Muertes inacabadas

Rusvelt Nivia Castellanos

Hay un señor de traje gris en la plaza de Belén, quien está sentado en una banca. Por culto, lee el diario del domingo, sin mostrar nada de prisa entre la mañana. Ojea las noticias donde hablan sobre las víctimas de esta semana. En primera página cuentan cómo la actriz Gabriela Castro murió por haberse tropezado con un cable de luces intermitentes, que habían dejado junto a las escaleras. Ella antes de fallecer estaba en el segundo piso de su cuarto, arreglándose para la fiesta del año nuevo, cuando de repente le dijo a su madre que iba a recibir a los invitados, porque ellos afuera no paraban de tocar a la puerta. Al debido momento, cuando fue a bajar, Gabriela no vio el cable desgraciadamente. Sola descendió despacio y enseguida uno de sus pies se enredó con el lazo de luces y, por inercia, rodó por los escalones hasta atropellarse con las baldosas del primer piso, cayendo toda escalabrada.

El señor lector, por su parte, una vez acaba de repasar la escena, se sorprende ante la tragedia. Deja el periódico a un costado suyo y reflexiona según la frescura como empieza a mirar hacia el frente. Pero de golpe él se asombra. Una mujer de cabellera rubia decide arrojar una maceta gigante a la calle. La lanza desde la azotea de su casa de tres plantas. Ella actúa al parecer con cabeza fría. De hecho, un joven arquitecto va pasando por la calzada de abajo de la terraza. Y debido a las causas, la maceta le fractura el cráneo y le destripa los sesos a ese muchacho, quien conocía a la asesina. El señor de gris por su visión es el único testigo, allí presente. Advierte el drama con angustia. Se asusta al saber de la traidora. Así que trata de evadir la realidad. Pasa a cerrar los ojos. Desde su intimidad, sólo vuelve a recordar el día cuando falleció su esposa, luego de haberse atorado con la espina de un pescado. A cada repaso suyo, imagina el tiempo como si fuera un espejismo brutal. Los espacios se rompen sórdidamente para sus adentros. De más en desequilibrio, se pone a llorar mientras intensifica en su mente la cara agonizante de su mujer.

Entre tanto, un policía del sector aparece corriendo desde la esquina aledaña. Va a toda marcha y se detiene hasta cuando llega a donde yace el muerto de la maceta. Por lo pronto inspecciona ese cuerpo desangrado, que quedó irreconocible. Lo mira sin mucho dolor, ya sabe que no hay forma para salvarlo y por eso no se apresura. A la suerte el uniformado venía de recibir un llamado de auxilio que hace poco recibió desde la cabina de mando. Fue precisamente la mujer rubia quien habló con las autoridades. Ella gritó como una loca a la que nunca le entendieron nada claramente. Por eso ahora el guardia, ante tal incertidumbre, toca y retoca el timbre del portón para ver si alguien sale a darle información sobre este incidente. Espera algunos segundos. Mientras, pide por una ambulancia desde el celular personal. A la vez rara, nadie contesta desde esa casa desvencijada. Ante tal silencio, él decide entrar por la fuerza. En breve quiebra el vidrio de la entrada, descorre la cerradura, entra al recinto desorganizado. Sin tardanza, cruza por una sala cristalizada. Y el hombre de gris, sigue de espía, sentado en el banco de la plaza. Luego el policía pasa al patio de materas rojas, mas de inmediato, la mujer de piel mona lo asusta al observarla a ella; colgando de una bufanda negra, quien aún se mueve en su cadáver, desde el ventanal de su habitación. Casualmente la joven era hermana de la actriz, quien días antes se tropezó con el cable de luces.

En cuanto al señor del traje gris, ahora se levanta para ir a conversar con el policía. Da unos cuantos pasos hacia adelante y sólo de repente, su respiración no puede con su asma y desmayándose, cae al prado y se va quedando dormido. Pero pese a la adversidad, no se muere y lo mejor es que aún vive, vive, vive.

Rusvelt Nivia Castellanos es poeta y cuentista de la ciudad musical de Colombia. Es al mérito comunicador social y periodista, graduado por la Universidad del Tolima. Es un especialista en inglés, reconocido por la Universidad de Ibagué. Tiene tres poemarios, una novela supercorta, un libro de ensayos y siete libros de relatos publicados. Es creador del grupo cultural La Literatura del Arte. Sobre otras causas, ha participado en eventos literarios, ha escrito para revistas nacionales y de América Latina.

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