El emprendimiento en las industrias creativas: el caso del Festival de Orquestas Juveniles en el Caribe

Ulises Vega Morales

Introducción

En los últimos años se ha reconocido progresivamente la importante contribución de las industrias creativas, tanto para el crecimiento económico como para el desarrollo humano mediante la difusión de expresiones propias de la diversidad cultural. Al ser un tema poco comprendido, a pesar de estar generando cada vez mayor interés en distintos ámbitos, entre ellos los académicos y políticos, es necesario desarrollar más trabajos académicos que aborden el tema de una manera teórica, metodológica y empírica.

Estas nuevas industrias están respaldadas por distintas instituciones (gubernamentales, no gubernamentales, públicas y privadas) dedicadas a la difusión, promoción y fomento de la cultura en general, tales como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés). Esto, aunado a la idea del emprendimiento e impulsado principalmente desde las políticas económicas internacionales que dictan el Banco Mundial y el Banco Interamericano para el Desarrollo (BID), ha generado que sea un tema de gran relevancia económica, política y social.

De igual manera, la importancia del turismo es fundamental para entender el impulso de las medidas estatales, puesto que ambas actividades (el turismo y las industrias creativas) llevadas a cabo de manera simultánea representan una considerable aportación al Producto Interno Bruto y a la generación de empleos. Por tanto, el turismo debe ser visto también como un fenómeno socio-cultural que conlleva inevitablemente efectos que transforman —de forma positiva o negativa— las condiciones de vida de las sociedades involucradas que participan de manera directa o indirecta en su actividad.

La gran mayoría de estas industrias, no obstante, se ha gestado y consolidado mediante la iniciativa privada, ya que en muchas ocasiones no se cuenta con los recursos (financieros, humanos, tecnológicos, etc.) necesarios para poder emprender este tipo de proyectos culturales desde la sociedad civil. En esta investigación tomo el ejemplo del Festival de Orquestas Juveniles en el Caribe, una industria creativa no lucrativa que inició sus actividades en Quintana Roo, México, a partir del año 2016 y que, a pesar de tener dificultades de distintas índoles como las mencionadas en el párrafo anterior, ha persistido, volviéndose un festival de música referente en la ciudad gracias a la perseverancia de la gente involucrada y comprometida en él: organizadores, colaboradores, instituciones educativas y gubernamentales, voluntarios y patrocinadores.

Industrias creativas

Las industrias creativas son aquellos sectores de la actividad organizada que tienen como objetivo principal utilizar la creatividad, las habilidades, el talento y el capital intelectual como elementos fundamentales para crear, producir, promover, difundir y/o comercializar bienes, servicios y actividades de contenido cultural, artístico o patrimonial, para generar valor económico. Estas industrias son el centro de atención de la economía creativa (también llamada «economía naranja» por parte del BID), la cual es una herramienta de desarrollo económico que se fundamenta en la generación de nuevas ideas. Además, dichas empresas potencian el desarrollo y el crecimiento económico, principalmente en la generación de empleos, las exportaciones, la inclusión social y la diversidad cultural, entre otros.

En los últimos años la comunidad internacional ha ido desarrollando una amplia variedad de estudios y mediciones sobre las industrias creativas. Desde el punto de vista económico, la notable importancia que esto representa hace necesaria la utilización de mecanismos que permitan estudiar y obtener indicadores estadísticos de estas industrias, lo cual ha llevado a distintas instituciones como la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés), la UNESCO y el BID a proponer diversas clasificaciones.

La UNESCO en 1986 publicó el Marco para las Estadísticas Culturales (FCS, por sus siglas en inglés), que constituyó el primer intento por desarrollar una metodología común que permitiera obtener información sobre las actividades culturales, definiendo nueve categorías de estos tipos específicos de industrias: herencia cultural, impresión y literatura, música, artes del espectáculo, medios fonográficos, medios audiovisuales, actividades socio-culturales, deportes y juegos, y medio ambiente y naturaleza.

De manera similar, la UNCTAD establece su clasificación de acuerdo a los ciclos de creación, producción y distribución de los bienes y servicios creativos, dividendo el sector en cuatro grandes grupos: patrimonio, artes, medios de comunicación y creaciones funcionales. Estos grupos a su vez se subdividen en nueve grupos: expresiones culturales tradicionales, sitios culturales, artes visuales, artes de la actuación, editoriales e impresiones, audiovisuales, diseño, nuevos medios y servicios creativos.

El BID, por su parte, incluye tanto los bienes y servicios que por lo regular se ubican dentro de las políticas culturales tradicionales (artes escénicas y visuales, literatura, música, cinematografía, artesanía, patrimonio cultural y medios masivos de comunicación), como los servicios creativos (publicidad, arquitectura, diseño, moda, video, programas informáticos interactivos de ocio, artes de la interpretación y ejecución, fotografía y servicios informáticos) y el deporte.

Debe mencionarse, sin embargo, que no solo se destaca el aspecto económico sino también el impacto social, ya que de acuerdo con la ONU, estas industrias «son una fuente de desarrollo, entendido no solamente en términos de crecimiento económico, sino también como medio de acceso a una existencia intelectual, afectiva, moral y espiritual satisfactoria».

Por lo tanto, se ve a la cultura como un recurso disponible en la lucha contra la desigualdad y el combate a la pobreza, pues tiene un amplio potencial de regeneración de ciudades como espacios seguros, de convivencia, con habitantes con sentido de responsabilidad y pertenencia, así como también representa un elemento catalizador de un desarrollo más integral, equilibrado e incluyente, que genera bienestar.

«Conforme al informe de la UNCTAD sobre la economía creativa, el sector de las industrias creativas cataliza el cambio positivo de las dimensiones socioculturales de los países en desarrollo, al tiempo que tiene un impacto económico directo en todos los aspectos del desarrollo nacional» (Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe, 2011). De tal manera, las industrias culturales fortalecen la identidad, la creatividad y el diálogo intercultural, a niveles local, nacional y regional, y representan un punto de apoyo para impulsar la acción social y un catalizador de la creatividad humana.

Emprendimiento

Gracias a los cambios en la producción cultural que han tenido un profundo impacto no solo en la forma de producir la cultura, sino también en las identidades de los productores culturales, surge un nuevo arquetipo llamado a convertirse en el modelo laboral ideal para todas aquellas personas que trabajan en el ámbito: el emprendedor cultural. Dicho concepto se ha empleado con la intención de denominar a un agente económico, quien tiene la responsabilidad de promover el desarrollo y producir innovaciones.

Rowan (2010), menciona algunas de las características que más se destacan de la figura del emprendedor: «que sea lanzado, valiente, independiente, que asuma riesgos». De igual manera el sociólogo Paul du Gay descubrió que el perfil profesional del emprendedor venía caracterizado por «la aceptación de los riesgos, la confianza en sí mismo y la capacidad de admitir responsabilidad por un mismo y sus actos».

«El placer en el trabajo, la voluntad de autorrealización a través de la actividad laboral, la búsqueda de éxito […] se mezclan en un discurso híbrido y complejo que tiene como consecuencia diversas formas de autoempleo y el surgimiento de microestructuras empresariales» (Rowan, 2010). En este sentido, el emprendimiento ha venido acompañado por una serie de cambios en las políticas culturales encargadas de regular y financiar la cultura, ya que se han fijado en este tipo de transformaciones, adaptándose o incluso promoviendo muchos de estos cambios. Así, la cultura, entendida en un principio como un derecho, ha empezado a concebirse como un recurso. Como consecuencia de estas políticas de promoción del emprendimiento en cultura, han aparecido paulatinamente numerosas microempresas culturales que han ido tejiendo la realidad de este nuevo sector. «La imposibilidad de garantizar un salario estable debido a la precarización de gran parte de los ámbitos del trabajo y la necesidad de explorar nuevas configuraciones laborales con el fin de huir de la precariedad son factores que, combinados con los planes de promoción, las campañas de incentivo y las diferentes ayudas concedidas por las administraciones, han dado pie a la proliferación de microempresas y nuevas formas de trabajo autónomo» (Rowan, 2010). Sin embargo, la precarización de las condiciones de existencia parece la nota dominante de la situación en todos los ámbitos laborales. En muchas ocasiones los emprendedores culturales no se identifican ni con el sector de las artes ni con el sector empresarial; requieren entonces de estructuras formativas que les ayuden a capacitarse en el área y profesionalizarse. Otro de los problemas más comunes es la financiación, ya que en muchas ocasiones los que poseen el capital económico no confían en estas pequeñas empresas debido a que su actividad es muy discontinua.

Festival de Orquestas Juveniles en el Caribe

El Festival de Orquestas Juveniles en el Caribe es una iniciativa independiente que reúne a jóvenes músicos de entre 12 y 28 años, provenientes de distintos estados de la República Mexicana para formar una gran orquesta sinfónica representativa del país. A lo largo de una semana, los jóvenes ensayan las obras con maestros especializados y en ensayos generales, para presentar el concierto de clausura.

Con el Festival se promueve la integración de niños y jóvenes a la práctica y la ejecución de la música, a través del trabajo en equipo que se realiza, para inculcar valores estéticos, artísticos y sociales, como la empatía, el respeto y el aprecio por la diferencia y la diversidad.De tal forma, se contribuye en el desarrollo personal y artístico de la juventud mexicana, así como a fortalecer el tejido social de la ciudad.

Este proyecto trabaja fundamentalmente en cuatro aspectos:

  1. el escénico, presentando en la ciudad un concierto de música orquestal de gran nivel (único en su tipo) interpretado por jóvenes talentosos del país;
  2. el académico, contribuyendo en la formación y estímulo de todos los jóvenes participantes; los participantes desarrollan un sentido de disciplina, un espíritu de trabajo en equipo y seguridad personal;
  3. el social, demostrando la labor que los organizadores, los colaboradores y las instituciones privadas llevan a cabo con la niñez y la juventud, luego se reafirma el valor en sus respectivas comunidades de todas estas acciones educativas, artísticas y sociales, siendo así una importante contribución al desarrollo y el bienestar del sector;
  4. el turístico, ya que Cancún, la ciudad de sol y playa que cuenta con la mayor infraestructura hotelera y restaurantera del país, busca convertirse en un atractivo turístico-cultural.

Como parte de los resultados obtenidos de 2016 a la fecha, se han realizado dos ediciones del Festival, teniendo cuatro magnos conciertos en tres sedes distintas (Universidad Anáhuac, Universidad La Salle y Teatro de la Ciudad en Playa del Carmen) y con la presencia de cien músicos provenientes de quince estados del país.

A pesar de estos resultados, que han sido favorables en términos generales, para su mantenimiento y continuación es imprescindible analizar la situación del Festival a fondo. Para ello, en la organización interna se ha realizado un análisis FODA para determinar las Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas, y que de esta manera el proyecto pueda aprovechar los aspectos positivos, pero también pueda evitar y prevenir situaciones desfavorables.

En las fortalezas se establecieron las principales virtudes del desempeño del Festival, considerado por tener especialistas en el ámbito de la música clásica. Tiene un amplio programa artístico de muy alta calidad y un programa académico único en su tipo, pues invita a maestros reconocidos para compartir sus conocimientos y experiencias con la juventud involucrada en la música.

Las oportunidades vislumbradas son, entre otras, la existencia de pocas ofertas culturales de este tipo en la ciudad (y en general en la zona sureste), lo cual puede ser aprovechado para posicionarse como un referente y pionero; localizarse en una ciudad joven y en auge; y, el creciente interés por parte del sector gubernamental (municipal y estatal) por abrir espacios culturales e impulsar actividades que beneficien este tipo de emprendimiento.

Como ya se ha venido diciendo en el presente trabajo, las constantes debilidades son el no tener recursos propios para la operación y la producción de los eventos, contar con una estructura indefinida aún de recursos humanos y la poca difusión en los medios de comunicación.

Por último, en el apartado de las amenazas se anotan los puntos más destacados: el hecho de no tener recursos propios conlleva a tener que depender de los patrocinios que se consigan, lo que deviene en flexibilidad presupuestal y en riesgo de que, en caso de no conseguirse suficientes recursos, se tenga que recortar parte del programa; además, que la gente residente de Cancún no esté dispuesta a invertir en este tipo de eventos, ya que las entradas a los conciertos tienen un costo.

Conclusiones

Teniendo en cuenta los aspectos abordados en este trabajo, de cómo se concibe a las industrias creativas, el emprendimiento en este sector, su aportación económica y social, así como las dificultades que se presentan, y teniendo experiencia propia en el caso del Festival de Orquestas Juveniles en el Caribe para poder abordarlo como un ejemplo de todo lo anterior, podemos asegurar que, efectivamente, esta nueva industria económica presenta un incremento de actividades dirigidas a generar un bienestar en aspectos económicos, sociales y culturales.

A pesar de ser un tema en boga, es necesario profundizar a conciencia en los estudios y análisis de impacto socio-económico para tener una estabilidad en dichos proyectos, así como también es muy importante la profesionalización y la capacitación constantes de los emprendedores culturales y sus equipos de trabajo, no solo en el aspecto de cómo saber organizar y trabajar en una empresa de este tipo, sino también en los alcances sociales y las repercusiones que pueden tener en la comunidad.

Vislumbrar estos procesos desde una perspectiva local hace que sea más concreto el estudio de las interacciones que suceden en sus especificidades, haciendo más operable el tema y tomando en cuenta contextos que de por sí son muy complejos.

La generación de nuevos públicos (mercados) es parte fundamental en el proceso de instauración de industrias creativas, pues como menciona Stolovich (2005): «Intervienen 3 tipos de agentes que establecen complejas relaciones entre sí: a) los artistas o creadores, b) las empresas e instituciones de producción y distribución de bienes y productos culturales y c) el público consumidor.»

Es importantísimo, a mi parecer, que los actores involucrados en este sector económico-cultural trabajen de manera conjunta, interdisciplinariamente, para poder llevar a buen puerto muchos proyectos que puedan beneficiar, en ambos casos, al crecimiento económico y al desarrollo humano de las sociedades.

Referencias

Buitrago Restrepo, Felipe, e Iván Duque Márquez (2013). La economía naranja: una oportunidad infinita. Washington: Banco Interamericano de Desarrollo. Recuperado el 27 de julio de 2018, de: https://publications.iadb.org/bitstream/handle/11319/3659/La%20economia%20naranja%3A%20Una%20oportunidad%20infinita.pdf?sequence=4

Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (2011). Incentivo a las industrias culturales y creativas en América Latina y el Caribe. Caracas: Secretaría Permanente del SELA. Recuperado el 27 de julio de 2018, de:

Haz clic para acceder a T023600004770-0-Incentivo_a_las_Industrias_Creativas_y_Culturales-_Di_08-11.pdf

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (2016). Comprender las industrias creativas: las estadísticas como apoyo a las políticas públicas. Recuperado el 27 de julio de 2018, de: http://webarchive.unesco.org/20161115121749/http://portal.unesco.org/culture/en/files/30850/11467401723cultural_stat_es.pdf/cultural_stat_es.pdf

Piedras, Ernesto (2004). ¿Cuánto vale la cultura?: contribución económica de las industrias protegidas por el derecho de autor en México. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes et al. Recuperado el 27 de julio de 2018, de: https://sic.cultura.gob.mx/documentos/1233.pdf

¿Qué son las industrias culturales y creativas? (16 de mayo de 2014). Recuperado el 27 de julio de 2018, de UniMOOC: https://unimooc.com/que-son-las-industrias-culturales-y-creativas/

¿Qué son las industrias creativas? Recuperado el 5 de diciembre de 2016, de: http://www.ic-rtm.org/acerca/que-son-las-industrias-creativas/

Rowan, Jaron (2010). Emprendizajes en cultura: discursos, instituciones y contradicciones de la empresarialidad cultural. Madrid: Traficantes de sueños. Recuperado el 27 de julio de 2018, de: https://www.traficantes.net/sites/default/files/pdfs/Emprendizajes%20en%20cultura-TdS.pdf

Stolovich, Luis (abril de 2005). Diversidad cultural y economía: encuentros y desencuentros. En Observatorio: industrias culturales de la ciudad de Buenos Aires, II(2), 42-49. Recuperado el 27 de julio de 2018, de: https://docplayer.es/15093389-Dossier-diversidad-cultural.html

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