Esto no es Berlín, mucho más que nostalgia

Mario Orozco

El coming of age es una suerte de género literario y cinematográfico que aborda el desarrollo personal del protagonista, interpretado de forma general por un joven, quien experimenta situaciones que lo llevan a consolidarse como una persona «nueva», quizá para dedicarse a un ideal político, marcar el despertar sexual o afianzar su verdadera identidad. Habrá infinidad de variantes, aunque la idea clave siempre es la transición.

En los últimos años, películas con este enfoque han tenido un impacto notable, por ejemplo: Las ventajas de ser invisible (2012), por la que mucha gente de mi generación se tatuó el símbolo de infinito; Moonlight (2016), ganadora del Óscar a mejor película; y, Ladybird y Llámame por tu nombre (ambas 2017). Todas estas son muy buenas y lindas a su modo; y todas, también, estadounidenses. No me parece pertinente encasillar a la película que pretendo reseñar como una «respuesta mexicana» a este estilo de cine, sino en todo caso como una prolongación de un fenómeno que va mucho más allá del cine mismo.

¿De qué va la peli? Esto no es Berlín (2019) se centra en Carlos, un chico de 17 años que estudia la preparatoria en el verano de 1986 en algún lugar de Ciudad Satélite. A pesar de llevarse bien con sus compañeros de clase, es evidentemente distinto al resto: tiene el pelo largo, no le apasiona en absoluto el futbol (a pesar de que México será sede del mundial), prefiere la tranquilidad del rock clásico sobre el ruidoso heavy metal y se desmaya cuando él y sus amigos se pelean contra los chicos de otro colegio. Este panorama cambia radicalmente cuando él y Gera, su mejor amigo, por intercesión de Rita (hermana del segundo), van al Aztec, un bar donde confluyen la reivindicada comunidad LGBT, música new wave, luces neón y drogas duras. Allí conoce a Nico, quien le abre la puerta a un mundo nuevo que lo lleva a confrontarse con casi todo lo que había sido antes.

Si bien queda claro que Carlos es el protagonista, no es el único personaje que se desarrolla a lo largo de la película: los otros dos coprotagonistas toman otras direcciones interesantes, sobre todo Rita, quien lidera una banda de postpunk y es fan declarada de Patti Smith. Además, la trama presenta distintos momentos artísticos de la época (especialmente el estallido del performance en México) que enriquecen la narrativa sin que esta se vuelva tediosa o forzada. Últimamente el cine y la música han vuelto su atención hacia el siglo XX, ya sea como una forma de influencia o en plena ambientación. Esto no es Berlín ocurre en el Distrito Federal de los ochenta, pero las circunstancias y la anécdota que plantea no son para nada exclusivas, lo cual permite que la gente que nació después entienda sin problemas gran parte de la trama. Además, el hecho de que los elementos «nostálgicos» (la música new wave o el mundial de 1986) se mantengan como temas secundarios posibilita que la trama avance sobre la época y no la época sobre la trama.

Cuando vi la película pensé en todas las posibles direcciones narrativas que pudo haber tomado, ya que el filme presenta temáticas tentadoras: la creciente crisis de VIH, el desarrollo de la identidad sexual, y el ya mencionado poder del performance como expresión artística. Sin embargo, queda la sensación de que el director Hari Sama supo tomar todos estos elementos e integrarlos a una película que se mantiene balanceada y natural. Pienso, por ejemplo, que al tener un protagonista masculino inmiscuyéndose en la comunidad gay, hubiese sido fácil (sobre todo en términos mediáticos) darle tintes telenovelescos: un romance prohibido, una confrontación con el status quo o un SIDA en fase terminal. Por fortuna esto no ocurre y la película encuentra su propio rumbo. Es necesario mencionar que Sama tomó ciertos elementos autobiográficos (lo cual determina considerablemente el desarrollo del protagonista) y que él mismo aparece como un personaje relevante en la trama.

Esto no es Berlín funciona bien como ventana a lo que era ser adolescente en la Ciudad de México durante los ochenta, pero va más allá de ello. Se mantiene en la dirección que propone el coming of age y utiliza la época para dirigirse a la trama y no viceversa. Si bien el diseño de arte es espectacular pues hay tomas muy buenas (la primera, por ejemplo) y tiene un buen cierre, tampoco es una película impecable, ya que dota de más emotividad a las últimas escenas y la trama se pierde un poco a la mitad, cuando apenas toma un rumbo específico; sin mencionar que tiene alguna que otra situación sacada de la manga que sería spoiler mencionar.

Además, la cinta presenta actores frescos pero capaces en los papeles más relevantes: Xabani Ponce de León como Carlos, y José Antonio Toledano como Gera; aunque también hay caras con mucha más trayectoria: Marina de Tavira como Carolina (mamá de Carlos), y Ximena Romo como Rita, lo cual resulta en un ameno y bien ejecutado desempeño por parte de los actores.

Si bien hay puntos a mejorar, me parece que Esto no es Berlín es una película recomendable, que empalma con muchos fenómenos que aún permean en la sociedad, que logra conectar a la audiencia con una época y una trama que representan bien la transición entre la adolescencia y la adultez temprana.

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