La música presocrática

Rodrigo Ruy Arias

El filósofo Pitágoras (Samos, 569-Metaponto, 475 a.C.) ha sido considerado el primer teórico de la música occidental. Antes, en la literatura de Homero, y en los mitos de Orfeo y Dioniso, encontramos las primeras referencias al universo sonoro, vinculado principalmente a la magia.

Pero fue Pitágoras el primero en determinar, desde una perspectiva teórica, que en el universo o kosmos hay una organización estructural, armónica. Así lo determina Enrico Fubini, en su libro La estética musical desde la Antigüedad hasta el siglo XX: «Pitágoras fue el primero en llamar cosmos al conjunto de todas las cosas, debido al orden que existe en éste» (Fubini, 1976, p. 51).

En la armonía que da orden al caos, la música tiene un papel preponderante, por eso el filósofo llama al orden de todas las cosas: la música de las esferas.

El mundo es limitado y, como tal, tiene capacidad de organización. Lo no limitado posee connotaciones negativas. Es en el orden donde encontramos las relaciones estructurales, que en el aspecto sonoro se manifestarán a través de las relaciones interválicas de octava, quinta y cuarta.

Todo sonido tiene una correlación armónica, consonante y disonante. Pitágoras razonó matemáticamente hasta llegar a la conclusión de que estas distancias sonoras eran las regidoras del orden.

Y, en un momento luminoso, estableció también el vínculo de este orden cósmico con el alma: «el filósofo que estudia el kosmos se hace kosmios —ordenado— en su propia alma» (Guthrie, 2017, p. 49).

La aportación más importante de Pitágoras fue, desde mi perspectiva, el establecer relaciones numéricas entre las distancias sonoras. En este sentido, se refiere a una relación sonora armónica, consonante. No tanto una implicación ética o moral —como más tarde la llevará a cabo su discípulo Damon—, sino simplemente una descripción científica del orden.

En lo futuro, esencialmente en la Época Medieval, la consonancia y la disonancia, el canto y la danza, serán purificados por los preceptos del canto gregoriano, estableciendo vínculos morales. El canto y la poesía (lo apolíneo) —y, por consecuencia, las armonías consonantes—, están relacionados con lo divino; en tanto que la danza y las disonancias (lo dionisiaco), a los placeres mundanos y lo diabólico.

Referencias

Fubini, Enrico (1976). La estética musical desde la Antigüedad hasta el siglo XX. Madrid: Alianza Editorial.

Guthrie, William K.C. (2017). Los filósofos griegos: de Tales a Aristóteles. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.

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