Poemas

José de Jesús Gutiérrez Aldrete

No me preguntes por qué no te veo a los ojos

Temo llorarte un río hasta do no llega la creencia.

Así como temen los niños de impura conciencia,

así como teme el firmamento nocturno del sol;

el sol que de mí se esconde a cada minuto,

minuto en que anhelo tu recuerdo impoluto

de la forma en la que un barco anhela un farol.

Temo llorarte un río hasta do no llega esperanza.

Uno hondo, tan hondo que sumerja cada añoranza;

uno ancho, tan ancho que someta cada ilusión;

cada ilusión que mantengo desde el ocaso,

el ocaso en que la mirada o el roce más escaso

habrían arrebatado pulso a mi casto corazón.

Temo llorarte un río hasta do no llega el cariño.

Ni el del sapo, la rana, el cuervo, el armiño,

el gusano, el alacrán, mucho menos de Dios.

Dios, ¿por qué juegas conmigo de esta manera,

manera de negarme elegir a quien quiera,

habiéndome rendido ante tu imposible voz?

Temo llorarte un río hasta do no llega el consuelo.

Allá donde ahogo el suspiro, ahí do muero entero,

ahí donde la vida misma reniega su valor,

valor que necesito para conocer el olvido,

olvido que tanto extraño por el paso del sino,

sino que no me deja regalarte una flor.

No me preguntes por qué dejé de hablarte

Prefiero que hablemos de lejos,

con la distancia de los pueblos,

la misma en que habitan los campos,

la misma en que crecen las flores.

Prefiero que hablemos de lejos,

con la distancia de los continentes;

sin ella no nacen los mares,

sin ella no nacen corales.

Prefiero que hablemos de lejos,

con la distancia de la tierra al cielo,

que deja que vuelen las aves,

que deja que partan los rayos.

Prefiero que hablemos de lejos,

con la distancia de las montañas,

pues en ella yacen desiertos,

en ella yacen los valles.

Prefiero que hablemos de lejos, 

porque, entonces, si hablamos de cerca,

mis vísceras se llenan de flores,

mis pómulos se tornan corales,

mis venas devienen en rayos,

y mis ojos inundan los valles,

porque entonces, estando cercanos,

recuerdo que siempre te tengo tan lejos.

No me digas que nadie querría estar contigo

No me digas que nadie querría estar contigo,

si mi mano las hojas inunda de razones,

que ya sea por ideas, poemas o canciones,

justifican mi pasión por ser tu amigo.

No propongas que es mentira lo que digo

o que el objetivo es evitarte decepciones,

ni creas que sigo propias convicciones,

cuando es tu compañía lo que persigo.

Por ello, no cambies eso que llevas por nada.

Si ocurre, que sea por amor a quien describo,

si no, que sea por elección fundamentada.

Pues si eres como eres, más te noto vivo, y vivo.

Y en caso de no vencer la duda obstinada,

no olvides, promete, que es por ti que yo te escribo.

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