Poemas

Gilberto Sánchez González

1

Te quedaste inmóvil, con la mirada perdida y con los labios entreabiertos.
De tus ojos se fueron los peces y tu piel también se fue secando hasta quedar hecha de sal.
El temple del sol y la lluvia agrietó tu frente y te fue transformando en una esfinge gris.

En tus ojos se anidaron las arañas.
Por tus cabellos suben caracoles a comer los brotes que de ellos germinan.
Entre tus labios emboscan los escorpiones, homenajeando tus besos.

Por tus pantorrillas se trenzan enredaderas como anudando sandalias de diosa.
La forma en como te aprisionan y ciñen me recuerda a mis manos.
Sus flores moradas vuelan como mariposas en el aire.

Tus senos siguen firmes como de mármol pulido,
le dan sensualidad a la escena, como si se hubieran escapado en un inocente descuido.
Tus hombros delicados, rematan con un exquisito y arquitectónico cuello.

¡Amor mío, ¿en qué clase de loco me he convertido?!
¡Ve el jardín que he cultivado para ti! Para que tu esfinge, tu siempre bella esfinge,
no demerite por no encontrarse rodeada de flores frescas.

2

Esta noche dormirás sobre la hierba humedecida de rocío púrpura.
Estarás con la cara al cielo y con los ojos abiertos y helados,
mirando sin mirar un firmamento infinito salpicado de estrellas silenciosas.

Los vientos que llegan horrorizados no dejan de llorar sobre tus sienes desbordadas y espesas.
Rocío púrpura que ennegrece la tierra. Rocío que brota humeante desde entrañas anónimas.
Horror que se replica y se vuelve cotidiano, como el día y la noche.

Cuerpos sembrados como rosas que brotan de la tierra.
Cuerpos sembrados como piedras que ruedan colina abajo.
Cuerpos sembrados por manos que han olvidado vacilar.

Y hoy, esta noche, como ya hace varias noches,
los desaparecidos dormirán besando la tierra o mirando las estrellas sin mirar.
Y mañana sus mujeres tristes, buscarán a sus muertos entre los vivos.

Que descansen para siempre y por siempre.
Que descansen los que se perdieron entre la niebla,
y que testimoniarán del país sólo la vergüenza.

3

Pasaron por los míos tus ojos. Vi tu respirar desvanecerse.
Vi tu mirada angustiada al no entender lo que pasaba,
al sentir te estabas muriendo.

De haber podido te lo hubiera evitado y hubiera dado mi carne a cambio de tu carne tierna.
Pero no puedo: soy un espectador de tus manos desvanecidas y de tu desconcierto.
Hay algo de mí que muere contigo, pequeño niño sirio, como una estrella que se apaga.

Fue el dinero, querido niño, fue el dinero el que cortó tu flor;
el dinero que enloquece y nubla la razón del hombre.
Fue el dinero, papel estúpido, papel estúpido, papel estúpido.

El dinero cierra tus pulmones y quema tu piel y tus ojos,
y escurre con esos hilillos de sangre que bajan de tus oídos:
IN GOD WE TRUST, IN GOD WE TRUST, IN GOD WE TRUST.

Querido niño, no luches más, cierra tus ojos.
Si pudiera, te tomaría entre mis brazos y te cantaría una canción de cuna.
Dulce niño, ya no luches, cierra los ojos y duérmete ya.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s