Biopolítica y subjetividad como categorías analíticas en las sociedades contemporáneas

Juan Alfonso Cruz Vázquez

Introducción

En las sociedades contemporáneas, temas acuciantes como la violencia, la injusticia, la desigualdad económica, el deterioro del ambiente y la exclusión social, por mencionar algunos, amenazan seriamente todos los aspectos de la vida social, ya que afectan ámbitos tanto micro como macro sociales.

En este tenor, y desde una perspectiva socio-científica, resultaría casi imposible proponer alternativas y/o soluciones para cada una de las problemáticas mencionadas que, si bien no son nuevas, sí representan enormes retos y desafíos que tienen alcances y repercusiones severas para el planeta. Sin embargo, esto no significa que hay que cruzarse de brazos, sino todo lo contrario: se debe empezar por la definición de los problemas, poniendo especial atención en las narrativas predominantes que justifican y legitiman las relaciones de poder existentes en cada rincón de la vida humana.

Por ello, en este trabajo se pretende establecer un punto de partida mediante una propuesta analítica, para formular una definición del problema —que en este caso será la tensión entre biopolítica y subjetividad— que permita dar cuenta de los mecanismos de poder y de resistencia que se encuentran en los procesos sociales de dominación.

Necesidad de resemantizar viejas propuestas

En las teorías sociológicas clásica y contemporánea se pueden encontrar una infinidad de propuestas teóricas que ofrecen explicaciones sobre el desarrollo de las sociedades en el devenir histórico. Para ello se valen de ciertas categorías de análisis que fueron propuestas con el fin de enarbolar intereses en pro de una visión humanista, en las que se destaca y se busca afanosamente un “deber ser” social.

De esta manera, nociones como “lucha de clases”, “valor de uso y de cambio” (propuestas por Karl Marx); así como la famosa “jaula de hierro”, la “racionalidad” y el “espíritu del capitalismo” de Max Weber; sin olvidar la “visión organicista y funcional” de Emile Durkheim —quien planteó una similitud entre el funcionamiento de una sociedad con el del cuerpo humano—; han intentado ofrecer marcos explicativos, e incluso de transformación, de la realidad imperante (Giddens, 2005: 27-52).

Estas propuestas clásicas de la sociología, sin embargo, se hicieron en el apogeo de las nacientes sociedades industriales capitalistas, lo que implica que actualmente estas ideas necesitan una resemantización en cuanto a los significados y potenciales heurísticos que tienen para el análisis social. Es decir, se necesita repensar paradigmas, modelos, categorías y conceptos que existen en las ciencias sociales ante nuestras realidades complejas.

El arte y la literatura, la sociología, la economía y la historia, así como la ciencia política y el derecho, representan disciplinas que se encargan de la vida humana en sus respectivos campos de acción (social, legal, normativo, artístico, narrativo), por consiguiente, se proponen aquí dos categorías fundamentales para repensar las problemáticas sociales —cualesquiera que sean y en la magnitud en que se encuentren— considerando las aportaciones de las ciencias sociales: la biopolítica y la subjetividad.

Hacia la construcción de un paradigma interpretativo-transformador: la relación entre biopolítica y subjetividad

Quien empezó de manera formal con el debate en torno a la biopolítica y la subjetividad fue el filósofo francés Michel Foucault (1991). De acuerdo con su propuesta, la biopolítica implica el control que ejerce el poder soberano sobre el pueblo con acciones normativas (derecho) y punitivas (cárcel, pena de muerte), que tienen como fin “hacer vivir y dejar morir” (Foucault, 1991: 83). En términos actuales, representa la capacidad de un actor social —en este caso el Estado— de tener injerencia y control sobre la vida privada y pública de las personas por medio del control de factores socio-demográficos de la población, como la natalidad y la morbilidad. Para situar esto en un ejemplo concreto, Giorgio Agamben (2016) cita el tema de la “seguridad”; así, desde la visión de la biopolítica, el tema de la “seguridad pública” resalta el carácter reactivo del Estado frente a lo que se puede considerar como delito. Se vuelve en un auténtico ente monopólico legítimo de la violencia al usar la fuerza pública por “razones de seguridad”, a pesar de las consecuencias nefastas que acarrea consigo esta idea —como la represión de manifestaciones y de movimientos sociales—.

Entonces, si la biopolítica representa el poder maximizado y amplificado en las relaciones sociales, detentado en mayor medida por el Estado —aunque en un contexto internacional, los estados-nación se ven rebasados por intereses empresariales multinacionales globales—, ¿qué hay que decir acerca de la subjetividad? La subjetividad implica el ejercicio de las potencialidades que cada persona tiene, con el fin de aprovechar y expandir las oportunidades que el medio social provee para generar mayores niveles de desarrollo humano y, por tanto, de felicidad —en cualquier sentido que se le quiera dar.

De esta manera, el despliegue de la subjetividad conlleva un ejercicio de resistencia y de líneas de fuga en contra del carácter biopolítico emanado principal, aunque no exclusivamente, del Estado. La relación entre subjetividad y biopolítica plantea entonces las siguientes cuestiones:

  • ¿De qué maneras las personas se encuentran subordinadas a las estructuras sociales?
  • ¿En verdad pueden desplegarse las potencialidades de los sujetos bajo un contexto de desigualdad social?
  • ¿Hasta dónde pueden coexistir los intereses de los actores políticos y sociales?
  • ¿Cómo pueden evitarse las relaciones de dominación y de poder, de modo que existan desarrollos individual y societal armónicos?

Sin duda, hay todavía varias preguntas que pueden caber aquí, y todas ellas darían cuenta de que el problema de la subjetividad y de la biopolítica engloba los temas de las violencias, las injusticias y las desigualdades existentes en nuestras sociedades. En suma, plantean un panorama de crisis civilizatoria, por lo que un punto de partida es repensar estos procesos sociales de exclusión, situarlos dentro de narrativas históricas, discursivas, epistémicas y fenomenológicas, que tengan como piedra angular las categorías de la subjetividad y la biopolítica para visualizar, al menos, dos aspectos: (1) los dispositivos de poder que ejercen control social —respondiendo a las preguntas ¿quién obtiene qué y porqué? —; y (2) los modos en que puede intervenirse —procesos de resistencia y de creación de alternativas y oportunidades (Guattari, 2013)— para intentar mejorar esta realidad tan compleja y complicada en la que vivimos.

Referencias

Agamben, Giorgio (2016). De qué manera la obsesión por la seguridad transforma la democracia. Recuperado de Reporte Sexto Piso: http://reportesp.mx/de-que-manera-la-obsesion-por-la-seguridad-transforma-la-democracia-giorgio-agamben.

Foucault, Michel (1991). Historia de la sexualidad: la voluntad de saber. México: Siglo XXI.

Giddens, Anthony (2005). Sociología. España: Alianza Editorial

Guattari, Félix (2013). Líneas de fuga: por otro mundo de posibles. Argentina: Cactus.

Juan Alfonso Cruz Vázquez es licenciado en Sociología y colaborador en el Laboratorio de Estudios sobre la Violencia de la Universidad de Guadalajara. Contacto: ponchopyc@hotmail.com.

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