De lo infinito: ventana e imágenes en la creación poética creacionista

Soun

La locomotora es el elefante

de la creación del hombre, potente y

colosal como los elefantes.

José Martí

Lo realizado en la mecánica

 también se ha hecho en la poesía.

Huidobro

«Creacionismo» en una palabra, «el deber de la creación pura», en otras. Seguramente, en más de una ocasión hemos oído hablar del movimiento creacionista, inaugurado por Vicente Huidobro en 1912, como una escuela literaria y no como lo que es: una teoría estética. Quizá también hasta lo hayamos nombrado así, creyendo que en esta inocente sustitución de palabras no hemos de afectar los preceptos de Huidobro y, sin embargo, nos equivocamos. Estamos pues, ante un problema terminológico que sin duda entorpece nuestro acercamiento a los textos del poeta, pues, lejos de observar lo bello, —y en el mejor de los casos experimentarlo con sensibilidad propia—, buscaremos una serie de instrucciones metodológicas de creación poética a las cuales ceñirnos para entender o imitar al poeta; en una operación cuanto más inútil en tanto lo que se busque sea copiar.

De esta problemática surge, pues, el propósito de este ensayo, que busca ilustrar cómo el texto creacionista, lejos de ser una operación en la que el poeta se limite a crear por crear, es una ventana al infinito que este abre a través de imágenes. Para ello, hemos de tomar el «Canto I» de Altazor y confrontarlo con un par de postulados del Manifiesto creacionista de Huidobro. Antes de continuar, es necesario señalar la insuficiencia extensiva que este trabajo constituye. En comparación con la profundidad que amerita, aquí solo se harán algunas observaciones superficiales. Mencionando en el camino algunas nociones de filosofía para entender mejor la postura creadora del poeta.

Si bien la estética, desde su acepción filosófica, es la disciplina que trata de lo bello, de sus modos de aprehensión y de la creación de realidades bellas, la experiencia humana de lo bello ha sido más bien vinculada a la capacidad intuitiva y sensible de aproximarse a este fenómeno sin mediación de algún conocimiento conceptual. En este sentido, aquello que Rilke compartía con un joven poeta en su primera carta —a propósito de la crítica— no solo encuentra su confirmación, sino que invita a la lectura de un texto poético desde una aproximación más pura. Hemos de advertir, por tanto, que, si la filosofía y la creación poética están unidas mediante el fenómeno estético, el poeta parece ser capaz de aprehender de manera sensible «algo» a lo cual es necesario acceder de la misma manera. De ahí que, por ejemplo, Vicente Huidobro, célebre poeta chileno fundador del creacionismo, nacido el 10 de enero de 1893 y fallecido el 2 de enero de 1948, buscara alejarse del término «escuela» y, por lo contrario, plasmara en Altazor su postura estética. Sea un ejemplo de ello el «Canto I», dedicado a enunciar planteamientos relacionados al ser de la voz poética de Altazor, a través de preguntas reflexivas que este contesta en una larga presentación durante la caída en paracaídas, en la que son arrojados una serie de imperativos relacionados al acto de la creación poética. Por ejemplo, el acto de abandonarse a la inminente caída infinita, hecho que, de nuevo, tiene estrecha relación con el pensamiento filosófico de un esteta, pues en él se hacen representaciones de lo infinito en lo finito.

Concebir aquello que no tenga cabida en la realidad, más que dentro de la imaginación del poeta, es, de hecho, un precepto creacionista. Esto sin embargo nos remite de nuevo a terrenos de la filosofía. Por ejemplo, en la metafísica podemos cuestionarnos acerca de lo que va más allá de la materia, y derivar de ello todo un sistema especulativo. En este sentido, de acuerdo a términos como el del «alma» que Huidobro utiliza en uno de sus principios estéticos, podemos ubicar una postura metafísica en el creacionismo, puesto que el poeta plantea la aprehensión de un «algo» esencial dentro de un texto poético real que asimismo funciona como ventana de lo ideal. A saber: «Lo vago se precisa. Al cerrar las ventanas de nuestra alma, lo que podía escapar y gasificarse, deshilacharse, queda encerrado y se solidifica» (Huidobro, 1925, p. 39). Lo que en otras palabras significa: concretizar lo abstracto en el texto poético, o capturar lo bello mediante una operación que logre equilibrar lo sensible y lo inteligible. De tal manera, y utilizando el mismo concepto que Huidobro, me parece que el texto poético hace las veces de ventana, a través de la cual se condensa en un objeto material la experiencia de lo sublime a la que accede el poeta, quien contiene dentro de sí dicha ventana. Ahora advertirá el lector la dificultad terminológica a la que nos enfrentamos. Lo que propone Huidobro es resolver problemas de índole estética y filosófica. Por lo que, en tanto lo que busca es una teoría estética, no debemos ignorar desde cuál postura especulativa enuncia sus principios.

Cabe señalar que, si arriba hemos hablado de representaciones de lo infinito en lo finito, ello está relacionado con una postura idealista de aprehender lo bello, en la cual se prioriza el valor de lo espiritual por encima de lo material. Es el caso de Platón y de Plotino, en quienes transparece la idea de lo divino. Ahora, es importante advertir que, si bien Huidobro erige su teoría estética desde este aparato especulativo, lo verdaderamente importante es que lo matiza colocando el epíteto de lo divino en el poeta. Así, por ejemplo: «El infinito entero en el poeta, el poeta íntegro en el instante de proyectarse» (Huidobro, 1925, p. 36). Significa que este tiene la facultad de contener dentro de sí lo ilimitado, y que él mismo lo es. Es decir, que es capaz de abstraerlo y concretizarlo proyectándose en el poema. Considero que, en lo infinito, Huidobro dota de una cualidad divina al poeta, quien es capaz de concebir en una suerte de metafísica divina lo inmaterial. Y no solo eso, sino también de crearlo en representaciones que significan lo inacabable. Por ejemplo: «Cae eternamente / Cae al fondo del infinito / Cae al fondo del tiempo / Cae al fondo de ti mismo» (Huidobro, 1931, p. 16). En otras palabras, concibiendo imágenes de lo inabarcable o lo imposible, en las que hay que notar además incluye un «ti mismo», reflexivo en el cual —propongo— se confirma la cualidad sublime del poeta de concebir y asir dentro de sí lo inasible a través de imágenes. Pues como ya se dijo, él mismo contiene lo infinito, con lo que Huidobro soluciona lo inmaterial en lo material, dotando al poeta de la cualidad creadora de unir ambas realidades.

Si bien es patente que en los postulados creacionistas se encuentra la búsqueda de una unidad entre lo ideal y lo material, ya hemos advertido que esta búsqueda no es nueva. Ya, por ejemplo, el tema ha ocupado al idealismo alemán con filósofos como Schelling (1775-1854) y poetas como Hölderlin (1770-1843). Lo que nos deja entrever que filosofía y poesía tienen una intersección en lo que a estética metafísica se refiere; relación que, en definitiva, es evidente tanto en los manifiestos creacionistas de Huidobro como en su creación poética, donde se alude a la creación de imágenes que evocan realidades más allá de lo material como una suerte de ventana al infinito,entendido este desde una postura filosófica idealista; ventana al plano de lo ideal, a través de la cual se condensa en un objeto poético la experiencia de lo sublime a la que accede el poeta, quien contiene dentro de sí dicha ventana gracias a cierta cualidad divina que le permite concebir en una suerte de metafísica divina lo inmaterial y asir dentro de sí lo inasible.

Lo que finalmente aquí sostengo es la resolución que Huidobro erige en una teoría estética de corte metafísico a una larga historia de planteamientos y problemas estético-filosóficos. De ahí que encuentre erróneo referirse al creacionismo como una escuela literaria, pues en él se haya una propuesta resolutiva a un problema estético ampliamente tratado: el problema de lo sublime en tanto esencia inmaterial poética y especulativa se refiere.

Referencias

Huidobro, V. (1925). Manifiestos por Vicente Huidobro. Recuperado de https://classroom.google.com/u/0/c/MjY5NTY0MDc0NjZa?hl=es.

Huidobro, V. (1931). Altazor. Madrid: Compañía Iberoamericana de Publicaciones. Recuperado el 28 de abril de 2020 de Memoria chilena: http://www.memoriachilena.gob.cl/archivos2/pdfs/MC0005042.pdf.

Soun estudia Letras hispánicas en la Universidad de Guadalajara. Cuenta con algunas publicaciones en revistas y fanzines locales.

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