Omnitodo

Ricardo Serrano Camarena

—¡He llegado a la conclusión de que Dios existe! Somos capaces de percibirlo desde el nacimiento. Nos acompaña a todas horas, a nosotros y a todos en este mundo. Sin él nada sería posible y toda nuestra realidad, como la conocemos, se supondría imposible. Lo postularé en unos cuantos puntos que enumeraré a continuación.

El doctor se acomodó la solapa y limpió disimuladamente el sudor, causado por el nerviosismo, en su frente. Su auditorio se le antojaba distraído. Juraba que su primera frase captaría la completa atención de todo mundo, pero todo lo contrario. Muy pocos le hacían favor de siquiera mirarlo.

—¡Primero! —Dijo levantando muy en alto el dedo índice, pero con una voz chillona e insegura.— Atenderé a los atributos bíblicos conferidos al ya señalado: omnipresencia, omnipotencia y omnisciencia. Segundo: haré hincapié de nuevo en esos atributos pero comparándolos con otras corrientes religiosas igual de importantes en la historia de la humanidad y, de este modo, encontraremos un refuerzo aún más fuerte a mi teoría por las conexiones que esto implicará. Tercero: —continuó esta vez un poco más seguro al ver que un par de personas le prestaban mucha atención desde la puerta del lugar— bueno, esa será la sorpresa de la noche.

Tomó un poco de agua para aclarar su garganta y reorganizar sus ideas, las cuales parecían un panal de abejas dentro de una lavadora trabajando. Olvidó por un momento sus siguientes palabras, pero que su público siguiera sin prestarle atención lo hizo lanzarse sin importarle nada, ni lo que había preparado la noche anterior o los otros años pasados.

—¿Cómo explicar entonces a un ser que todo lo puede? Y a uno que además todo lo sabe, sin mencionar que el mismo ente está en cualquier lugar. La respuesta es tan simple y compleja al mismo tiempo, pero ¡está frente a nuestros ojos en este mismo momento! —Él mismo se exaltó ante su repentino grito. Además, lo animó el hecho de que se habían arrimado más curiosos a la puerta y el público en asientos ya le prestaba un poco más de atención.— ¡Y siempre lo ha estado! La respuesta está siendo decodificada en este mismo momento por su cerebro.

Dios entra por nuestro iris, es proyectado hacia la parte trasera del ojo y los bastones que aquí residen mandan los impulsos hacia nuestra masa gris para reconocer la luz. ¡Y Dios es eso! ¡Luz! Piénsenlo, colegas. La luz está en todos lados. Si está en todos y en cada uno de los rincones de este universo puede poseer un conocimiento infinito. Por si fuera poco sabemos que dicho fenómeno puede albergar cantidades inimaginables de energía. Además ¿acaso no lo dice Dios mismo? «Yo soy la luz del mundo»; más obvio no puede ser amigos.

Notó las miradas de los presentes. Algunos de los sentados lo miraban con asombro, otros indiferentes; rostros de alegría, incredulidad, desafiantes y groseros. Los que residían por las puertas lo miraban con burla, inquisidores toda la vida de sus teorías.

—No me tilden de loco —dijo en tono sumamente suave y sumiso— sólo les pido que lo piensen por favor —se acomodó su pelo largo, cano y despeinado para proseguir (a pesar de que ya no quería)—. Uno de los grandes desafíos de mi teoría en cuanto a la omnipresencia fue que, si tomamos en cuenta la idea de que el universo está en constante expansión, la luz no podría estar en cada rincón del universo. Fue cuando descubrí que mis ideas podrían ayudar a reforzar otras, en este caso la teoría sobre un universo esférico. En la tierra si partimos del ecuador y viajamos en línea recta, en algún momento volveremos al mismo punto de donde partimos. Pues existe la fórmula matemática que explica que el universo es exactamente igual; si viajamos en línea recta partiendo de la tierra podríamos en algún momento volver al mismo punto de donde salimos. Esto haría posible que la luz estuviese presente en todo rincón, afirmando así una de las características de Dios —nadie parecía muy convencido.

«Como ya lo he mencionado, el hecho de que la luz esté esparcida por todos lados, hablo también de los espectros que nuestros ojos no pueden ver, le daría un vasto conocimiento. Supongamos que en algún momento de los tantos billones de años, después del big bang, la luz adquirió una conciencia. ¿Y por qué esta conciencia no se comunica a diario con nosotros si es que está en contacto en todo momento de nuestra vida? Tal vez se lo estén preguntando ahora mismo. Bueno ¿y por qué las plantas no se comunican con nosotros? Se ha comprobado que tienen un nivel consciente básico. Tal vez lo hace, sí compañeros. Tal vez no hemos comprendido sus mensajes. Tal vez sólo algunos cuantos lo han hecho. Tal vez también esos que pudieron comprender a la luz han servido para fundar todas las religiones que conocemos pero, ante la confusión de tan extraño mensaje, cada quien creó su propia concepción de lo que Dios quería comunicar. Así explicamos tantas religiones tan diversas y diferentes, pero todas con similitudes entre sí.

Llegaba el momento de culminar su presentación. Presentía que no le quedaba mucho tiempo, a pesar de que le prometió una hora de exposición. Era el dilema con el que se enfrentaban todos los genios radicales: tener que presentar ideas tan revolucionarias que el público no pudiera con ellas, desmoronar la realidad social representa un peligro. Y los peligros deben ser bajados del escenario una y otra vez. Se tranquilizó, volvió a acomodar su persona y prosiguió tranquilamente.

—Fue allá por 1905 cuando la omnipotencia de nuestro elemento en cuestión fue hecha ciencia. ¿Qué es el poder si no energía? No se crea sin transformar dicho fenómeno. Y fue Einstein quien cambiaría nuestro conocimiento sobre la ciencia con su teoría de la relatividad. Y si recordamos bien, la energía depende en su mayor parte de la luz. Y no sólo del valor de esta, sino que también de la multiplicación de la misma por sí misma. Al cuadrado. La luz guarda en su propia existencia un potencial divino. Por si fuera poco, habremos de combinar esa idea con el panteísmo, así, la ecuación de energía de la teoría de la relatividad cobra más sentido con la existencia de la divinidad. Si consideramos que el universo y Dios son uno mismo, o sea que Dios también es toda la materia existente, esto le daría, según nuestra ecuación, todo la energía albergada en el cosmos, haciéndolo así un ser omnipotente, al ser toda la luz y toda la materia del universo. E es igual a infinito señores, eso es nuestra divinidad.

Fue aquí cuando perdió por completo la paciencia. ¡Que no podían estos absurdos ignorantes ver la importancia de sus descubrimientos! Había dedicado una vida a dicha investigación y nadie siquiera parecía importarle. Los de la puerta reían, los de las sillas daban indiferencia. Decidió recurrir a un recurso que le había funcionado cuando joven, subir a la silla que le proporcionaban para el escenario. Lo hizo de un salto, su edad no fue impedimento.

—¡¿Acaso no es obvio?! —Gritó, tambaleándose arriba de su asiento.— Budismo, judaísmo, islam —algunos en el auditorio comenzaron a reír, otros a gritar, muchos se notaban nerviosos e inquietos ante la forma de llamar la atención del doctor—, mayas, aztecas, egipcios —los de la puerta en cambio se arrimaron a prisa hacia el presentador— todos coincidían en que la luz y los dioses eran semejantes —cortó abruptamente ante los jaloneos—. ¡Suéltenme malditos! ¡Quítenme sus manos de encima! Pueden detener un idealista, pero nunca una idea. Sois responsables del atraso del pensamiento humano.

Siguió gritando mientras lo arrastraban lejos de su audiencia. Dos jóvenes morenos que aún reían eran los encargados de encaminarlo por el pasillo hacia su habitación, donde, como cada viernes por la tarde, era sedado y atado a su cama para impedir que se lastimara así mismo.

—Me gustó más de lo que habló la semana pasada —dijo uno de los jóvenes al otro.

—No sé, el viernes pasado descansé. La de hoy no estuvo tan mala. Digo, hay que admitir que de vez en cuando te deja pensando el viejo este.

«Hubieras venido —continuó—. Se agarró hablando sobre la gravedad en cosas pequeñas y enormes. ¡Ah! Y que podría haber nueve dimensiones. De repente sí se le bota la canica al Doctor.

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