando al mundo, dando a conocer nuestros ideales, esencia, inteligencia, virtud, arte y ser. Somos seres llenos de firmeza, con propósito y con los mejores instrumentos para el éxito en un laberinto lleno de incongruencias; con capacidad de sacrificarnos. Somos incluso la reflexión de los hombres; somos libres y mentalizadas para progresar.

Mujer: una palabra complicada y, a la vez, tan entendible como una ecuación o, quizá, como una canción. Tú, mujer, quieres mejorar algo a diario, lo cual te hace mejor que una heroína: si eres doctora, bombera, psicóloga, veterinaria, cantante, policía o mamá, tienes superpoderes, tienes magia. No hay algo en este mundo que sea imposible, nada que tú no puedas hacer; para ti la palabra «imposible» no existe.

Querida mujer: eres vida, eres amor incondicional…, eres sueños. Mírate. Eres fuerte. No dejes que nadie te detenga. No permitas que nadie tome decisiones sobre ti, sobre tu cuerpo. No dejes que nadie te quite tus sueños. Lucha, pelea y grita. Sé la voz de todas las que ya no están; sé la voz de las que vienen; sé tú misma, porque el mundo no cambiará si no lo cambiamos nosotras mismas.

Nunca olvides que eres mujer y, así como eres, la palabra perfección te  queda corta.

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