Por una de mis siete vidas

Uriel Velázquez Bañuelos

Personajes

Luna, una gatita bicolor. Su pelaje blanco con manchas negras combina con sus ojos verdes.

Tomaza, una gata negra. Dice ser descendiente de las panteras del zoológico.

Sir Hemlock, un gato de casa. Huele a lilas y grosellas. Su pelaje es gris, con un mancho de pelo blanco debajo de su nariz. Sus dueños le ven parentesco con un bigote.

Coco, un gato naranjoso. Le falta su ojo izquierdo y varios huesos de su cola.

Hugo, Paco y Luis, tres ratas de alcantarilla. Curiosamente, ninguna de ellas es portadora de enfermedades.

Roi, otro gato más de la calle. Su pelaje es de color gris.

Ramsés, un gato sin pelo. Viene de muy lejos.

Catalina, una gata blanca con heterocromía. Su ojo izquierdo es azul por el que pasan las nubes, y su ojo el derecho se viste de duelo.

Padre, un banquero al que le falla la vista.

Madre, ama de casa.

Vecino,amigo de la infancia del padre.

Vecina,una mujer amante de los gatos.

Médico, tiene canas como experiencia por igual.

Mefistófeles (Ramsés), ser de oscuridad.

Raguel (Catalina), ser de luz.

Y otros gatos que figuran en esta obra.

Preludio

En algún lugar del mundo.

Catalina: ¿Tenemos algo de música? Bien, que entren los elefantes con los vientos. (Entran trompetas.) Los gatos no necesitan nombres. No se gritan los unos a los otros para llamarse. Basta con solo mirarse a los ojos, o escuchar la entonación de las palabras, para saber cuando se les habla. Ya depende de ellos si hacen caso o no. Para los humanos, los felinos están bautizados por comodidad, pero entre ellos esas reglas y muchas otras más, son ajenas a las que conoce este mundo.

Primer acto

Escena I

En los interiores de un almacén abandonado.

Tomaza: ¿Crees que alguien llegue en esta noche?

Coco: Si no han soltado a los perros, o las calles siguen libres de esas bestias mecánicas, puede que sí.

Tomaza: Me asustan esas bestias. No sé qué comen, y dudo que tengan un depredador.

Coco: Pues a otros que les da igual.

Tomaza: ¿Cómo que igual? Esas bestias son enormes.

Coco: Sí, les da igual. La otra vez vi a alguien salir por debajo de uno.

Tomaza: ¿Qué?

Coco: Sí, así, tal cual.

Tomaza: ¿Y qué hizo después?

Coco: No mucho: se estiró un poco, y después se fue a la izquierda, y ya no supe más.

Entra Sir Hemlock con un ratón en la boca.

Tomaza: Vaya, vaya, pero miren lo que trajo el gato. No te olí llegar.

Sir Hemlock: Buena caza, mis amigos.

Otros gatos: Buena caza.

Tomaza: Sí, sí, buena caza. No sabía que te dedicabas a recoger ratones muertos.

Coco: No se lo habrás robado a alguien más, ¿o sí? No quiero tener que recordarte las consecuencias de romper las reglas de la cacería. No somos asesinos, ni mucho menos carroñeros o ladrones.

Tomaza: Tranquilo, a lo mejor se cansó de recibir la comida en su plato, y aprendió a cazar por sí solo.

Sir Hemlock: Así es. Hoy, amigos cazadores, me vestí con el umbral de nuestra madre, que atestigua nuestro andar en una tierra que no nos pertenece, en donde…

Paco: (Susurrando.) ¿Ya llegamos?

Tomaza: ¿Quién llegó?

Sir Hemlock: Shh. Digo, digo, ¿ya llegamos con mi cazador maestro?

Tomaza: Vaya forma de hablar.

Coco: Seguro lo aprendió de sus amos, son tan raros. La otra vez vi que…

Sir Hemlock: ¿Está o no?

Coco: Sí, está en la azotea con su amante, ¿y por qué de repente ese apego?

Sir Hemlock: Bueno, me está enseñando eso de cazar, y quería mostrarle este gran bocado que atrapé.

Paco se zafa de la boca de Sir Hemlock. Las imágenes de la promesa nublan su vista, y baila como nunca lo había hecho.

Paco: ¡Al fin! Bocado, comida, alimento, estoy listo para… oh, no.

Sir Hemlock: Oh, no…

Otros gatos: Oh, sí.

Todos los gatos, a excepción de Coco y Tomaza, salen del almacén, persiguiendo al pobre de Paco.

Coco: Es el tercer ratón que trae. No me quejaría… si al menos los trajera muertos, pero es que ni eso hace bien. Deberíamos impedirle la entrada.

Tomaza: Déjalo, tiene sus motivos. ¿Yo no era así cuando me conociste por primera vez?

Coco: Sí, pero es distinto…

Tomaza: Todos necesitamos una oportunidad, al menos en una de nuestras siete vidas.

Tomaza y Coco enredan sus colas. Aunque ya no puede moverla, Tomaza sabe muy bien que él lo habría hecho.

Escena II

En el tejado del almacén. Roi mira el vacío desde lo alto, y le aterra ver lo que hay abajo. Aunque las sombras

ocultan el cuerpo sin vida de su amada, él sabe muy bien que está ahí, inmóvil.

Roi: No, no, no, no, no. Esta no puede ser su última vida. Esta no puede ser. Levántate, por favor. Levántate y anda. Tendré que hacer, tengo que hacer…, pero por favor, espérame, no me hagas esto.

Entra Ramsés.

Ramsés: Vaya golpe, y yo que pensaba que los gatos siempre caían de pie.

Roi: Cállate, solo cállate. Solo está jugando conmigo… Sí, solo está jugando, ¿ya sabes?, de esos sustos que dan gusto.

Ramsés: Claro, de tanto bromear se murió de la risa. ¿Cuántos pisos de altura son?

Roi: He dicho que te calles. Si solo vienes a estropear las cosas, mejor lárgate, o yo mismo te arrojaré ahí abajo.

Ramsés: Me gusta tu carácter, ¿siempre has sido así de audaz, o solo cuando tienes miedo?

Roi: ¿Y a ti qué te importa?

Ramsés: Pues, estaba de paso por aquí, y me llamó la atención tu caso. Suenas muy valiente, aunque dudo mucho que esa cualidad te cause problemas.

Roi: Así es, sea cual sea el problema, me las arreglo para salir adelante.

Ramsés: Alguien como tú nos vendría muy bien abajo, pero no creo que accedas a venir por tu propia voluntad, al menos que…

Roi: ¿De qué rayos estás hablando? ¿Te conozco de algún sitio? Jamás he visto a un sin-pelo por aquí.

Ramsés: Dudo mucho que nos hayamos visto, al menos no como me ves ahora. Aunque, no hace poco que estoy por ahí dando vueltas. Ustedes los gatos tienen tantos secretos.

Roi: ¿Te interesa saber algo en especial? Este almacén no ofrece nada más que refugio para los desafortunados. Si quieres traer una pandilla para robar comida, vete a otro lugar.

Ramsés: No, el hurto y la gula son cosas que no van conmigo. Yo sé lo que quiero, pero tú ¿qué es lo que más deseas?

Roi: Lo que más deseo es…

Ramsés mira directo a Roi, sus ojos color miel evaden la mirada, como si buscara algo, como si buscara a alguien con quien compartir el silencio. Sale Ramsés.

Roi: Ey, ey, ¿a dónde fuiste? (Solo.) Ah, Madre Lunar, dame fuerzas con tu estela de plata. Que tus diferentes caras guarden mis memorias a lo largo de tus ciclos. Ahora mismo un escalofrío recorre todo mi cuerpo, y mis ojos no quieren ver de nuevo lo que yo ya he visto, aquí desde lo más alto.

Escena III

Un callejón donde los focos no comparten su luz, y el sonido de los autos hacen eco.

Sir Hemlock: (Jadeando.) Te dije… que… que… cuando yo diga la palabra clave.

Paco: ¿Y cuál era la palabra clave?

Sir Hemlock: Era… creo que «bocado» significaba que ya casi llegábamos, «banquete» era la hora de comer, y «hambre» significaba que no había nada.

Paco: Pues, son muchas claves para recordar, y algunas suenan muy parecidas.

Sir Hemlock: Ah, ya no importa, de todos modos, creo que no había nada ahí dentro.

Entran Hugo y Luis.

Hugo: ¿Qué pasó?

Luis: ¿Consiguieron algo de comida?

Hugo: ¿Hay suficiente para todos?

Luis: ¿Ya nos vas a llevar a nosotros?

Sir Hemlock: Nada. Nos descubrieron y tuvimos que salir corriendo del lugar. Apenitas pude atraparlo. Pero no hay nada de alimento.

Paco: Dilo por los demás, a ti te sirven la comida a tus pies.

Sir Hemlock: Eso es distinto. Ya les dije que no puedo llevarlos a mi casa, pues pondrían veneno, ratoneras, y eso es más letal que un gato amigable.

Luis: ¿Y qué haremos? Ya llevamos años así. Las ratas de campo nos comerían solo por diversión. Son enormes.

Hugo: Ha estado complicado. Desde que cerraron el restaurante chino ya no hay comida en las calles.

Sir Hemlock: No lo sé…

De la oscuridad se levanta Luna, y camina con libertad.

Luna: Buena caza, veo que sigues jugando con ratones.

Sir Hemlock:(A Hugo, Paco y Luis.) Tranquilos, ella no les hará nada, es una conocida, es… (A Luna.) Espera, ¿no estabas arriba? Sí, tú estabas con mi maestro de caza.

Luna: Nop, apenas voy para allá. Deberías relajarte un poco, estás como si hubieras visto un muerto. ¿Todo bien?

Sir Hemlock: Sí, yo estoy bien. Solo corrí mucho, eso es todo…

Luna: Bien, los veo luego.

Sale Luna.

Paco: Esa gata… tiene un hedor muy extraño.

Sir Hemlock: Yo no olfateo nada, quizá soy torpe para eso.

Hugo: No, no, no te apures. Eso es cosa nuestra.

Luis: Así es. Así como ustedes los gatos tienen sus secretos, nosotros las ratas también poseemos algunos.

Paco: Yap, y créeme que sabemos diferenciar el aroma de los vivos, y de alguien a quien la muerte ha estado siguiendo por tanto tiempo.

Escena IV

De nuevo en los interiores del viejo almacén.

Coco: ¿Sabes? Ahora que por fin estamos solos…

Tomaza: No lo sé, hace tiempo que mi lengua no pasa ni por mi propio pelaje.

Coco: ¿Ni siquiera por el de los gatos huérfanos?

Tomaza: Ni siquiera ellos, así que considérate afortunado.

Coco: Oh Madre Lunar, gracias por…

Tomaza: Olvídalo, mira quién llegó…

Coco: ¿Quién? Si viene del lado izquierdo, es que no lo veo.

Tomaza: Ah, cierto, perdona, cariño, la costumbre.

Entra Roi.

Roi: Mierda, mierda, la cagué, necesito su ayuda.

Tomaza: Ey, cuida tu lenguaje, o más pronto que nunca escupirás una bola de pelos.

Coco: Mejor hazle caso, no querrás que…

Roi: Al diablo eso. Yo sé lo que vi, y necesito su ayuda lo antes posible.

Entra Luna.

Luna: Buena noche, hermanos de caza.

Coco y Tomaza: (Juntos.) Buena noche, hermana.

Roi: Pero, ¿cómo?

Coco: Ey, ¿no se supone que estabas arriba?

Luna: Nop, ¿por qué todos asumen que me han visto? Si acabo de llegar.

Coco: Mis disculpas, quizá no te vi. Ya sabes, después de esa pelea callejera, mi visión no es la misma.

Luna: Ah, no te apures por eso, lo que importa es que saliste con vida. (A Roi.) Ey, ¿qué haces aquí? Pensé que nos reuniríamos en la azotea.

Roi: Sí, quería mostrarte la luna llena, pero creo que es mejor verla desde abajo. Vamos.

Tomaza: ¿Y para eso ocupas nuestra ayuda, o era algo más importante?

Roi: Olvídalo. Solo olvida lo que dije. Ya todo está bien, y así estará.

Salen Luna y Roi.

Tomaza: Bien, ¿y ahora en que estábamos?

Coco: Creo que en darnos algo de amor.

Tomaza: Ah sí, pero no lo digas de esa forma, le quitas el misterio.

Coco: Entonces en tu aura misteriosa que tanto deseas, antes de que…

Entran Sir Hemlock, y Luis.

Sir Hemlock: Buena caza, amigos.

Coco: Oh mierda, no de nuevo.

Coco se atraganta con su saliva, y logra escupir una bola de pelos.

Interludio

En algún lugar, donde el mundo ocurre a espaldas de un gato.

Catalina: Hicieron buen trabajo chicos, ahora quiero un poco de percusión por parte de las garzas, y las cuerdas de los ratones. (Entran los tambores y las arpas.) Aunque la felicidad suele dispersar la confusión, nunca extermina el miedo, siempre existirá el sentimiento de perderlo todo. Roi lo sabía más que nadie en ese momento. Ver a su amada morir una y otra vez, sin que pudiera hacer algo, lo debilitaba. Y aunque se decía a sí mismo que cuidaría de ella, que se acostumbraría a verla sufrir, jamás pudo solucionar tal problema.

Segundo acto

Escena I

En un parque al atardecer. Luna yace en el suelo, al lado de Luis, ambos están envueltos en vomito y sangre.

Roi: Por favor, quédate conmigo una vez más. No sé cuántas vidas me queden, pero daría lo que fuera con tal de verte una vez más a mi lado. Quiero caminar a tu lado una vez más, donde tu figura me haría ser fuerte, y tu sabiduría guiaría mis pasos a una unión que prevalecería a lo largo del tiempo. Por favor, despierta, no me hagas esto, no de nuevo…

Entra Sir Hemlock.

Roi: Tú de nuevo. ¿Qué quieres?

Sir Hemlock: Oh, perdona por molestar… solo…

Roi: No, perdóname tú a mí, te confundí con alguien más.

Sir Hemlock: Bueno, no te apures, maestro de caza, si quieres no voy a preguntar a quién esperabas. Solo quería saber si no has visto a uno de mis amigos, ya sabes, esos roedores simpáticos. Se meten en muchos líos, aunque uno se los advierta.

Roi: ¿Tú hiciste esto?

Sir Hemlock mira los cadáveres.

Sir Hemlock: Oh no, no fue mi intención, perdona, les dije que no entraran a mi casa por el veneno, y…

Roi: Así que fuiste tú. ¿Cuántas veces te he dicho que cerraras la boca? Si te hubieras callado en un inicio.

Sir Hemlock: No, seguro fue algo más, ella no caza ratones, y él jamás entraría a una casa, no después de perder a sus hijos. Seguro intentó ayudarle o algo…

Roi: Tonterías, debería arrancarte esa lengua para que no vuelvas a maullar.

Roi carga contra su amigo Sir Hemlock. Lo tiene donde quiere.

Sir Hemlock: Por favor, no lo hagas.

Entra Ramsés.

Ramsés: ¡Sí! ¡Hazlo! ¡Hazlo!

Sir Hemlock: ¿Y ese quién es?

Roi: Será mejor que te vayas ¡Ahora!

Sale Sir Hemlock.

Ramsés: Ah, por un carajo, ¿qué has hecho? Lo tenías enfrente de ti. ¿No te interesa vengar el amor de tu amada?

Roi: Sí, pero no así.

Ramsés: Tonterías dices. ¿Qué es la venganza sino el acto de arrebatar a alguien lo que más quieres?

Roi: No lo haré, déjame en paz, tengo muchas cosas en qué pensar.

Ramsés: Ah, le quitas la acción a todo. Bueno, pero te sugiero que pienses en algo rápido, no querrás estar al lado de un cadáver viviente.

Roi: Eso no pasará. Aún tengo vidas. En un instante volverá a mí.

Ramsés: Pues dile que se apure, se está tardando.

Roi: No… no puede ser. La del tejado, la bestia mecánica, los perros…

Ramsés: Los humanos que la golpearon, y ahora la del envenenamiento. No recuerdo las otras. Es curioso cómo ustedes los gatos pueden morir de tantas formas, a pesar de ser tan lindos. Me recuerdan a los bebés.

Roi: Mis siete vidas se han ido tan rápido. Tenía tantas cosas en mente, que jamás me detuve a contar. Yo no pedí esto.

Ramsés: Claro que lo pediste, lo vi en tus ojos. Por cada vida que tengas, una le pertenece a tu amada.

Roi: Y si le arrebató una vida a los demás seres, ¿su vida me pertenece?

Ramsés: Así es, ¿no es eso grandioso? Tienes lo que muchos otros han soñado. Tú y tú amada serán tan viejos como el tiempo, solo tienes que conseguir más vidas.

Ramsés se va.

Escena II

En la gran metrópolis. Roi camina por las calles, sintiendo la mirada de los humanos, y otros seres que pasan su lado.

Roi: (Solo.) Oh, Madre Lunar, aunque el padre Sol te oculte de mis ojos, sé que estás ahí, en alguna parte del cielo, observándome. A donde quiera que voy, sé que estarás ahí. Si no estás guardando mi espalda, protegerás la de alguien más. Mi vista se pasea de la tierra al cielo, y del cielo a la tierra, admirando la vida que compone el aura de esos lugares que poseen tu singular brillo, tu manto crepuscular. Sin las reglas de la cacería, no puedo desobedecer a tus principios. Sin las reglas de la cacería, no tendría respeto por la vida ajena. Mi amada llora, en algún lugar del mundo, y aunque pueda remediarlo, me niego a romper mi fe. ¿Qué es el asesinato a otro ser, si de él obtengo nada más que su pobre alma? Solo el despojo del descanso eterno a los inocentes. Y si bien, puedo matar por alimento, que mis garras no se ensucien de sangre si llego a romper con el ciclo de la vida que nuestra Madre Lunar nos ha provisto. Por una de mis siete vidas di todo, por mi amada. Por una vida de un millar de almas, no daré nada por mi amor.

Roi cruza la carretera, sin prestar atención, y es arrollado por un automóvil.

Tercer acto

Escena I

En interior de un hospital. Hay silencio en la habitación. El único ruido proviene de las máquinas de medicina, y los suspiros de los conocidos al ver su ser querido en camilla.

Médico: Esto es raro, vengan a ver. El monitor cardiaco está cambiando.

Madre: ¿Qué está pasando? Por favor, no quiero un susto como el de la otra vez.

Padre: No, no, mira bien, querida. Él está…

Médico: Está despertando del coma.

Madre: Hijo, si puedes hablar, di algo.

Médico: No creo que pueda hablar, su cerebro tiene que procesar lo que está viendo. Sugiero precaución, cualquier cosa puede alterarlo.

Padre: ¡Ey! ¡Oigan todos! ¡Ha ocurrido un milagro! ¡Pasen, pasen!

Entra el vecino, y la vecina cargando a Sir Hemlock.

Médico: No aconsejaría pasar con mascotas, todavía es muy temprana su recuperación. No sabemos cómo puede reaccionar a las visitas.

Vecino: ¿Despertó? Por favor, dime que sí. Todavía tengo reservado su puesto de chef para ese nuevo restaurante.

Vecina: Mira, Sir Hemlock, ha despertado, ve a saludarlo.

Sir Hemlock se sube a la camilla y lame la mano de donde está conectado el suero.

Médico: ¿Es que nadie me escucha? Ah, olvídenlo. Si ocupan algo, me echan un grito. No es como si estuviéramos en un lugar de reposo o algo así.

Sale el médico.

Vecino: Me preguntó qué es lo que piensa.

Padre: Hay que darle tiempo al chico, ya luego le preguntamos qué es lo que vio y todo eso.

Madre: Al fin. Sabía que este día llegaría.

Entra Luna.

Vecina: ¿Y esa gatita? Es muy linda, ¿es de ustedes?

Padre: Nosotros no tenemos gatos. Es más, no tenemos mascotas. ¿No habrás sido tu, querida?

Madre: Ah, ah, yo no soy de sorpresas.

Vecina: Bueno, al menos ha de tener un nombre. Todos los gatos tienen más de uno.

Luna da un salto enérgico, y aterriza en la camilla. Conforme se acerca, sus ronroneos aumentan. Se posa frente a su pecho, y lo mira a los ojos.

Luna: ¿Miau?

Roi: L…u…n…a

Madre: ¿Luna?

Vecina: Conque así se llama: Luna. Es tan linda.

Epílogo

Aunque estén afuera de la habitación, es otro lugar donde el tiempo no corre, y nadie mira.

Catalina: Ah, muchas gracias, su música siempre alegra los corazones. Y muchas gracias a todos por…

Ramsés: Tú. Al fin te encuentro, sabía que estabas detrás de todo esto.

Catalina: ¿Qué? Yo no he hecho nada.

Ramsés: Claro que sí, revélate para que por fin pueda decirte a la cara cuánto de odio.

Ramsés se transforma en Mefistófeles.

Catalina: Ah, como digas.

Catalina se transforma en Raguel.

Raguel: Extrañaré esa forma de gato, ya le había tomado cariño.

Mefistófeles: Has hecho trampa, ya lo tenía. El jefe me mandó por un asesinato a sangre fría, y tú lo arruinaste.

Raguel: Ah ¡Qué va! Él no era un asesino, ni antes, ni ahora. Ya déjalo en paz.

Mefistófeles: No, no, no. Él iba a cruzar la calle, e iba a encontrarse con ese gato estúpido del bigote para a asesinar frente a su ama. Y tendría la vida de su amigo para dársela a su amada, y luego ella moriría por pendeja, y el maldito ciclo se cumpliría una y otra vez.

Raguel: Pero no sucedió. Y aunque hubiera cruzado la calle, no lo hubiera hecho, y no por mí, si no por él mismo. ¿No lo escuchaste?

Mefistófeles: ¡Bah! Yo solo escuché a un cobarde.

Raguel: Yo escuche más que eso. Aunque no interferí en sus decisiones, a diferencia tuya. Yo solo observé y actué en el momento justo.

Mefistófeles: ¿Ah sí? ¿Y qué diablos hiciste tú? Si es que los demonios hacemos más cosas que ustedes los ángeles…

Raguel: Cierto: no actuamos de manera directa, salvo que sea necesario. Nuestra sola imagen, y las historias que se cuentan, es más que suficiente para guiar a la bondad a los seres atormentados. Tanto él, como su amada, han pasado por tormentos, así que me tomé la libertad de darles algo que jamás se les dio.

Mefistófeles: ¿Y qué chingados es eso?

Raguel: Una vida justa. Y aunque el alma original del cuerpo humano de Roi descansa junto a los demás, el alma del felino fue tan pura que se moldeó a la forma de un ser humano, logrando entrar a la perfección en aquel cascarón vacío.

Mefistófeles: Pensé que ustedes, los de arriba, despreciaban a los animales. Si es tan humano como dices, seguro que también es fácil de corromper.

Sale Mefistófeles.

Raguel: Buena suerte con eso, aunque siendo honesto, dudo que lo consigas. Y ahora, todo el tiempo volverá a fluir. Y aunque no seamos testigos de lo que acontece a nuestras espaldas, basta con saber las acciones que presenciamos para saber qué deparará el futuro.

Sale Raguel. Poco a poco, los familiares y conocidos entraron a la habitación del hospital, paraser testigos de lo que es un milagro.

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